POR QUÉ VIENE BIEN APRENDER A VIVIR COMO JAPONÉS (PERO SIN ENTUSIASMARSE TANTO)

15094489_10154047306778321_4427027640335375188_n

 

            Por Esteban Maldonado Barra
Abogado. Universidad de Chile.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Para mucha gente que visita Japón y vive o ha vivido en él por largos periodos de tiempo, es difícil decir que su experiencia es completamente grata in situ: detrás de todo lo hermoso y sensacional que llega a ser Japón para un visitante extranjero -o, como fue en mi caso, un adolescente con poco mundo- y el altísimo estándar de vida que se puede saborear en tan exótica tierra, hay ciertas cosas que definitivamente no harían sentir bienvenido ni a gusto a nadie y algunas de ellas incluso han llegado a ser el origen de problemáticas nacionales. No voy a ahondar en ellas, pero intentaré reducirlo al siguiente concepto: el alto nivel de rigurosidad y exigencia con que se desenvuelven en las relaciones humanas, aplicando estos altos estándares en primer lugar a ellos mismos.

Ahora bien, doce años después de haber pasado por aquellas situaciones que bordeaban lo insostenible para alguien acostumbrado a la ligereza y a un cierto nivel de “sana apatía” en todo ello, van decantándose ciertas actitudes e ideas que permiten hacer crecer de un modo diferente a quienes pasan por aquellas incómodas vivencias y sus posteriores repercusiones, transformándose en una experiencia por la que vale la pena pasar. Quiéralo uno o no, el vivir tanto tiempo en un lugar específico tan distinto al natal deja su huella en la mentalidad y el comportamiento humano, transformándose a largo plazo en un invaluable aporte para esa maduración y crecimiento. La idiosincrasia japonesa, tan acerba a pesar de la cordialidad y etiqueta que la caracteriza, puede ayudarnos a ser mejores personas aprendiendo del sentido común que su sociedad impone a quienes la integran; muchos conceptos que lo conforman pueden parecer de perogrullo, exagerados e incluso ridículos a nuestros ojos occidentales. Esta falta de visión no es algo que amerite autoflagelarse, pero sí permite ampliar la visión de lo que conocemos como “comportamiento en sociedad”, por medio de una sana autocrítica, y poder ver más allá de lo que el individualismo, los paradigmas y dogmáticas culturales nos permiten ver. La mentalidad japonesa y sus criterios, correctamente calibrados y aplicados prudentemente con ayuda de la madurez que los años y sus experiencias adjuntas nos brindan, pueden ayudarnos más de lo que podemos creer, tanto en nuestra vida personal como en la parte de ella que proyectamos hacia nuestros semejantes.

El pilar fundamental de dicho sentido común es una regla primordial proveniente de la filosofía confucianista: El individuo debe comportarse del modo más diligente y responsable al momento de desenvolverse como integrante de una sociedad, es decir, al momento de interactuar con sus semejantes o al realizar cualquiera acción que pueda afectar de cualquier modo a los demás. Pero quien determina esos niveles de diligencia y responsabilidad no es ni nunca será el individuo mismo: es la sociedad misma la que se los dicta. Y ésta, a su vez, fija esos estándares con un criterio con el que sí estamos -al menos medianamente- familiarizados: comportarse ante y con sus pares del mismo modo que al individuo le gustaría que sus pares se comportasen, respetando todos esos mismos parámetros que ya se mencionaron. Por ejemplo, si el individuo, en cuanto consumidor, desea ser atendido del mejor modo que pueda imaginar, así debe ser; y cuando sea él quien deba atender a otros, debe hacerlo igual de bien. Esta es una regla de oro que no puede ser ni será ignorada. Y se la tratan de explicar al forastero en una oración, usualmente expresada en un inglés muy rudimentario, que en el fondo es una versión alternativa e innecesariamente más larga de “donde fueres haz lo que vieres”. Dejando esto medianamente claro, quisiera pasar a mostrar una selección de ejemplos concretos y valiosos aprendizajes que pude obtener luego de pasar por esta larga catarsis, asociados a ciertas situaciones cotidianas nuestras.

  1. Siempre se tiene presente a los demás. Esto quiere decir que nunca vas caminando solo por la calle, no eres el único sentado en la mesa que quiere comer, no eres el único que espera su turno para ser atendido y no eres el único pasajero en el transporte público. Siendo así, es imperativo causar la menor molestia posible a los demás y tener presente que éstos, tal como uno, pueden ir apurados y que todos tienen el derecho-deber de dar y recibir la mayor consideración y respeto. Esto puede traducirse en servir a los demás comensales primero, caminar a un paso razonable y sin estorbar por la vía pública, realizar los trámites de forma expedita, no hacer ruidos ni movimientos molestos y, cuando fuere posible, no quedarse parado justo frente a la puerta del metro si hay gente tratando de entrar a él. Todo eso debe considerarse al momento de desplazarse de un punto a otro y al compartir espacios comunes.
  2. Uno es esclavo de sus palabras y amo de su silencio. El ejercicio de escoger cuidadosamente las palabras que se eligen decir, o bien, evitar hablar del todo, es imprescindible. En caso de confrontación, quien decide callar para ponerle fin a ésta, o quien dice exactamente lo justo y necesario para dejar callado a quien busca la animosidad es quien la gana. Aún así, los japoneses pueden llegar a tener discusiones muy acaloradas y “a grito pelado”, pero ni sonarse la nariz en público es considerado tan vulgar (de hecho, lo vulgar no es el acto en sí, sino sólo hacerlo ruidosamente y en ciertos contextos) como lo primero. Quien dice o decide algo debe hacerse responsable de ello en todo momento, sobre todo si es susceptible de crítica o polémica. No se tolera tampoco el “lanzar la piedra y esconder la mano”, así como tampoco emitir acusaciones sin el debido respaldo o fundamentos.
  3. Los problemas personales no son un factor a considerar ni una atenuante en ningún sentido. No se aceptan las excusas al momento de llegar tarde, ausentarse del trabajo, hacerlo a medias, perder el control de una situación que afecte a terceros o incomodar a quienes están a tu alrededor ni evadir responsabilidades de ningún tipo; la usual práctica de “echarle la culpa al empedrado” es inexistente. Es inconcebible que quienes no tienen injerencia alguna en los problemas personales de una persona deban sufrir sus consecuencias o que ésta los haga partícipes -voluntaria o involuntariamente- de ellas; y esto último es completamente razonable y lógico. También es mal visto victimizarse y quien quiera hacerlo se arriesga a ser ignorado y considerado como un inmaduro por sus pares. Sin embargo, habiéndose extremado esta postura en la sociedad japonesa, ha dado pie a serios problemas y daños irreparables por la severa displicencia ante aquéllos que caen en los más profundos desamparos e injusticias, como lo son los indigentes, las víctimas de acoso escolar y de delitos sexuales, los inmigrantes pobres y el Burakumin (la clase social más baja de Japón, discriminada por su situación ocupacional).
  4. Quien comete una falta o error se obliga no sólo a disculparse, sino también a enmendarlo. Lo mínimo que se espera de cualquier persona que yerre, por muy pequeño que sea e independientemente de la intención o falta de ella, es que ofrezca disculpas por ello, que no trate de justificarse y que acepte humildemente y sin resistencia alguna las consecuencias de su mal comportamiento. Si, además de las disculpas, se requiere una reparación o corrección de cualquier tipo, el mismo responsable se obliga a realizarla sin necesidad de presiones externas; la explicación más entendible que dan los japoneses ante la obligatoriedad de reparar cualquier daño a la brevedad es bastante simple: “si sólo bastara con las disculpas, la policía no existiría”. Este deber se lo autoimponen incluso los políticos (me tocó ver en ese entonces cómo un grupo de ellos, acusados de apropiación ilícita, no sólo pidieron perdón públicamente, sino que además ¡¡¡devolvieron el dinero!!!)
  5. Un hecho vale más que mil palabras. Se espera que las personas demuestren su buena crianza, buenos modales, lealtad, etc., por medio de acciones positivas, evitando hacer alarde de ello: el buen comportamiento se debe demostrar con hechos. Y por lo mismo, se suele desestimar activa y pasivamente a quienes hablan mucho, pero hacen poco o nada.

