CUANDO PASE EL TEMBLOR

 

 

 

             Por Jaime Andrés Valladares

 

 

 

 

Nunca pensé que necesitaría a tantas personas”, exclama Bowie, mientras camino por un Santiago que se comienza a vaciar. Han sido días de curiosa perplejidad. Y es que a veces, aquello que no vemos, se vuelve más recurrente que aquello que podemos asir. Como un virus, inasible, distante, pero a la vez profusamente presente.

La necesaria ausencia recuerda además la relevancia de los vínculos: el saludo en la mañana, el abrazo de los amigos, la cercanía con aquellos que queremos y nos quieren. La proximidad necesaria que  dota de cierta materialidad a los días.

Estuve repasando nuevamente durante este periodo “Hijos del hombre” (Children of Men), esa fantástica película distópica de Alfonso Cuarón, en la que la humanidad se enfrenta a una grave crisis de infertilidad y, con ello, a la extinción. Hay una escena en particular que es majestuosa: en medio de un enfrentamiento entre dos grupos rivales atraviesa caminando de pronto una joven mujer que lleva en sus brazos un niño recién nacido; una nueva esperanza. Con asombro deponen las armas, al menos, por unos segundos, mientras la mujer y el niño se encuentran a salvo.

No es de extrañar que en la banda sonora de dicha película, se encuentren obras del compositor inglés John Tavener, que plasmó su espiritualidad en cada una de sus composiciones: existe, dentro de todo caos, una cierta añoranza; como la luz de la vela – a la que se refiere Steiner -, que se mantiene estoica ante la oscuridad, aunque sea por un breve momento. Misma metáfora se encuentra – intencional o no –  en el cristianismo: del caos, y en el caos, nace quién se supone viene a salvar a la humanidad. La belleza de esta idea, reside no solo en el concepto de esperanza, que como su nombre indica, es esperar algo como posible, sino que además, en otra idea menos evidente: la existencia de opuestos que actúan como balance.

Sé, que cuando tenga la oportunidad de compartir con las personas que me resultan más próximas, cada momento será una breve eternidad que volveré a valorar de renovada forma. Porque dentro de nuestra finitud y fragilidad, es posible atesorar los momentos; fotografías emocionales que nos unen, y quedan guardadas en algún rincón de la memoria. Después de todo, son las series de momentos las que en definitiva componen una vida entera.

Parafraseando a una de mis bandas argentinas favoritas: te encontraré en esas ruinas; ya no tendremos que hablar. Te besaré; y será un buen momento.

Un pensamiento en “CUANDO PASE EL TEMBLOR

  1. Jorge Quiroz dice:

    Cómo la ausencia, nos muestra la relevancia del vínculo…buenísima reflexión .

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: