LIBERTÉ CHOCOLAT: SOÑANDO LA LIBERTAD

Rayen3

 

Por Rayen Campusano Barra

 

Abogada de la Universidad de Chile. Postulante a Magister en Derecho y Nuevas Tecnologías de la misma Universidad. Chocolatier y socia fundadora de Liberté Chocolat.

 

 

 

 

Toda historia de emprendimiento comienza como un sueño. ¿Pero de dónde viene el sueño? ¿cuál es la idea que viene detrás?. La inadaptación. Si, la inadaptación al sistema, al trabajo tradicional, a trabajar de lunes a viernes en las mejores horas de tu vida, darlo todo pero ver cómo pasa la vida a través de la ventana, junto al sol, junto a tu juventud, junto a tu energía, y que al final de los días, todo tu esfuerzo no será siquiera tomado en consideración y serás fácilmente reemplazable por alguien más. Nunca me pareció bien trabajar para disfrutar dos días a la semana. Eso no es vivir, es sobrevivir, yo quiero disfrutar y sentir que lo que hago tiene un propósito.

Junto a mi compañero de aventura, Gaspar, empezamos a preguntarnos, ¿existe un camino diferente?. Me di cuenta que a través de la historia, los grandes creadores, aquellos emprendedores que han llegado lejos con su idea, eran hombres comunes, algunos quienes ni siquiera terminaron sus estudios pero que tenían algo en común: eran creativos e independientes. Sí, ningún creador que haya dejado una marca en el mundo ha sido trabajador dependiente.

Entonces decidimos, tengamos un negocio propio, impulsemos nuestra idea… y luego todo el mundo empieza a decirte lo difícil que es el mundo independiente, que al final terminas trabajando más, que es más desgastante, angustioso y riesgoso porque nada es seguro. De hecho, ambos tenemos padres trabajadores independientes que si bien han logrado mucho, lo han perdido casi todo y han llegado bien abajo. En ese sentido, sabemos qué es el sufrimiento familiar.

Pero me dije: a pesar de los riegos, a pesar que podemos perder todo lo que hemos construido, qué distinto es trabajar por un sueño, y no cualquiera ¡Tú sueño!

Lo maravilloso de viajar es que te golpea de frente tu pequeñez, hay mil historias y mil realidades allá afuera esperando ser descubiertas. Y dentro de esa suerte nos encontramos con los chocolates.

En Bélgica nos topamos con miles de chocolaterías, todas hermosas, perfectas, de esas que de sólo mirar “se te hace agua la boca” y empezamos a cuestionar la realidad de nuestro país. Nos dijimos: ¿por qué en Chile en su mayoría solo nos venden chocolate sucedáneo y el verdadero chocolate de calidad está sectorizado y tiene precios difícilmente accesibles para todos? ¡que injusto si el chocolate es maravilloso y te hace feliz!.Y ahí se creó la idea de “democratizar el chocolate a todas las personas”.

¿Y si hacemos una chocolatería de buena calidad con precios justos y accesibles para todos?

Nos entusiasmó bajar la idea y concretarla. Empezamos a buscar cómo financiarnos, necesitábamos capital, y aparecieron los fondos concursables de Sercotec, un fondo del Estado para gente como nosotros. Nos fuimos a la playa, pensamos y analizamos todos los puntos. Mandamos el proyecto, quedamos preseleccionados, luego empezamos a pasar etapas, nos fueron a visitar a la casa dos veces, tuve una entrevista con una psicóloga y unos test. En todas las etapas fuimos contagiando con la idea y nuestra energía hasta que por fin, quedamos seleccionados… Que alegría nos dio. Tendríamos por fin el dinero para empezar nuestro negocio, pero uf… uf… ahí llego la burocracia. El tiempo pasaba y el fondo en dinero no llegaba. Nos empezamos a desesperar. Luego de un día para otro nos llama una empresa intermediaria quienes serían los que nos entregarían los fondos y revisarían todo el desarrollo del proyecto.

Bueno, fue una etapa difícil, desgastante, engorrosa, lenta, hasta desagradable, pero lo logramos y a pesar de todo lo que costó estoy demasiado agradecida de la oportunidad que ese fondo concursable nos dio. Pudimos formalizar nuestro negocio y en el camino conocimos gente demasiado hermosa, que hizo un trabajo maravilloso junto a nosotros. Todos ellos se esforzaron en potenciar y embellecer cada una de las aristas de esta idea: la imagen, el diseño, la contabilidad, el proceso de trabajar y mezclar el chocolate en sí mismo y con otros productos para lograr sabores maravillosos.

Al momento de elegir un nombre para nuestro proyecto, aparecieron varias opciones. Sin embargo, había una inspiración tan potente detrás, que el nombre que más nos convenció fue Liberté Chocolat. ¿Por qué ese nombre?. Bueno, decidimos que fuera una palabra en francés porque utilizaríamos materia prima directamente de Bélgica, aquel país lejano que tan maravilloso nos pareció en términos de chocolate. Y, ¿por qué la palabra libertad? por dos cosas: primero, deseábamos que quienes probaran nuestros productos, hicieran una pausa en su día ajetreado, rápido y rutinario, para trasladarse en a los confines del sabor y el placer, dejándose llevar por la endorfina y felicidad que te entrega el sabor delicioso del chocolate. Y segundo, por las ansias que tenemos de liberarnos del trabajo tradicional y dependiente, y hacer crecer nuestro propio sueño tanto que nos permita vivir de él. Es decir, queríamos que nuestros clientes sintieran un momento de libertad en su día, y nosotros liberarnos junto a ellos, ojalá para siempre.

Una vez finalizado el proceso del fondo concursable, queríamos que la chocolatería se volviera más profesional y necesitábamos un lugar para trabajar. Nos cambiamos de casa a comienzos de año para poder tener un espacio para fabricar y tener un punto de venta.

Empezó otra etapa difícil, donde mi sueldo como trabajadora dependiente se iba casi en su totalidad a pagar cuentas y solventar la idea loca que se nos había ocurrido. Debía mantenerme trabajando para poder financiar la chocolatería, ya que un sueldo fijo nos permitía invertir en ella, teniendo la confianza del dinero fijo a fin de mes.

En la oficina me pasaba día tras día revisando papeles y haciendo un trabajo mecánico que al final del día se transformaba en cansancio y mal humor. A pesar que a ratos me deprimía no poder “disfrutar” de lo ganado, me animaba la idea de pensar que estaba construyendo un sueño, y que el dinero finalmente es un medio y no tenía que ser un fin en sí mismo.

Con el paso del tiempo, de forma rápida sin duda, la chocolatería empezó a crecer, y de a poco ha empezado a solventarse económicamente.

Tengo un compañero de Universidad, Hans, quien también tiene un emprendimiento, él y su grupo de compañeros Kikin, Daniel y Diego, tuestan café. Se llaman We Are Four. Debo confesar que ellos han sido muy generosos con nosotros, nos han apoyado, compartido clientes, y traspasado un montón de buena onda y energía. Gracias a ellos en parte nos dimos cuenta de que en las cafeterías había un espacio para nosotros: el chocolate caliente.

Observando el mercado de las cafeterías, recordé: en los cumpleaños de mi familia, especialmente de los niños, siempre ha existido chocolate caliente. Se me ocurrió unír esa receta familiar traspasada de generación en generación entre las mujeres de la familia, con el chocolate belga que nosotros ocupamos, lo probamos en una máquina de espresso y creamos nuestro principal producto de estos días. Fue un éxito, a las cafeterías les ha encantado.

Con Gaspar sé que somos un equipo compatible que llegará lejos. A pesar de tener distintas personalidades, sensibilidades y reacciones frente a las cosas, él además de ser el socio fundador de Liberté Chocolat, es mi compañero de vida. Mientras hayan sueños de por medio, sé que seremos una pareja infalible, porque cuando se nos ocurre una idea nos impulsamos mutuamente y cada uno aporta sus capacidades en construir.

Yo soy la mente creativa, quien ordena las formas y la estructura, Gaspar ha sido la mano armada de la chocolatería, fabríca, despacha pedidos, tiene reuniones con compradores, luego en la noche se va a estudiar. El buen trato y simpatía que tiene lo ha hecho ser muy apreciado. Yo siempre admiraré su ímpetu y ánimo al construir este proyecto. Ha sido un excelente compañero de cruzada.

Por supuesto que nada sería posible sin la ayuda y apoyo constante de nuestras familias y cercanos. En nuestra primera feria llegaron todos a colaborar, ¡oh!, que felicidad sentí cuando éramos el stand más concurrido, y todo gracias a ellos. Nunca olvidaré aquella feria por el éxito que significó, ni a todas las personas que de alguna u otra forma estuvieron ahí, apoyándonos.

Una mentalidad abierta, la creatividad y nuestro impulso joven es lo que nos mantiene dando la pelea día a día. Emprender implica esfuerzo y sacrificio, es cansador y desgastante pero es un camino hermoso, de mucho conocimiento externo e interno.

Tenemos mucha energía y esperanza puesta en Liberté Chocolat. Creemos en nuestra cruzada de “democratizar el chocolate” y en la calidad de nuestros productos. Sabemos que llegaremos lejos porque nuestro sueño es grande. Soñamos a Liberté Chocolat, soñamos con la libertad que significa y sabemos que “si el plan no funciona, cambiaremos el plan pero nunca la meta”. Más que ver para creer, hay que creer para ver.

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