HAGAKURE

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Por Jaime Andrés Valladares

 

 

 

 

 

 

Hace poco llegó a mis manos una versión Manga del Hagakure, adaptada por Sean Michael Wilson e ilustrada por Chie Kutsuwada.  Hagakure, literalmente, “Oculto por las hojas”, es un libro de Yamamoto Tsunetomo, situado en el siglo XVIII, que recoge los principales ideales del Bushido: el camino del guerrero.

A medida que se avanza en sus páginas, la severidad irrestricta de sus máximas, acompañadas por el magistral trazo de Kutsuwada, hace que su lectura se transforme no solo en una experiencia espiritual, sino además, en una experiencia estética.

Yamamoto Tsunetomo, quién llegó a ser un connotado samurái,  al morir su maestro no le fue posible efectuar el sepukku (suicidio ritual)  con la finalidad de seguir el destino de su amo, toda vez que este había manifestado en vida su oposición a tal practica.  Tsunetomo entonces se adentró en la profundidad de las montañas y se convirtió en monje.

En el año 1716 se publicó el Hakagure, una recopilación de cuentos, máximas y aforismos relatadas por Tsunetomo a su discípulo Tsuramoto Tashiro durante este periodo.

“El camino del samurái es la muerte”, señala el Hagakure. El traductor William Scott Wilson nos dice que esta frase debe entenderse en relación al concepto zen muga, o la muerte del ego: cuando se abandona el ego, es posible estar alerta a lo que sucede en el exterior, y por tanto, vivir el momento presente. Esta ausencia o vacío del yo, permitiría un flujo constante de los acontecimientos, pudiendo reaccionar y adaptarse a las circunstancias oportunamente.

Cierro por unos momentos el libro. Las imágenes persisten. Salgo a correr. La vorágine citadina me atrapa con sus ruidos, sus luces, sus olores. Intento enfocarme en el gris pavimento. Mi celular en tanto pretende distraerme con sus avisos sonoros. Un impulso inconsciente me lleva a revisar las notificaciones. Mensajes publicitarios. Qué pérdida de tiempo. Continúo por el frío adoquín. Estar en el momento presente no es tan sencillo cuando llevas años con distracciones. – ¡Señor, señor, se le cayeron mil pesos! -, me grita de pronto una pequeña niña. Los niños están más atentos del presente que los propios adultos: la capacidad de adelantarse a los hechos no es necesariamente una ventaja si se desatiende el presente; el entorno.

Me detengo. Respiro. Una extraña sensación de calma en medio del ruido. Un agradable vacío. – Muchas gracias -, le digo a la niña, que junto a sus padres se aleja, sorprendiéndose a cada paso con cosas cotidianas.  – Cosas cotidianas -, repito en silencio. Cuanta arrogancia en esas palabras.

El célebre escritor Yukio Mishima temía respecto a la supervivencia de los principios del Hagakure en el Japón moderno. Sin embargo, esta ética, si bien propia de una cultura y una historia determinada, ha trascendido sus barreras geográficas, culturales y temporales.

Acercarse a su comprensión desde Occidente es una reconfortante confrontación. Una sublime belleza. Un descanso. ¿De qué? ¿de quién?. De uno mismo.

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