Quisiera comentar otra manifestación de este principio: Sería injusto agregar una queja más a la tristemente célebre “frialdad” en el trato y relaciones de los japoneses sin mostrar la otra cara de la moneda. Donde nosotros vemos laconismo, monosílabos y hasta desdén, ellos ven la belleza del silencio que antecede a un gesto especialmente pensado para alguien en particular, que usualmente beneficia y colma con sorpresiva felicidad a quien lo recibe; dicho gesto puede obedecer a sus gustos o caprichos personales, o más comúnmente, procurar que ese gesto sea lo más útil posible. En este sentido, es habitual y socialmente aceptable regalar sumas de dinero en determinadas ocasiones (sobre todo aquéllas que implican grandes gastos, como matrimonios y funerales).

  1. Se evita a toda costa el uso de la violencia o argumentos emocionales. Los principios rectores que sustentan las artes marciales japonesas, que no obstante muchas de ellas fueron concebidas para el combate y algunas son altamente eficientes en lo que a letalidad respecta, tienen en común el rechazo absoluto a la violencia como solución a los conflictos, desincentivan la confrontación y fomentan la búsqueda de la calma y la paz interior en todo momento para lograr óptimos resultados en su ejecución. Estos principios, transversales a todas ellas, también se aplican en el diario vivir: quien se mantiene constantemente en ese estado y lo manifiesta a través de la tranquilidad y la formalidad en su lenguaje y actos se hace respetar, pues demuestra madurez y un control absoluto sobre sus instintos y emociones. Esto es lo que ellos denominan Fudooshin o “corazón inamovible”.

Asimismo, las faltas a la normativa social tampoco se castigan violentamente ni se imponen por la fuerza siquiera: su cumplimiento se persigue a través de gentiles requerimientos o peticiones verbales, carteles o anuncios por altavoz en lugares públicos, siendo estos dos últimos siempre en un registro de habla culto formal, pidiendo por favor y agradeciendo extensamente la colaboración. Aunque de vez en cuando los primeros puedan carecer de dicha gentileza por la natural ofuscación que puede provocar una transgresión de esa naturaleza, es muy poco común y se trata de evitar tanto la termocefalia como el interpelar públicamente a quienes se comportan de modo incorrecto.

  1. Se busca la prolijidad, eficiencia y perfección en todo lo que se hace. Esto adquiere principal relevancia en el trabajo y las tareas del hogar. Tanto el medio como el resultado son igualmente importantes, y se entiende que nunca se llegará a un resultado aceptable si no se cumple a cabalidad con el medio. En términos más simples, se busca hacer las cosas bien siempre y del modo más eficiente, desde la tarea más pequeña hasta la más importante, abandonando la idea de hacer las cosas a medias, a la rápida, o por cumplir. Buscan alejarse de la mediocridad y la apatía, lo que está a la vista en… todo. Pero, en particular, donde mejor se manifiesta esta idea es a la hora de cocinar: no hay comida en este mundo más deliciosa que la japonesa, y quien sepa comerla, no sólo entenderá a la perfección el trasfondo de este último punto, sino que pasará un punto de no retorno en el que el vivir para comer se convierte en una regla de vida más, incluso cuando los ingredientes “finos” escasean.

Me gustaría cerrar esta columna recalcando que estos ejemplos de conducta, a pesar de tener consecuencias muy positivas, no son para ser aplicados al pie de la letra, sino sólo para poder calibrar y mejorar nuestros propios comportamientos; lo útil y bello del aprendizaje intercultural es precisamente eso, completamente distinto al copiar y asimilar sin pero que valga.

 

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: