HAGAKURE

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Por Jaime Andrés Valladares

 

 

 

 

 

 

Hace poco llegó a mis manos una versión Manga del Hagakure, adaptada por Sean Michael Wilson e ilustrada por Chie Kutsuwada.  Hagakure, literalmente, “Oculto por las hojas”, es un libro de Yamamoto Tsunetomo, situado en el siglo XVIII, que recoge los principales ideales del Bushido: el camino del guerrero.

A medida que se avanza en sus páginas, la severidad irrestricta de sus máximas, acompañadas por el magistral trazo de Kutsuwada, hace que su lectura se transforme no solo en una experiencia espiritual, sino además, en una experiencia estética.

Yamamoto Tsunetomo, quién llegó a ser un connotado samurái,  al morir su maestro no le fue posible efectuar el sepukku (suicidio ritual)  con la finalidad de seguir el destino de su amo, toda vez que este había manifestado en vida su oposición a tal practica.  Tsunetomo entonces se adentró en la profundidad de las montañas y se convirtió en monje.

En el año 1716 se publicó el Hakagure, una recopilación de cuentos, máximas y aforismos relatadas por Tsunetomo a su discípulo Tsuramoto Tashiro durante este periodo.

“El camino del samurái es la muerte”, señala el Hagakure. El traductor William Scott Wilson nos dice que esta frase debe entenderse en relación al concepto zen muga, o la muerte del ego: cuando se abandona el ego, es posible estar alerta a lo que sucede en el exterior, y por tanto, vivir el momento presente. Esta ausencia o vacío del yo, permitiría un flujo constante de los acontecimientos, pudiendo reaccionar y adaptarse a las circunstancias oportunamente.

Cierro por unos momentos el libro. Las imágenes persisten. Salgo a correr. La vorágine citadina me atrapa con sus ruidos, sus luces, sus olores. Intento enfocarme en el gris pavimento. Mi celular en tanto pretende distraerme con sus avisos sonoros. Un impulso inconsciente me lleva a revisar las notificaciones. Mensajes publicitarios. Qué pérdida de tiempo. Continúo por el frío adoquín. Estar en el momento presente no es tan sencillo cuando llevas años con distracciones. – ¡Señor, señor, se le cayeron mil pesos! -, me grita de pronto una pequeña niña. Los niños están más atentos del presente que los propios adultos: la capacidad de adelantarse a los hechos no es necesariamente una ventaja si se desatiende el presente; el entorno.

Me detengo. Respiro. Una extraña sensación de calma en medio del ruido. Un agradable vacío. – Muchas gracias -, le digo a la niña, que junto a sus padres se aleja, sorprendiéndose a cada paso con cosas cotidianas.  – Cosas cotidianas -, repito en silencio. Cuanta arrogancia en esas palabras.

El célebre escritor Yukio Mishima temía respecto a la supervivencia de los principios del Hagakure en el Japón moderno. Sin embargo, esta ética, si bien propia de una cultura y una historia determinada, ha trascendido sus barreras geográficas, culturales y temporales.

Acercarse a su comprensión desde Occidente es una reconfortante confrontación. Una sublime belleza. Un descanso. ¿De qué? ¿de quién?. De uno mismo.

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LA TRAVIATA

 

 

callas

 

Maria Callas como Violetta, en 1958

 

Prof. Dr. Haroldo Quinteros B

Doctor en Ciencias Sociales de la Universidad de Tubinga, Alemania. Se ha desempeñado como académico en la Universidad de Heidelberg (Alemania).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En agosto pasado hubo dos acontecimientos de interés para los amantes de la ópera. Desde luego, la temporada operática anual del Teatro Municipal, que nos emocionó durante ese mes con “La Traviata” de Giuseppe Verdi, una de las tres o cuatro óperas que gozan de más popularidad en el mundo; por cierto, es también una de las mejores que se hayan escrito. También en agosto se presentó en Santiago el tenor alemán Jonas Kaufmann.

Primero, y brevemente, unas palabras sobre Kaufmann:

