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POR QUÉ VIENE BIEN APRENDER A VIVIR COMO JAPONÉS (PERO SIN ENTUSIASMARSE TANTO)

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            Por Esteban Maldonado Barra
Abogado. Universidad de Chile.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Para mucha gente que visita Japón y vive o ha vivido en él por largos periodos de tiempo, es difícil decir que su experiencia es completamente grata in situ: detrás de todo lo hermoso y sensacional que llega a ser Japón para un visitante extranjero -o, como fue en mi caso, un adolescente con poco mundo- y el altísimo estándar de vida que se puede saborear en tan exótica tierra, hay ciertas cosas que definitivamente no harían sentir bienvenido ni a gusto a nadie y algunas de ellas incluso han llegado a ser el origen de problemáticas nacionales. No voy a ahondar en ellas, pero intentaré reducirlo al siguiente concepto: el alto nivel de rigurosidad y exigencia con que se desenvuelven en las relaciones humanas, aplicando estos altos estándares en primer lugar a ellos mismos.

Ahora bien, doce años después de haber pasado por aquellas situaciones que bordeaban lo insostenible para alguien acostumbrado a la ligereza y a un cierto nivel de “sana apatía” en todo ello, van decantándose ciertas actitudes e ideas que permiten hacer crecer de un modo diferente a quienes pasan por aquellas incómodas vivencias y sus posteriores repercusiones, transformándose en una experiencia por la que vale la pena pasar. Quiéralo uno o no, el vivir tanto tiempo en un lugar específico tan distinto al natal deja su huella en la mentalidad y el comportamiento humano, transformándose a largo plazo en un invaluable aporte para esa maduración y crecimiento. La idiosincrasia japonesa, tan acerba a pesar de la cordialidad y etiqueta que la caracteriza, puede ayudarnos a ser mejores personas aprendiendo del sentido común que su sociedad impone a quienes la integran; muchos conceptos que lo conforman pueden parecer de perogrullo, exagerados e incluso ridículos a nuestros ojos occidentales. Esta falta de visión no es algo que amerite autoflagelarse, pero sí permite ampliar la visión de lo que conocemos como “comportamiento en sociedad”, por medio de una sana autocrítica, y poder ver más allá de lo que el individualismo, los paradigmas y dogmáticas culturales nos permiten ver. La mentalidad japonesa y sus criterios, correctamente calibrados y aplicados prudentemente con ayuda de la madurez que los años y sus experiencias adjuntas nos brindan, pueden ayudarnos más de lo que podemos creer, tanto en nuestra vida personal como en la parte de ella que proyectamos hacia nuestros semejantes.

El pilar fundamental de dicho sentido común es una regla primordial proveniente de la filosofía confucianista: El individuo debe comportarse del modo más diligente y responsable al momento de desenvolverse como integrante de una sociedad, es decir, al momento de interactuar con sus semejantes o al realizar cualquiera acción que pueda afectar de cualquier modo a los demás. Pero quien determina esos niveles de diligencia y responsabilidad no es ni nunca será el individuo mismo: es la sociedad misma la que se los dicta. Y ésta, a su vez, fija esos estándares con un criterio con el que sí estamos -al menos medianamente- familiarizados: comportarse ante y con sus pares del mismo modo que al individuo le gustaría que sus pares se comportasen, respetando todos esos mismos parámetros que ya se mencionaron. Por ejemplo, si el individuo, en cuanto consumidor, desea ser atendido del mejor modo que pueda imaginar, así debe ser; y cuando sea él quien deba atender a otros, debe hacerlo igual de bien. Esta es una regla de oro que no puede ser ni será ignorada. Y se la tratan de explicar al forastero en una oración, usualmente expresada en un inglés muy rudimentario, que en el fondo es una versión alternativa e innecesariamente más larga de “donde fueres haz lo que vieres”. Dejando esto medianamente claro, quisiera pasar a mostrar una selección de ejemplos concretos y valiosos aprendizajes que pude obtener luego de pasar por esta larga catarsis, asociados a ciertas situaciones cotidianas nuestras.

  1. Siempre se tiene presente a los demás. Esto quiere decir que nunca vas caminando solo por la calle, no eres el único sentado en la mesa que quiere comer, no eres el único que espera su turno para ser atendido y no eres el único pasajero en el transporte público. Siendo así, es imperativo causar la menor molestia posible a los demás y tener presente que éstos, tal como uno, pueden ir apurados y que todos tienen el derecho-deber de dar y recibir la mayor consideración y respeto. Esto puede traducirse en servir a los demás comensales primero, caminar a un paso razonable y sin estorbar por la vía pública, realizar los trámites de forma expedita, no hacer ruidos ni movimientos molestos y, cuando fuere posible, no quedarse parado justo frente a la puerta del metro si hay gente tratando de entrar a él. Todo eso debe considerarse al momento de desplazarse de un punto a otro y al compartir espacios comunes.
  2. Uno es esclavo de sus palabras y amo de su silencio. El ejercicio de escoger cuidadosamente las palabras que se eligen decir, o bien, evitar hablar del todo, es imprescindible. En caso de confrontación, quien decide callar para ponerle fin a ésta, o quien dice exactamente lo justo y necesario para dejar callado a quien busca la animosidad es quien la gana. Aún así, los japoneses pueden llegar a tener discusiones muy acaloradas y “a grito pelado”, pero ni sonarse la nariz en público es considerado tan vulgar (de hecho, lo vulgar no es el acto en sí, sino sólo hacerlo ruidosamente y en ciertos contextos) como lo primero. Quien dice o decide algo debe hacerse responsable de ello en todo momento, sobre todo si es susceptible de crítica o polémica. No se tolera tampoco el “lanzar la piedra y esconder la mano”, así como tampoco emitir acusaciones sin el debido respaldo o fundamentos.
  3. Los problemas personales no son un factor a considerar ni una atenuante en ningún sentido. No se aceptan las excusas al momento de llegar tarde, ausentarse del trabajo, hacerlo a medias, perder el control de una situación que afecte a terceros o incomodar a quienes están a tu alrededor ni evadir responsabilidades de ningún tipo; la usual práctica de “echarle la culpa al empedrado” es inexistente. Es inconcebible que quienes no tienen injerencia alguna en los problemas personales de una persona deban sufrir sus consecuencias o que ésta los haga partícipes -voluntaria o involuntariamente- de ellas; y esto último es completamente razonable y lógico. También es mal visto victimizarse y quien quiera hacerlo se arriesga a ser ignorado y considerado como un inmaduro por sus pares. Sin embargo, habiéndose extremado esta postura en la sociedad japonesa, ha dado pie a serios problemas y daños irreparables por la severa displicencia ante aquéllos que caen en los más profundos desamparos e injusticias, como lo son los indigentes, las víctimas de acoso escolar y de delitos sexuales, los inmigrantes pobres y el Burakumin (la clase social más baja de Japón, discriminada por su situación ocupacional).
  4. Quien comete una falta o error se obliga no sólo a disculparse, sino también a enmendarlo. Lo mínimo que se espera de cualquier persona que yerre, por muy pequeño que sea e independientemente de la intención o falta de ella, es que ofrezca disculpas por ello, que no trate de justificarse y que acepte humildemente y sin resistencia alguna las consecuencias de su mal comportamiento. Si, además de las disculpas, se requiere una reparación o corrección de cualquier tipo, el mismo responsable se obliga a realizarla sin necesidad de presiones externas; la explicación más entendible que dan los japoneses ante la obligatoriedad de reparar cualquier daño a la brevedad es bastante simple: “si sólo bastara con las disculpas, la policía no existiría”. Este deber se lo autoimponen incluso los políticos (me tocó ver en ese entonces cómo un grupo de ellos, acusados de apropiación ilícita, no sólo pidieron perdón públicamente, sino que además ¡¡¡devolvieron el dinero!!!)
  5. Un hecho vale más que mil palabras. Se espera que las personas demuestren su buena crianza, buenos modales, lealtad, etc., por medio de acciones positivas, evitando hacer alarde de ello: el buen comportamiento se debe demostrar con hechos. Y por lo mismo, se suele desestimar activa y pasivamente a quienes hablan mucho, pero hacen poco o nada.

Quisiera comentar otra manifestación de este principio: Sería injusto agregar una queja más a la tristemente célebre “frialdad” en el trato y relaciones de los japoneses sin mostrar la otra cara de la moneda. Donde nosotros vemos laconismo, monosílabos y hasta desdén, ellos ven la belleza del silencio que antecede a un gesto especialmente pensado para alguien en particular, que usualmente beneficia y colma con sorpresiva felicidad a quien lo recibe; dicho gesto puede obedecer a sus gustos o caprichos personales, o más comúnmente, procurar que ese gesto sea lo más útil posible. En este sentido, es habitual y socialmente aceptable regalar sumas de dinero en determinadas ocasiones (sobre todo aquéllas que implican grandes gastos, como matrimonios y funerales).

  1. Se evita a toda costa el uso de la violencia o argumentos emocionales. Los principios rectores que sustentan las artes marciales japonesas, que no obstante muchas de ellas fueron concebidas para el combate y algunas son altamente eficientes en lo que a letalidad respecta, tienen en común el rechazo absoluto a la violencia como solución a los conflictos, desincentivan la confrontación y fomentan la búsqueda de la calma y la paz interior en todo momento para lograr óptimos resultados en su ejecución. Estos principios, transversales a todas ellas, también se aplican en el diario vivir: quien se mantiene constantemente en ese estado y lo manifiesta a través de la tranquilidad y la formalidad en su lenguaje y actos se hace respetar, pues demuestra madurez y un control absoluto sobre sus instintos y emociones. Esto es lo que ellos denominan Fudooshin o “corazón inamovible”.

Asimismo, las faltas a la normativa social tampoco se castigan violentamente ni se imponen por la fuerza siquiera: su cumplimiento se persigue a través de gentiles requerimientos o peticiones verbales, carteles o anuncios por altavoz en lugares públicos, siendo estos dos últimos siempre en un registro de habla culto formal, pidiendo por favor y agradeciendo extensamente la colaboración. Aunque de vez en cuando los primeros puedan carecer de dicha gentileza por la natural ofuscación que puede provocar una transgresión de esa naturaleza, es muy poco común y se trata de evitar tanto la termocefalia como el interpelar públicamente a quienes se comportan de modo incorrecto.

  1. Se busca la prolijidad, eficiencia y perfección en todo lo que se hace. Esto adquiere principal relevancia en el trabajo y las tareas del hogar. Tanto el medio como el resultado son igualmente importantes, y se entiende que nunca se llegará a un resultado aceptable si no se cumple a cabalidad con el medio. En términos más simples, se busca hacer las cosas bien siempre y del modo más eficiente, desde la tarea más pequeña hasta la más importante, abandonando la idea de hacer las cosas a medias, a la rápida, o por cumplir. Buscan alejarse de la mediocridad y la apatía, lo que está a la vista en… todo. Pero, en particular, donde mejor se manifiesta esta idea es a la hora de cocinar: no hay comida en este mundo más deliciosa que la japonesa, y quien sepa comerla, no sólo entenderá a la perfección el trasfondo de este último punto, sino que pasará un punto de no retorno en el que el vivir para comer se convierte en una regla de vida más, incluso cuando los ingredientes “finos” escasean.

Me gustaría cerrar esta columna recalcando que estos ejemplos de conducta, a pesar de tener consecuencias muy positivas, no son para ser aplicados al pie de la letra, sino sólo para poder calibrar y mejorar nuestros propios comportamientos; lo útil y bello del aprendizaje intercultural es precisamente eso, completamente distinto al copiar y asimilar sin pero que valga.

 

 

 

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VIVIENDO EL BREXIT

Simone

Por Simone van der Graaf

Travel and Lifestyle Consultant / American Express

 

 

 

 

 

 

 

Como vivo en Brighton, UK, mi querido amigo Jaime me pidió que escribiera sobre el Brexit.

Seré honesta: no siempre me mantengo al día siguiendo las noticias.  Sin embargo, pienso es más interesante escribir desde mi perspectiva; desde la compañía en la que trabajo y desde mis amigos. De los hechos siempre puedes leer lo suficiente, ¿no?.

En mi caso, ha sido una peculiar situación. Vine a Brighton en Abril, y las elecciones fueron en Junio. Desde el momento que vine, podías ya sentir la tensión de la elección en todas partes. .

Brighton es una ciudad repleta de personas internacionales, creativas abiertas y de espíritu libre, entonces prontamente me di cuenta que la mayoría de las personas aquí querían permanecer en la Unión Europea.

Recuerdo claramente una ocasión en la que iba caminando en un tour al viejo cine en la ciudad, en mayo, y en nuestro había principalmente gente de avanzada edad. La madre de uno de ellos, una señora de alrededor de 85 años, me escuchó hablando en holandés. Entonces ella se acercó a mi, y me dijo que también era Holandesa, mas vino al Reino Unido muchos años atrás para casarse con un Inglés y ya no podía hablar el idioma. Era realmente difícil entenderle, mas lo que pude entender, fue que ella estaba muy molesta y quería realmente el Brexit, debido a los inmigrantes que se aprovechaban de la economía del país. Estaba sorprendida, ya que ella era, de igual forma, una extranjera.

Entonces al haber llegado a este país poco tiempo antes de la gran decisión, y hablando con personas desde Brighton hasta Londres, realmente pensé que que el Reino Unido se quedaría en la Unión Europea.Puedes imaginar mi sopresa en Junio, cuando de hecho, el Reino Unido decidió irse.

Yo trabajo en American Express, casa central de la Unión Europea (¿divertido en cierta forma, no?) con al menos 1500 empleados, de los cuales, probablemente, alrededor del 50% son extranjeros.

La tensión y la atmósfera ese día, cuando todos supieron los resultados, fue horrible.

Tanto mis compañeros de trabajo internacionales como británicos, estaban en shock. Una de mis colegas es Holandesa. Ella vino acá hace 6 años atrás y está casada con una chica británica. Llegó ese día al departamento – cuando se supieron los resultados – y se encerró a trabajar.  Nuestro piso es bastante ruidoso y acogedor, mas ese día, todo estuvo en silencio.

También mi compañera de departamento se lo tomó mal. Ella es británica, mas por el trabajo internacional de sus padres le ha tocado vivir en distintos países de Europa. No podía concebir que tal vez necesitaría una visa para visitar otros países en Europa dentro de un par de años.
Ella tiene familia en Irlanda, así que ella como tantos otros estan viendo la posibilidad de tener un pasaporte irlandés.

De lo que está más furiosa, como la mayoría de las personas con las que he hablado, es del hecho que las personas que votaron por el Brexit viven en el Norte, en lugares menos desarrollados, o son lo suficientemente viejos para pensar en ellos mismos de forma egoísta mas que en sus hijos o en las futuras generaciones… o son parte de aquellos que no tienen la menor idea de que trata el Brexit.

¿Sabias que en Google las búsquedas relativas al Brexit en el Reino Unido se triplicaron el 24 de junio?.

Un factor importante, por cierto, después de lo ocurrido, fue la caída de la libra. Lo cual no es bueno para el mercado, lo cual se contrapone a la llegada de mayores turistas debido a que ahora resulta pagable.

Cuando mis amigos o familia me visitan, y a menudo me preguntan como me siento al respecto y si estoy preocupada, la verdad es que pienso de cuando en vez, principalmente, porque todo el país está enfocado en ello. Por el momento, preocuparse no tiene sentido. Tomará tiempo para que existan mayores novedades. Y más tiempo aún para la implementación de planes. Estamos con muchos extranjeros, en una compañía lo bastante conocida para que el Gobierno pueda encontrar alguna solución.

Si lo piensas bien, el Gobierno debe mantenerse flexible respecto a los extranjeros que trabajan acá. A veces recibimos actualizaciones internas, pero la mayoría de las veces, es información que no dice nada. De todos modos, no miro demasiado hacia el futuro. Esperaré, a ver que sucede. Y en el entretanto, disfrutar mi trabajo y la vida acá, en el Reino Unido.

HAGAKURE

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Por Jaime Andrés Valladares

 

 

 

 

 

 

Hace poco llegó a mis manos una versión Manga del Hagakure, adaptada por Sean Michael Wilson e ilustrada por Chie Kutsuwada.  Hagakure, literalmente, “Oculto por las hojas”, es un libro de Yamamoto Tsunetomo, situado en el siglo XVIII, que recoge los principales ideales del Bushido: el camino del guerrero.

A medida que se avanza en sus páginas, la severidad irrestricta de sus máximas, acompañadas por el magistral trazo de Kutsuwada, hace que su lectura se transforme no solo en una experiencia espiritual, sino además, en una experiencia estética.

Yamamoto Tsunetomo, quién llegó a ser un connotado samurái,  al morir su maestro no le fue posible efectuar el sepukku (suicidio ritual)  con la finalidad de seguir el destino de su amo, toda vez que este había manifestado en vida su oposición a tal practica.  Tsunetomo entonces se adentró en la profundidad de las montañas y se convirtió en monje.

En el año 1716 se publicó el Hakagure, una recopilación de cuentos, máximas y aforismos relatadas por Tsunetomo a su discípulo Tsuramoto Tashiro durante este periodo.

“El camino del samurái es la muerte”, señala el Hagakure. El traductor William Scott Wilson nos dice que esta frase debe entenderse en relación al concepto zen muga, o la muerte del ego: cuando se abandona el ego, es posible estar alerta a lo que sucede en el exterior, y por tanto, vivir el momento presente. Esta ausencia o vacío del yo, permitiría un flujo constante de los acontecimientos, pudiendo reaccionar y adaptarse a las circunstancias oportunamente.

Cierro por unos momentos el libro. Las imágenes persisten. Salgo a correr. La vorágine citadina me atrapa con sus ruidos, sus luces, sus olores. Intento enfocarme en el gris pavimento. Mi celular en tanto pretende distraerme con sus avisos sonoros. Un impulso inconsciente me lleva a revisar las notificaciones. Mensajes publicitarios. Qué pérdida de tiempo. Continúo por el frío adoquín. Estar en el momento presente no es tan sencillo cuando llevas años con distracciones. – ¡Señor, señor, se le cayeron mil pesos! -, me grita de pronto una pequeña niña. Los niños están más atentos del presente que los propios adultos: la capacidad de adelantarse a los hechos no es necesariamente una ventaja si se desatiende el presente; el entorno.

Me detengo. Respiro. Una extraña sensación de calma en medio del ruido. Un agradable vacío. – Muchas gracias -, le digo a la niña, que junto a sus padres se aleja, sorprendiéndose a cada paso con cosas cotidianas.  – Cosas cotidianas -, repito en silencio. Cuanta arrogancia en esas palabras.

El célebre escritor Yukio Mishima temía respecto a la supervivencia de los principios del Hagakure en el Japón moderno. Sin embargo, esta ética, si bien propia de una cultura y una historia determinada, ha trascendido sus barreras geográficas, culturales y temporales.

Acercarse a su comprensión desde Occidente es una reconfortante confrontación. Una sublime belleza. Un descanso. ¿De qué? ¿de quién?. De uno mismo.

LIBERTÉ CHOCOLAT: SOÑANDO LA LIBERTAD

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Por Rayen Campusano Barra

 

Abogada de la Universidad de Chile. Postulante a Magister en Derecho y Nuevas Tecnologías de la misma Universidad. Chocolatier y socia fundadora de Liberté Chocolat.

 

 

 

 

Toda historia de emprendimiento comienza como un sueño. ¿Pero de dónde viene el sueño? ¿cuál es la idea que viene detrás?. La inadaptación. Si, la inadaptación al sistema, al trabajo tradicional, a trabajar de lunes a viernes en las mejores horas de tu vida, darlo todo pero ver cómo pasa la vida a través de la ventana, junto al sol, junto a tu juventud, junto a tu energía, y que al final de los días, todo tu esfuerzo no será siquiera tomado en consideración y serás fácilmente reemplazable por alguien más. Nunca me pareció bien trabajar para disfrutar dos días a la semana. Eso no es vivir, es sobrevivir, yo quiero disfrutar y sentir que lo que hago tiene un propósito.

Junto a mi compañero de aventura, Gaspar, empezamos a preguntarnos, ¿existe un camino diferente?. Me di cuenta que a través de la historia, los grandes creadores, aquellos emprendedores que han llegado lejos con su idea, eran hombres comunes, algunos quienes ni siquiera terminaron sus estudios pero que tenían algo en común: eran creativos e independientes. Sí, ningún creador que haya dejado una marca en el mundo ha sido trabajador dependiente.

Entonces decidimos, tengamos un negocio propio, impulsemos nuestra idea… y luego todo el mundo empieza a decirte lo difícil que es el mundo independiente, que al final terminas trabajando más, que es más desgastante, angustioso y riesgoso porque nada es seguro. De hecho, ambos tenemos padres trabajadores independientes que si bien han logrado mucho, lo han perdido casi todo y han llegado bien abajo. En ese sentido, sabemos qué es el sufrimiento familiar.

Pero me dije: a pesar de los riegos, a pesar que podemos perder todo lo que hemos construido, qué distinto es trabajar por un sueño, y no cualquiera ¡Tú sueño!

Lo maravilloso de viajar es que te golpea de frente tu pequeñez, hay mil historias y mil realidades allá afuera esperando ser descubiertas. Y dentro de esa suerte nos encontramos con los chocolates.

En Bélgica nos topamos con miles de chocolaterías, todas hermosas, perfectas, de esas que de sólo mirar “se te hace agua la boca” y empezamos a cuestionar la realidad de nuestro país. Nos dijimos: ¿por qué en Chile en su mayoría solo nos venden chocolate sucedáneo y el verdadero chocolate de calidad está sectorizado y tiene precios difícilmente accesibles para todos? ¡que injusto si el chocolate es maravilloso y te hace feliz!.Y ahí se creó la idea de “democratizar el chocolate a todas las personas”.

¿Y si hacemos una chocolatería de buena calidad con precios justos y accesibles para todos?

Nos entusiasmó bajar la idea y concretarla. Empezamos a buscar cómo financiarnos, necesitábamos capital, y aparecieron los fondos concursables de Sercotec, un fondo del Estado para gente como nosotros. Nos fuimos a la playa, pensamos y analizamos todos los puntos. Mandamos el proyecto, quedamos preseleccionados, luego empezamos a pasar etapas, nos fueron a visitar a la casa dos veces, tuve una entrevista con una psicóloga y unos test. En todas las etapas fuimos contagiando con la idea y nuestra energía hasta que por fin, quedamos seleccionados… Que alegría nos dio. Tendríamos por fin el dinero para empezar nuestro negocio, pero uf… uf… ahí llego la burocracia. El tiempo pasaba y el fondo en dinero no llegaba. Nos empezamos a desesperar. Luego de un día para otro nos llama una empresa intermediaria quienes serían los que nos entregarían los fondos y revisarían todo el desarrollo del proyecto.

Bueno, fue una etapa difícil, desgastante, engorrosa, lenta, hasta desagradable, pero lo logramos y a pesar de todo lo que costó estoy demasiado agradecida de la oportunidad que ese fondo concursable nos dio. Pudimos formalizar nuestro negocio y en el camino conocimos gente demasiado hermosa, que hizo un trabajo maravilloso junto a nosotros. Todos ellos se esforzaron en potenciar y embellecer cada una de las aristas de esta idea: la imagen, el diseño, la contabilidad, el proceso de trabajar y mezclar el chocolate en sí mismo y con otros productos para lograr sabores maravillosos.

Al momento de elegir un nombre para nuestro proyecto, aparecieron varias opciones. Sin embargo, había una inspiración tan potente detrás, que el nombre que más nos convenció fue Liberté Chocolat. ¿Por qué ese nombre?. Bueno, decidimos que fuera una palabra en francés porque utilizaríamos materia prima directamente de Bélgica, aquel país lejano que tan maravilloso nos pareció en términos de chocolate. Y, ¿por qué la palabra libertad? por dos cosas: primero, deseábamos que quienes probaran nuestros productos, hicieran una pausa en su día ajetreado, rápido y rutinario, para trasladarse en a los confines del sabor y el placer, dejándose llevar por la endorfina y felicidad que te entrega el sabor delicioso del chocolate. Y segundo, por las ansias que tenemos de liberarnos del trabajo tradicional y dependiente, y hacer crecer nuestro propio sueño tanto que nos permita vivir de él. Es decir, queríamos que nuestros clientes sintieran un momento de libertad en su día, y nosotros liberarnos junto a ellos, ojalá para siempre.

Una vez finalizado el proceso del fondo concursable, queríamos que la chocolatería se volviera más profesional y necesitábamos un lugar para trabajar. Nos cambiamos de casa a comienzos de año para poder tener un espacio para fabricar y tener un punto de venta.

Empezó otra etapa difícil, donde mi sueldo como trabajadora dependiente se iba casi en su totalidad a pagar cuentas y solventar la idea loca que se nos había ocurrido. Debía mantenerme trabajando para poder financiar la chocolatería, ya que un sueldo fijo nos permitía invertir en ella, teniendo la confianza del dinero fijo a fin de mes.

En la oficina me pasaba día tras día revisando papeles y haciendo un trabajo mecánico que al final del día se transformaba en cansancio y mal humor. A pesar que a ratos me deprimía no poder “disfrutar” de lo ganado, me animaba la idea de pensar que estaba construyendo un sueño, y que el dinero finalmente es un medio y no tenía que ser un fin en sí mismo.

Con el paso del tiempo, de forma rápida sin duda, la chocolatería empezó a crecer, y de a poco ha empezado a solventarse económicamente.

Tengo un compañero de Universidad, Hans, quien también tiene un emprendimiento, él y su grupo de compañeros Kikin, Daniel y Diego, tuestan café. Se llaman We Are Four. Debo confesar que ellos han sido muy generosos con nosotros, nos han apoyado, compartido clientes, y traspasado un montón de buena onda y energía. Gracias a ellos en parte nos dimos cuenta de que en las cafeterías había un espacio para nosotros: el chocolate caliente.

Observando el mercado de las cafeterías, recordé: en los cumpleaños de mi familia, especialmente de los niños, siempre ha existido chocolate caliente. Se me ocurrió unír esa receta familiar traspasada de generación en generación entre las mujeres de la familia, con el chocolate belga que nosotros ocupamos, lo probamos en una máquina de espresso y creamos nuestro principal producto de estos días. Fue un éxito, a las cafeterías les ha encantado.

Con Gaspar sé que somos un equipo compatible que llegará lejos. A pesar de tener distintas personalidades, sensibilidades y reacciones frente a las cosas, él además de ser el socio fundador de Liberté Chocolat, es mi compañero de vida. Mientras hayan sueños de por medio, sé que seremos una pareja infalible, porque cuando se nos ocurre una idea nos impulsamos mutuamente y cada uno aporta sus capacidades en construir.

Yo soy la mente creativa, quien ordena las formas y la estructura, Gaspar ha sido la mano armada de la chocolatería, fabríca, despacha pedidos, tiene reuniones con compradores, luego en la noche se va a estudiar. El buen trato y simpatía que tiene lo ha hecho ser muy apreciado. Yo siempre admiraré su ímpetu y ánimo al construir este proyecto. Ha sido un excelente compañero de cruzada.

Por supuesto que nada sería posible sin la ayuda y apoyo constante de nuestras familias y cercanos. En nuestra primera feria llegaron todos a colaborar, ¡oh!, que felicidad sentí cuando éramos el stand más concurrido, y todo gracias a ellos. Nunca olvidaré aquella feria por el éxito que significó, ni a todas las personas que de alguna u otra forma estuvieron ahí, apoyándonos.

Una mentalidad abierta, la creatividad y nuestro impulso joven es lo que nos mantiene dando la pelea día a día. Emprender implica esfuerzo y sacrificio, es cansador y desgastante pero es un camino hermoso, de mucho conocimiento externo e interno.

Tenemos mucha energía y esperanza puesta en Liberté Chocolat. Creemos en nuestra cruzada de “democratizar el chocolate” y en la calidad de nuestros productos. Sabemos que llegaremos lejos porque nuestro sueño es grande. Soñamos a Liberté Chocolat, soñamos con la libertad que significa y sabemos que “si el plan no funciona, cambiaremos el plan pero nunca la meta”. Más que ver para creer, hay que creer para ver.

LA INGENIERÍA FORESTAL Y SU ENFOQUE SOCIAL

Francisca Ruiz GozalvoPor Francisca Ruiz Gozalvo
Ingeniera Forestal, Universidad de Chile
 Se ha desempeñado como investigadora del Proyecto CONAF 006/2013, Programa de capacitación y transferencia para una mejor aplicación de la Ley 20.283, dirigido a pequeños propietarios forestales de la VI Región y desde septiembre de 2016 investigadora del proyecto CONAF 005/2016.

 

 

Cuando se me solicitó escribir este artículo, no lo dudé en ningún momento, sin embargo me generó una gran ansiedad pensar sobre ¿qué podía escribir?, tenía que ser algo que fuera interesante acerca de mi profesión, es así como dándole muchas vueltas al asunto recordé haber escuchado una vez que “uno debe escribir acerca de lo que sabe”. Esto es lo que yo sé.

Me remonto al año 2003, específicamente Diciembre, era una joven de 17 años, con la misión de escoger la carrera profesional que definiría el resto de su vida, nunca pensé que al escoger la carrera de Ingeniería Forestal, ésta me llenaría de más satisfacciones personales de las que pude llegar a imaginar.
Sin tener mayor conocimiento de la carrera, aparte de que tendría numerosas “salidas a terreno” y haber escuchado en innumerables ocasiones como comentario colectivo, que los forestales son “corta palos”, inicié mi senda del estudio con bastante éxito pero sin claridad de cuál sería el área en la que me desarrollaría, hasta que en el año 2007 tuve mi primer acercamiento concreto a lo que hoy en día es mi gran pasión.

Cursando la asignatura llamada Planificación Participativa, tuve la oportunidad de convivir con comunidades Pehuenches de la Región de la Araucanía, la actividad duró una semana y si me preguntan hoy en día ¿qué proyecto elaboramos en base a esa salida a terreno?, la verdad es que no lo recuerdo, sin embargo recuerdo con alegría la posibilidad de compartir mis conocimientos técnicos con estas familias , además de conocer acerca de su cultura , sus problemas y aspiraciones , de aquella bondad infinita y esa hospitalidad que se ha perdido en la gran capital .

Fue en aquella salida a terreno en donde supe que mi elección de ser Ingeniera Forestal, era la correcta, que quería y podía poner mi conocimiento a disposición de aquellas personas que lo necesitaran, para contribuir a iniciativas que fueran en beneficio tanto del recurso forestal como de las comunidades que lo poseían, elaborando proyectos factibles tanto en lo social como en lo económico y ambiental que surgieran de sus necesidades e intereses.

Con el transcurso de los años me di cuenta de que la preocupación por el medio ambiente y por la destrucción de los bosques nativos de Chile había crecido considerablemente en la sociedad nacional. Por otra parte, la pobreza rural y la falta de oportunidades económicas concentradas tanto en las zonas indígenas como campesinas, seguía siendo uno de los principales problemas sociales del país. Sin embargo, estudios, proyectos y políticas públicas que abordaran la relación entre las comunidades y los bosques nativos y la importancia de éstas, seguían siendo escasos por no decir inexistentes.

Los pequeños propietarios de las zonas rurales, como todos nosotros, necesitan recursos naturales, financieros, humanos y sociales como base para sus medios de vida, así como de políticas locales y nacionales favorables para mejorarlos. Es así como los recursos forestales continúan desempeñando una función vital para las poblaciones rurales y son un complemento al ingreso económico que generan las actividades agrícolas, sin embargo en la actualidad los bosques no son considerados como activos relevantes en las políticas orientadas a la superación de la pobreza en zonas rurales, el fomento productivo en estas áreas se encuentra focalizado hacia las actividades agropecuarias.

En mis salidas a terreno he podido comprobar que las comunidades rurales poseen un vasto conocimiento adaptado a las condiciones locales, que permiten mantener la productividad de sus bosques. Sin el tecnicismo que poseemos “los forestales”, estas personas nos dan cátedra identificando perfectamente las especies que componen sus bosques, las enfermedades que los afectan y las variaciones que el paisaje forestal ha sufrido con el trascurso de los años. Dando cuenta así de la estrecha relación que tienen con su recurso, situación a la que ni ellos mismos han asignado la importancia correspondiente.

Las mujeres y hombres, jóvenes y adultos mayores, aportan una diversidad de habilidades y experiencias prácticas respecto a cómo gestionar los paisajes forestales para proporcionar una mezcla diversa y equilibrada de bienes, servicios y usos. Sin embargo, si no se protegen sus derechos legales, si sus productos carecen de acceso a los mercados, si los incentivos financieros o las políticas vigentes son desconocidas o fomentan el uso excesivo y la degradación de sus paisajes, generarán un aumento a las presiones económicas sobre estas comunidades, fraccionándolas y desvalorizándolas.

Es importante incentivar a las comunidades para que adopten prácticas que permitan el uso sustentable de los bosques, esta medida tan esencial , pero impensada por algunos tiene un trasfondo mayor, ya que permite ayudar a amortiguar los efectos de las presiones antrópicas sobre el recurso forestal, es así como surge la conservación comunitaria, la cual plantea un cambio en el estilo de conservación, centrado en los habitantes locales, bajo la premisa de que “son los actores que conviven y utilizan el recurso los más indicados para encargarse de su protección”, es en este contexto cuando uno puede hacer la analogía con el diario vivir, cada persona siempre cuidará con especial atención aquello que le genera un beneficio y es de su propiedad.

El uso sustentable de los bosques que se encuentra en posesión de las comunidades rurales requiere de una gran diversidad de conocimientos tanto por parte de la gente local como de los ingenieros forestales que trabajamos con ellos. Es necesario integrar nuestros saberes técnicos con los locales o tradicionales, en el caso de los países en vías de desarrollo como es el caso de Chile, la tendencia es a reconocer y premiar el conocimiento formal (técnico), invisibilizando y desconociendo el conocimiento tradicional, específico y local, siendo común la práctica de promover desde afuera la creación de organizaciones para la implementación de programas y proyectos, lo que ha generado una debilitación de los sistemas locales de organización y toma de decisiones. De igual manera, se ha subestimado la importancia de las organizaciones territoriales. En un aprendizaje de este tipo no es tan importante la cantidad de organizaciones presentes ni su especialización, sino la calidad, representatividad y permanencia en el tiempo. En función de lo anterior es que se debe orientar a que el personal técnico de las instituciones tanto públicas como privadas, que deseen iniciar procesos de desarrollo forestal comunitario tengan en consideración el desarrollo de enfoques rurales participativos, que son la base para que tanto proyectos como programas públicos se desarrollen de manera exitosa y puedan prevalecer en el tiempo ,cumpliendo el objetivo de “mejorar la calidad de vida de las personas mediante la utilización sustentable de los recursos”.

En este contexto, es necesario realizar en los paisajes forestales rurales un proceso de transferencia tecnológica, a las comunidades locales y con éstas, con el fin de optimizar el trabajo en el bosque nativo basándose principalmente en sus experiencias personales, pero también dando un enfoque diferente que permita un máximo aprovechamiento del recurso forestal y de manera sustentable. Son pocas las iniciativas de este tipo, sin embargo puedo mencionar el proyecto “Programa de capacitación y transferencia para una mejor aplicación de la Ley 20.283, dirigido a pequeños propietarios forestales de la VI Región” del cual fui investigadora durante su ejecución, este proyecto no solo fue mi trabajo soñado, ya que me permitió desarrollar los aspectos sociales de mi profesión, sino que también me permitió observar las carencias existentes en el fomento de la relación entre comunidad y bosque nativo.

Iniciamos (hablo en plural porque fui parte de un equipo que permitió el desarrollo exitoso de esta iniciativa) actividades en 2013 con pocos recursos pero mucho entusiasmo comenzamos a levantar la información requerida en terreno para dar inicio al proyecto, no fueron pocos los obstáculos, pero las satisfacciones personales superaron cualquier inconveniente con creces.

Lamentablemente pudimos constatar la lejanía existente entre el propietario rural del recurso bosque y la Corporación Nacional Forestal (CONAF), por consiguiente reinaba también un gran desconocimiento en relación a la Ley 20.283 de Recuperación del Bosque Nativo y Fomento Forestal, la que correspondía al eje central de nuestro proyecto.

Nuestra labor en terreno permitió caracterizar no sólo el recurso existente en la región de estudio, sino que también al tipo de propietario que lo posee, dando cuenta así del deterioro del bosque nativo y del envejecimiento de sus propietarios.

En función de lo anterior es que teníamos un gran desafío , debíamos idear la manera de motivar a los pequeños propietarios del bosque nativo de la Región del Libertador Bernardo O´Higgins a ser parte del proyecto y además capacitarlos en relación a todo lo que concernía a la Ley 20.283, es por esta razón que realizamos varias charlas informativas, las que fueron previamente validadas con líderes locales y representantes de instituciones territoriales (Municipalidad, CONAF y el Programa de Desarrollo Local), entregamos material didáctico el que fue diseñado de tal manera que aquellos propietarios que no supieran leer y escribir pudiesen entender los conceptos expuestos en función de los dibujos asociados y así evitar una barrera de participación en las capacitaciones.

Nuestro mayor orgullo fue ver que los asistentes participaron activamente de las actividades realizadas, manifestaron sus dudas, generaron espacios de discusión, se motivaron a ser beneficiarios de la Ley 20.283, generaron redes de contacto con personal de CONAF y por último pero no por eso menos importante se dieron cuenta de lo esencial que es su participación a la hora de cuidar y recuperar el bosque.

Esta es una instancia que permitió el acercamiento entre bosque y sus políticas públicas con la comunidad, con este tipo de iniciativas podemos generar conciencia en la comunidad, haciéndolos partícipes del proceso recuperación del bosque nativo del país.

CAFÉ DIARIO

Foto por Escritos Crónicos

Foto por Escritos Crónicos

Por Hans-Christian Bevensee
Cofundador y CEO de We Are Four Coffee Roasters. Egresado de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile.

Cuando me pidieron, hace algunas semanas, que escribiera una columna sobre cómo había llegado a ser tostador de café, no dudé en ningún momento en aceptar el desafío. Sin embargo, al pensar el modo de abordar una especie de biografía en torno al café, me fui desmotivando poco a poco, al no encontrar el hilo conductor para darle una estructura coherente y lógica a este relato. Con el tiempo, me imaginé que la única forma de empezar todo era por el principio.

Creo que, en no pocas ocasiones, las pasiones se transmiten como el oficio, de padre a hijo, generación a generación. Mis primeras aproximaciones al café, tienen que ver con esto, con el querer imitar a Osvaldo que sagradamente tomaba el café de la mañana. De a poco y después de mucho molestar a Emilia, conseguí que me dejara poner “una puntita de la cuchara chica” junto con las dos cucharadas de azúcar a la leche del desayuno. Entre mi café con leche de la mañana, el uniforme de caballerito que nos hacían usar y el engominado hacia la izquierda, me sentí siempre un adulto más en la casa. Pasaron los años, se fue el engominado a la izquierda, llegó el engominado hacia arriba, cambiaron las camisas por poleras, y por supuesto, creció la cucharada de café en las mañanas, ahora antes del liceo y ya no del colegio.

Me acuerdo que ya en segundo medio, los compañeros del Instituto Nacional, vendían desayunos en los recreos para financiar las artes oscuras típicas de los Institutanos, cuyo recuerdo no viene al caso. Los cafés salidos de thermos, servidos en vaso de plumavit, eran un lujo para los pupitres de madera tallada a mano por los mismos alumnos, las salas que se llovían y los olores propios de tener a 45 (pre) púberes en una sala de 5 x 5. Me acuerdo también, que ya con 15 años, me juntaba después de clases con Osvaldo a almorzar y a tomar un café. Normalmente, almorzábamos en El Parrón de Providencia y nos tomábamos un café en el Normandie, ahí al lado del Teatro de Coco Legrand, donde a veces me tocó estar al lado de él, que siempre estaba conversando con Jaime Azócar, supongo que preparando algún diálogo o distrayéndose de sus rutinas acompañados de un café. También íbamos a La Escarcha de Manuel Montt, ahí conocí a Elías Figueroa, que asumo se juntaba, taza a taza, a recordar aquella campaña del Palestino del 78′. La última vez que vi a Osvaldo, fue justamente en la esquina de Manuel Montt con Providencia, nos despedimos después de un café en el Normandie y tomé el metro sin saber que sería la última vez que lo vería. Obviamente, no volví a entrar a ninguno de esos lugares. De hecho, la remodelación del metro Manuel Montt fue una excelente manera de disociar esa esquina de la muerte del que fue mi padre.

Al mes siguiente de la muerte de Osvaldo me fui a Alemania, o me llevaron mejor dicho. Allá el café era más que un gusto, una necesidad. El esperar el tren desde Lörrach al Gymnasium con -8 grados, o el tren de Weil am Rhein hacia Efringen-Kirchen para jugar fútbol después de clases, o el tren a Freiburg para ir al Konzerthaus y cumplir mi obligación de estudiante de música de asistir mensualmente a conciertos, de piano o de la filarmónica de Freiburg, requirió más de un café para los traslados. Allá cambié el Nescafé instantáneo por el Krüger liofilizado, para el año 2004, un salto enorme. Luego de tres años fuera de Chile, volví sin terminar mis estudios de música, por lo que el ministerio de educación no me reconoció mi enseñanza media y tuve que volver a cuarto medio en el Instituto Nacional. Mis antiguos compañeros de generación ya habían egresado, por lo que me tocó estar un año complejo, plena Revolución Pingüina, con compañeros nuevos. Dentro de toda la gente que conocí ese año, conocí a Enrique, el que con los años se transformaría en mi socio.

Ya en la Universidad el café se transformó en mucho más que un producto, corría el 2007 y comenzó el boom del café en grano en Chile. Llegaron las grandes cadenas de cafeterías comerciales, que aunque a muchos no les guste reconocerlo, fueron las que aplanaron el camino al café de especialidad en Chile. Como todo lo nuevo, las grandes cadenas atrajeron bastante gente al rubro. Ya sea por amor al café, por querer conocer cosas nuevas o por la necesidad que tenemos en este país de aparentar que estamos a la vanguardia en todo, la cafetería con los nombres en el vasito, y la foto de los mismos, se hizo un imperdible de la ruta del galán universitario. Hasta hoy, ya casi diez años después, me es imposible pasar por fuera del Dunkin’ Donuts de las Urbinas sin acordarme de Constanza, del Juan Valdés de Providencia sin acordarme de las conversaciones interminables con Bárbara, y bueno, no voy a negar que empecé la relación más importante de mi vida en el Starbucks de Pedro de Valdivia, una tarde fría en que esperando media hora a Valeria, recibí el mejor consejo que he recibido. Pasó el profesor de Tributario, don Eduardo Morales, y al verme esperando, me dijo: “¿espera a una chiquilla?” . “Obvio”contesté. Le dije que la invitaría a tomar un café a Starbucks y replicó: “ese es un café caro, mínimo unos 3000 pesos por café, y obvio que se van a comer algo, mínimo unos 10 mil pesos en total, pero ¿sabe qué? lleva media hora esperando, y los 10 mil los va a recuperar, pero ese tiempo, es una inversión que no verá nunca más, le toca decidir rápidamente si valió la pena esa media hora, y hacer valer la inversión, o no volver a perder una media hora por esa chiquilla”. Eso fue el 17 de mayo de 2011, me encantaría poder encontrarme con don Eduardo y decirle que fueron las 10 lucas y la media hora mejor invertidas de mi vida, el frappuccino mocca que mejor recuerdo. Volviendo al punto, este tipo de cafeterías forzó a las cafeterías tradicionales a variar del espresso y el cortado, abriendo la puerta al mundo de la especialidad en Chile.

Acá es dónde entra Enrique nuevamente en la historia, resulta que mi amigo del colegio, aparte de estudiar Ingeniería, era barista. Enrique, para que entiendan, en ese entonces era un joven muy religioso, estricto y disciplinado, que no decía garabatos, ni bebía. Emil, en el mundo de la luz, y yo, un destructor de mundos, una especie de máquina para romper el cascarón de mis amigos. Es en ese contexto, que Enrique estaba iniciando un emprendimiento con un amigo, una pequeña cafetería de especialidad, en pleno Providencia, llamada Cofi. Con su socio, Franz Kromer, me contactaron para que yo pusiera mis estudios de Derecho en función de registrar su marca y permitirles expandir su negocio. En Cofi me enamoré del café. Lo que antes era un gusto o incluso necesidad, se transformó en pasión. Por eso, cuando Enrique salió de Cofi, ni siquiera tuvimos que conversarlo, al decirme que estaba viendo de qué forma seguir trabajando en el rubro del café, solamente le respondí, estoy contigo.

El tema era buscar la idea, no queríamos poner una cafetería para entrar a competir con los cientos que abren todos los días y cierran poco tiempo después. Se nos ocurrió comprar una tostadora de café para poder tener un café a nuestro gusto siempre. Entró Diego al negocio, nuestro socio capitalista y hombre de las finanzas, tomando fuerza lo que hasta ese momento era solamente una idea forjada con varias Coronado IPA del 202 de Lastarria en el cuerpo. Antes de que la idea se diluyera en buenas intenciones entró Daniel. Publicista, productor y socio de la cafetería Monti, que buscaba un proyecto distinto ya cansado de la rutina de las cafeterías. Pedimos una tostadora a E.E.U.U., máquina que demoró el doble de lo presupuestado en llegar a Chile. Creo que ese fue el período más difícil. Invertir y esperar que llegue tu máquina es una tortura, sobre todo cuando te dicen de 60 a 90 días y llega casi a los 180. El nombre, We Are Four Coffee Roasters, nació de la burla a los intrincados conceptos, y la excesiva utilización de apellidos, detrás de las cafeterías de especialidad. Creemos en lo bueno, pero en lo bueno sencillo, que es doblemente bueno. No creemos en baristas dioses, creemos en llevarle el café a la gente, como Prometeo, ojalá que con mejor destino. Somos cuatro tostadores de café, cuatro formas de ver el mundo y cuatro opiniones a la hora de tomar decisiones, lo que nos ha dado cierto equilibrio en la forma de llevar adelante el proyecto.

Si me preguntan ¿qué es para ti el Café? tendría que contestar que es amor. Amor, a la figura paterna, a los amigos con los que tengo un proyecto de vida, a la libertad de que tu hobby sea tu fuente de ingresos, a la autoconsciencia y a la mujer que amo. El café es bastante romántico, es un proceso dónde el grano no puede ser mejorado, sino que desde la planta a la taza solamente puede empeorar con un mal tueste, mala molienda o una mala preparación. El miedo diario a echar a perder una partida de café, debe ser lo más cercano a la sensación de estar enamorado. El tener algo tan frágil y con tan pocas probabilidades de éxito entre las manos y aún así seguir intentando obtusamente que funcione, es de enamorados y de baristas. El café es arte, es disciplina, es constancia, es amor y como tal, es la fuerza que mueve al mundo.

 

DE CÓMO PERDIMOS NUESTROS TESOROS

Por Leonor Quinteros

Socióloga. Ex directora regional del Sernam.
* Reflexión sobre la película “La lección de pintura” de Pablo Perelman

 

 

 

 

La palabra “símbolo” proviene del griego, Symballein. Significa lanzar juntos, reunir, congregar. Su antónimo griego significa lo contrario: lo diabólico, lanzar lejos, separar.

Muchos pensadores y pensadoras han relacionado al ser humano con su creatividad simbólica. Esto es, la capacidad de aprehender la realidad a través de la transmisión de formas simbólicas; cuestión que llevó a G. Mead a pensar que los seres humanos somos, naturalmente, animales simbólicos. Somos animales simbólicos porque actuamos por sentido y significado en comunidad. Lo que hacemos en sociedad, todo lo que hacemos, incluyendo nuestros gestos, son símbolos, cargados de sentido y significado. Y es este sentido el que nos acerca y nos brinda conocimiento sobre la experiencia cotidiana inmediata.

Los símbolos nos unen en un mundo que está en constante vaivén entre los sagrado y lo profano, entre lo divino y lo tocable y besable. Los símbolos cubren huecos y quiebres que deja el desorden y la falta de comprensión en un mundo violento, cambiante, resbaladizo y tozudo.

Los amantes se acuerdan de su experiencia amorosa cuando escuchan una canción. Una paloma blanca es símbolo de paz, una bandera es símbolo de frontera. No importa cuan lejos estemos, no importa si pensamos cosas diferentes, no importa si soñamos un futuro diferente. Los grupos humanos se unen bajo los símbolos, cuando le dan su propio sentido a partir de su propia experiencia de vida.

Y ahora pienso que, quizás, todavía estamos inmersos en huecos y quiebres que cargamos desde el golpe de Estado de 1973. Quizás necesitamos construir símbolos que nos unan para entender lo que nos pasó como comunidad en aquel momento histórico. Quizás necesitamos crear símbolos para poder invitar a otras personas, sin importar su origen o forma de pensar, de entender la cruda realidad vivida tras el golpe, porque lo simbólico une.

Pero, ¿cómo construir símbolos?. El arte ofrece esa posibilidad a través de procesos creativos e intuitivos. La expresión artística tiene el poder de develar verdades para el que recibe la obra de arte, en este caso, el receptor, a través del singular fenómeno intuitivo que se da en la conciencia de quien la contempla. Si bien toda recepción estética está marcada por lo que el receptor espera de ella, lo expresado artísticamente, paradojalmente, no necesariamente es explícito y puede permanecer, incluso oculto.

Por ejemplo, la poesía no sólo es creación artística. También nombra y da vida a las cosas existentes. Por lo tanto, la poesía es parte de la visión de mundo no sólo existente, sino también, interpreta casi proféticamente nuevas visiones de mundo. La poesía es también un medio de transmisión de verdad, pero no una de carácter doctrinario, sino aquella que es vivencia y experiencia.

Es por esta razón que el arte nos ofrece la posibilidad de conocer la verdad sobre nosotros mismos y del mundo que nos rodea. El arte puede configurarse como contestatario y rebelde. No quiere aceptar la inmodificabilidad de la historia oficial, es decir, como un destino natural. No existe manera más intuitiva y revolucionaria que hacer política a través del arte. Las pruebas abundan, en la música, el canto, la poesía, la pintura, y también, el cine.

A diferencia de otras propuestas cinematográficas sobre el golpe de Estado en Chile, “La Lección de Pintura” nos ofrece por primera vez la posibilidad de entender simbólicamente el golpe de Estado y sus consecuencias. La postura política rebelde está presente en la cinematografía chilena, desde hace mucho tiempo. Se recurre, generalmente, a presentar la así llamada “realidad misma,” o, con más exactitud, a la “cruda realidad”: tortura, lugares de detención, cárceles, ostracismo e imágenes y relatos diversos contados por los propios protagonistas. ¿Pero es esa la realidad? La realidad humana colectiva es una construcción social, y por lo tanto, necesita, exige y demanda símbolos. ¿Qué símbolos hemos construido? ¿Estos símbolos, han ayudado a unirnos, tal como lo propone el symballein? ¿Hemos dado un paso hacia la universalización de nuestra experiencia?

A pesar que el Leitmotiv de la película no es el ostracismo, pude conectar mi propia experiencia de vida con el relato y los símbolos creados, en verdad, magistralmente por su director. Ni siquiera se menciona en la obra la palabra “exilio”; sin embargo, yo vi claramente mi propia historia personal, mi infancia y desarraigo tras el exilio. “La Lección de Pintura” de Pablo toca las fibras ocultas de la violencia de Estado que personalmente sufrí junto a mi familia desde muy pequeña. Me di cuenta que yo también desaparecí ese día en que me subieron al avión, engañada, y me separaron por siempre de mis abuelos, abuelas, tías, primos, mi barrio, mi cultura.

¿Cómo y porqué volví a sentir las emociones que sentí de niña cuando me alejaron de mi familia? Porque el niño Augusto, es un símbolo que nos ha logrado convocar, sin importar la generación, o la historia personal de cada uno de nosotros. Este niño me dice la verdad, y a ustedes también.

Tal como los niños de los cuentos de Oscar Wilde, Augusto trae la dulzura, la belleza y la inocencia que alguna vez acompañó a toda una generación en Chile. Augusto es la encarnación del cuerpo de Cristo que fue robado desde su cruz. El pintó los cuadros más hermosos, poéticos y sobre todo, esperanzadores de nuestras vidas. Este niño era nuestro gran tesoro. No digo “promesa” porque él llegó perfecto a este mundo.

Pero lo perdimos. Este niño es llevado en un tren, el mismo tren que cargaba ganado y judíos a los campos de concentración en la Alemania Nazi. El mismo tren que hacía temblar las botellas, y que interrumpía de vez en cuando las conversaciones y las actividades cotidianas. Como una amenaza latente, a punto de estallar, permanente y casi silenciosa. Nuestro pequeño e inocente Cristo fue nuevamente crucificado tras el golpe militar del año 1973.

Una madre humilde pero con ideas claras, como nuestra Violeta, espíritu y alma de nuestro país. Una madre que intuía, y decidió apoyar el tesoro de nuestro niño inocente abandonado por su padre. Nuestra alma, nuestra madre, que es capaz de transformar la noche en día, y el día en noche para cuidar el tesoro de nuestra inocencia. Nuestra alma chilena, que se reprime, controla, adapta y que se expresa constantemente entre vaivenes revolucionarios y conservadores, tal como Gramsci describía la cultura popular.

Un hombre que hace lo posible para ser como el niño inocente y perfecto, pero cuya racionalidad lo nubla y confunde a ratos. Un hombre que piensa, y piensa bien, pero que recibe la patada de la bota militar cuando adviene el golpe, tal como se desmoronó la racionalidad de la UP tras el golpe. De una sola patada. Confiamos demasiado en la racionalidad política, pragmática. Quizás sea esta la razón por la cual, este hombre no se casa con el alma chilena, la madre. Pero es justamente este hombre quien reconoce el tesoro, y que está decidido a llevarlo a su máxima expresión pública: La exhibición del tesoro para todo el país. Nemesio Antúnez es otro Salvador, otro Salvador Allende, quien quiere recibir nuestro tesoro con los brazos bien abiertos.

De nada sirvió. Nos quedamos llorando y lamentándonos en el andén, maldiciendo las casualidades de la vida. Quizás, seguimos esperando en ese lugar. Nos quedamos con la mirada fija en los cadáveres, en las fotografías de los que desaparecieron, nos quedamos mirando fosas profundas nos quedamos cantando las mismas canciones, una y otra vez. Nos quedamos lamentando una infancia que nunca fue. La pena es parte de nuestra vida ahora.

Pero esta película tiene un final esperanzador. De una u otra forma, recordé los relatos de Ingmar Bergman. El cineasta sueco nos trae relatos cargados de dramas humanos, pero siempre, y en cada una de sus películas, he podido descubrir un mensaje de esperanza, entregando así un valor casi terapéutico para los expectadores. El cuerpo de nuestro pequeño Cristo ya no está, pero ha dejado su inocencia enredada entre algunos colores de nuestra propia naturaleza exuberante. En algún lugar, entre trastos, está nuestro pequeño tesoro, nuestro tesoro, nuestro propio Principito chileno. Nuestro símbolo.

Pablo Perelman y Adolfo Cavour nos invitan a reinventar nuestra experiencia histórica, y nos dice que hay esperanza. Esta es una película política, que llama a la praxis. Falta entonces que salgamos a buscar tesoros, entre tanto objeto vano, perdido, inútil  Por favor, búsquenlo, y tráiganlo. Volvamos a ver al niño que todo inició. Que sus colores nos recuerden cómo éramos. Por favor, déjenme abrazarlo. Necesitamos sanarnos.

Chopin, café y tostadas.

chopin

Por Jaime Andrés Valladares

“- ¿Qué va a pedir entonces-?”, irrumpe la ensayada melodía de mi interlocutor. “Café con tostadas, por favor”. El ventanal aún no revela a los transeúntes, y el frío compacto nubla toda posible visión. Es temprano en la ciudad. Mas el murmullo de pasos, autos, buses y bicicletas va in crescendo. De pronto la sinfonía citadina está lista, al igual que mi café.

Una música se alza tímidamente, y los pasos, los autos, las bicicletas y los buses van perdiendo autoridad. Le pregunto al Garzón por el compositor. “¡Chopin!”, exclama, mientras prepara un camino pavimentado de servilletas para la inminente llegada de las tostadas. “Krystian Zimerman”, murmura a continuación. “¿Perdón?”, “Krystian Zimerman es el intérprete, y la pieza es la Balada Nº1. Qué disfrute su desayuno”.

Y qué desayuno. Chopin escribió alguna vez que era necesario poner toda el alma en una composición.  Tocar, no solo de acuerdo a la técnica, sino además, de acuerdo a cierta sensibilidad. Posiblemente por eso difieren tanto las interpretaciónes de sus composiciones entre uno y otro interprete: Rubinstein, Horowitz, Arrau, Argerich o Zimerman, quienes desde su magnifica técnica, incorporan otro elemento que vuelve a la obra única. Lo que puede parecer aparentemente sencillo en la partitura, requiere de una habilidad extra. Pasión, dirían algunos.  El cuidado en los detalles sin esa forzosa obligatoriedad. Había bastante de este cuidado en la impecable atención y presentación de un simple café con tostadas.

La Balada Nº1, compuesta entre los años 1835 y 1836, es un tour de force. No solo para el virtuoso intérprete, sino para la audiencia. En sus nueve minutos (o diez, dependiendo del ejecutante), nos conduce por distintos estados a través de la música. Es, en otros términos, una experiencia.  Memorable es el uso de la misma en “El Pianista” de Polanski: en medio de las ruinas arquitectónicas – y humanas – suena de pronto una melodía que se eleva por sobre las circunstancias. Una suerte de idioma universal que no admite palabras; solo concurren la música y las expresiones en los rostros compungidos  en una actuación magistral de Brody y Kretschmann.

El café se ha enfriado. Pero no importa. El calor ha develado la transparencia de las ventanas, invitando a salir. Me despido de mi amable y versado interlocutor. Ha sido un gusto.  Al alejarse, se oye distante el acorde afable de un Nocturno.  En tanto, me uno al sonido de zapatos que golpean incesantes la vereda, y me vuelvo parte de la sinfonía.

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PUERTAS: ESFUERZOS PARA NADA Y PARA TODO

PUERTAS

Por Mirjam Weis

Psicóloga y estudiante de doctorado en la Universidad de Konstanz , Alemania. En su doctorado investiga la socialización de autorregulación en niños alemanes y niños chilenos.

A veces pensamos que esforzarnos en algo no vale la pena porque en el futuro no nos va a servir para nada. Pero, ¿cómo sabemos qué es aquello que va a servirnos en el futuro y que no?

Hace poco dí un seminario en la universidad para estudiantes de psicología. Cada estudiante tenía que preparar una presentación de un tema. Pocos días antes del seminario recibí un correo de uno de los estudiantes que me sorprendió. Escribió que iba a cancelar sus estudios de psicología y por eso no quería participar en el seminario. Me explicó que no estaba motivado de participar en el seminario porque no iba a servirle para nada en su formación futura. Lo que me sorprendió no fue que canceló el seminario y su presentación. Esas cosas siempre pasan. Lo que realmente me sorprendió fue su extenso correo señalando que el seminario no iba a servirle para nada en el futuro. Tal vez tenía razón y no le hubiera servido para nada, pero tal vez si hubiera aprendido algo, que podría haberle servido en su futuro personal o profesional. Pero como no tomó la oportunidad nunca vamos a saberlo.

En mi vida hay varios ejemplos de cosas en cuales me esforzé pero a veces pensé que en realidad no debería haberme esforzado tanto o estudiado tanto porque no interesa a nadie: ‘no es importante, o no sirve para nada’… Pero después el tiempo mostró que todas estas cosas tenían sentido.

Después de terminar el colegio en Alemania, fui a Costa Rica y tomé clases de español. 4 meses; 4 horas por día, conjuntamente con tareas, y las preparaciones correspondientes para pruebas y presentaciones en español. Estudié muchas horas en casa. Después de todo eso empecé mis estudios de psicología en Alemania. Entonces pensé: en mi carrera de psicología,  ¿para que voy a necesitar español?. Bueno, tal vez no va a servir para la carrera pero igual sirve para viajar y hablar con amigos. Años después he descubierto que si me ayuda en mi carrera de psicología: decidí hacer un doctorado en psicología de comparación de culturas y de investigar la socialización de autorregulación en niños alemanes y niños chilenos. El poder realizar este proyecto no solo me ayudó a mejorar el español, si no también el conocimiento y la conexión con la cultura de América Latina. Estas habilidades que pensé en un momento que no servirían para mi carrera en absoluto, me abrieron las puertas para hacer algo especial, algo en que puedo utilizar y combinar mis capacidades e intereses: psicología, cultura, América Latina, Chile. Haciendo esto aprendí muchas cosas más y se abrieron otras puertas…

Otro ejemplo  fue mi “pre-diploma” de psicología. Es un certificado que no sirve para nada… Bueno, es para que uno pueda seguir estudiando y comenzar a sacar los exámenes del diploma verdadero. Pero las notas del pre-diploma no aparecen en el certificado final. Nadie va a mirar estas notas, así que solo hay que pasarlo. Estudié un montón para este pre-diploma y saqué muy buenas notas pero, ¿para qué?. No sirven para nada… Así que,  ¿todas estas horas, los días y las noches que estudié fueron para nada? ¿para un papel nomas?. Al final: por mis buenas notas del pre-diploma, me invitaron a un fin de semana de entrevistas para una beca. Y tataa: gané esa beca. ¡Eso fue algo genial!. Ahora mirando hacia atrás, el dinero no fue lo único bueno de la beca. Por esta beca me supervisó una profesora de historia que al final me ayudó y me motivó a realizar una practica en Chile. Y mientras estaba en esta estadía en Chile, me vino la idea de hacer un doctorado sobre una comparación cultural entre Alemania y Chile. Aunque antes no tenía el plan de hacer un doctorado…

¿Y ahora?. A veces pienso que el doctorado no va a servirme para nada. Es casi imposible que vaya a ser profesora en una universidad en Alemania y para otros trabajos de psicólogos en realidad uno no necesita tener un doctorado, ni te pagan mejor. Pero quien sabe para que va a servir…tal vez se va a abrir alguna puerta.

Cuando no sabes si esforzarte en algo va a servirte en el futuro pero tienes ganas de hacerlo, algo te empuja, algo te motiva… escucha esa señal y hazlo. Tal vez va a servir para algo y si no, vale la pena igual.

Hay puertas por doquier. Vale la pena entrar en la que te gusta más, aunque tal vez signifique tomar el camino más duro, el camino con obstáculos. Y si entras, tal vez va a aparecer otra puerta. Es como un laberinto de caminos y puertas, no conocemos el destino final. ¡Solo entra!

DISYUNTIVAS

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Escena de la película Mr. Nobody (2009). Jaco Van Dormael.

 

Por Jaime Andrés Valladares

“Escoge bien. Tu elección es breve, pero a la vez infinita”  – Goethe

Es difícil saber que hubiese sido de Roma si Coriolano, en contra de los ruegos de Volumnia, hubiese decidido arrasar con la ciudad. No podemos saberlo. Como tampoco sabré jamás que hubiese sido de mi vida si en vez de escoger un taxi esta mañana hubiese decidido caminar. Tanto las elecciones más significativas como las aparentemente irrelevantes están cargadas de contenido.

Todos los días, desde que nos levantamos hasta el momento último en que la conciencia retrocede ante la efectividad del sueño, nos enfrentamos a elecciones. Son muchas las alternativas. Y el tiempo es escaso. Debemos escoger. La tragedia de la elección está dada por aquella opción que se ha desechado:  “¿Y si elegí mal?”; “¿que hubiese sido si…?”. Milan Kundera es categórico. Señala que “el hombre nunca puede saber qué debe querer, porque vive solo una vida y no tiene modo de compararla con sus vidas precedentes ni de enmendarla en sus vidas posteriores”. Mas, ¿y si pudiésemos?.

El director belga, Jaco Van Dormael, nos propone en su película “Mr. Nobody” (2009), la alternativa contraria: un niño, cuyos padres se han separado, se ve enfrentado a una elección imposible. Debe elegir si se queda con su padre o se va con su madre. Está junto a ellos en un andén, y el tren se encuentra próximo a partir. ¿Que hacer?. Durante el transcurso de la película vemos las distintas realidades posibles de Nemo Nobody (Jared Leto), realidades consecuenciales derivadas de esa elección imposible,  con la particularidad que Mr. Nobody es consciente de cada una de estas vidas.

Nemo es el último mortal. Con 120 años se ha transformado en el último hombre en morir de forma natural en un mundo habitado ahora por inmortales. En su lecho de muerte recuerda cada una de sus posibles vidas ante un perplejo entrevistador que se inmiscuye en las dependencias del hospital.   “Si mezclas el puré de patatas con la salsa, después no se pueden separar. Es para siempre. El humo sale del cigarrillo, pero nunca vuelve a entrar. No podemos volver atrás. Por eso cuesta elegir. Hay que tomar la decisión correcta. Mientras no elijas, todo sigue siendo posible”, reflexiona el protagonista.

Curioso nombre para un personaje. Nemo Nobody no es nadie, y es todos a la vez (todas sus vidas). Una contradicción intencionada que recuerda la paradoja de Schrödinger y los efectos de la mecánica cuántica: según la teoría, un electrón podría estar en dos lugares al mismo tiempo. Nemo Nobody ha visto todas sus posibles vidas: “antes era incapaz de hacer una elección porque no sabía lo que iba a pasar. Ahora, que sabe lo que va a pasar, es incapaz de hacer una elección.”.

Mas nosotros no contamos con la fortuna de la omnisciencia. Desconocemos las consecuencias derivadas de cada acción particular, porque no existe necesariamente una consecuencia cuando las variables dependen, además, de factores externos.

Sea quizás como reflexiona Nemo Nobody al llegar al final de la película ante la pregunta del joven entrevistador “¿de todas esas vidas, cual es la correcta?”:

“Cada una de esas vidas es la correcta. Cada camino es el camino correcto”. Posiblemente mañana, en vez de tomar el taxi o caminar, use mi vieja bicicleta. Pero, ¿y si…?.