Si bien Jonas Kaufmann es realmente un muy buen tenor, no puede decirse que sea “el mejor del mundo”, cual fue el lema de promoción de la empresa que lo trajo a nuestro país. Esto, porque, en primer lugar, es imposible hacer rankings de este tipo en el género operático, sobre todo tratándose de sus exponentes de mayor excelencia. El tema es demasiado complejo como para dejarlo a las vulgaridades de la propaganda comercial. En este caso, y dicho de manera simple, se trata más bien de gustos, si pensamos en los aficionados a la ópera. Si, por otra parte, atendemos a juicios de expertos, es mucho lo que puede discutirse sobre el genio de un intérprete de ópera, de las obras y roles que más calzan con su calidad y temperamento de actor e intérprete, cuestión que tiene relación directa con la naturaleza de su voz, calidad histriónica, formación profesional y origen patrio. El joven Kaufmann canta, por supuesto, bien, pero, por lo menos para el suscrito, no posee, por ejemplo, la belleza del natural registro de un Pavarotti, y de un tiempo más lejano, de un Corelli, un Di Stefano o un Gigli. Tampoco la cierta dureza en la tessitura de su voz, en verdad muy germánica, va mucho con el gusto de quien escribe estas líneas. Pareciera no acercase mucho a los italianos de especial coloratura en sus obras como Rossini o al sentimentalismo mediterráneo de Puccini. En fin, subjetivo el tema, y tanto, que me atrevo a declarar mi preferencia por Villazón y el propio Flórez; por lo menos, si se trata de óperas italianas, que cubren la mayor parte del género escrito hasta, por lo menos, el primer cuarto del siglo XX, cuando el género empieza a declinar en producción. En esta misma línea, no puedo dejar de consignar sobre el concierto de Kaufmann en el Movistar Arena, que debió interpretar más a autores alemanes que italianos y, por supuesto, aunque suene a broma, no debió elegir como pieza en uno de sus encores la bella canzone napolitana “Non ti scordar di me”, que popularizara en el mundo don Luciano, en una interpretación que, a pesar de los esfuerzos de muchos, ninguno, incluido Kaufmann, ha podido remotamente igualar.

En cuanto “La Traviata,” la presentación que vi el 20 de agosto me pareció de real excelencia. Hubiese sugerido más movimiento al inicio, con algo más de fantasía, colorido, luz y movilidad corporal, propia de los ambientes de fiesta, mas aun en una casa de licencia. Para la escena final de la obra, también hubiese querido, como contraste dramático entre principio y fin, impregnarla de mayor pathos en los instantes inmediatamente anteriores a la muerte de Violetta. No obstante, también esto es, por cierto, subjetividad pura, porque hay quienes prefieren los tonos más austeros y menos contrastivos, aunque se trate de la apasionada e italianísima “La Traviata.” En lo grueso, i. e., canto, actuación, escenografía – bien situada en los años decimonónicos- y orquesta, no hubo deméritos técnicos de ninguna especie. Todos los actores representaron brillantemente sus roles tanto en el canto como en lo histriónico; desde luego, partiendo de los tres principales, todos rusos: Violetta Valéry, la heroína, por la bella soprano Nadine Koutcher; Alfredo Germont, por el tenor Sergey Romanovsky; y Giorgio Germont, por el bajo Igor Golovatenko). En suma, fue una muy buena mis en scène de la obra más popular de Verdi.

“La Traviata,” su esencia, argumento e historia:

Verdi es un autor de óperas romántico. Vivió la época del Romanticismo, creyó y se imbuyó en ella, incluido en el plano político. Un espíritu así, no podía dejar de sentirse impresionado por la lectura de una de las novelas románticas más emblemáticas, La Dame aux Camelies de Alejandro Dumas (hijo). Tanto es así, que Verdi viajó a París a ver la teatralización de la novela, lo que, en definitiva, lo decidió a transformarla en ópera. No tanto por razones de derechos de autoría, sino más bien por el prurito individualista que acusa cualquier autor romántico, Verdi, aunque siguió muy de cerca el argumento, ordenó a su guionista Francesco Maria Piave cambiar los nombres de los personajes, más sin separarse de su vena humana netamente francesa, de los ambientes parisinos ni los de la campiña de la Francia del siglo XIX. En cuanto al argumento, sólo agregó situaciones que multiplican el dramatismo de la obra, lo que consiguió plenamente.

Polémica fue “La Traviata” en sus tiempos. Aunque parezca increíble, el estreno de la ópera en 1853, escrita en la época de mayor prestigio y madurez artística de Verdi, fue un estruendoso fracaso. Verdi ya era el autor de las óperas más populares de su tiempo; esto, especialmente, porque su mayor contendor artístico, el gran Gaetano Donizetti, había muerto algunos años antes, completamente loco. A poco del estreno de “La Traviata” Verdi ya había triunfado ampliamente con magníficas obras, como “Rigoletto” y “El Trovador,” y su trabajo era admirado y conocido en los mejores escenarios de Europa. El fiasco inicial que sufrió aquella su última obra tiene, sin embargo, una explicación: la mojigatería e hipocresía existente en la ultra-religiosa y conservadora Italia de esos tiempos. En efecto, los artistas que la estrenaron, intimidados por el tóxico ambiente conservador vigente, cantaron desconcentrados, sin inspiración alguna, mientras la orquesta hacía lo mismo. La propia novela de Dumas, que inspiró a Verdi, ya había sido catalogada como inmoral en algunos círculos eclesiásticos franceses, y ni hablar, en los italianos. En los púlpitos de la pudorosa Roma no se recomendaba su lectura. Para comprender mejor todo, es preciso, brevemente, ir al argumento de la obra:

Alfredo Germont, un joven parisino, vástago de una familia burguesa de cierto rango, asiste, por invitación de amigos, a una fiesta en un lujoso lenocinio, en que descollaba la belleza de la joven cortesana Violetta Valéry. Alfredo se enamora perdidamente de ella, y le declara su amor. Violetta, aunque frívola amante transitoria de nobles y magnates, también se siente atraída por el apuesto joven, y aunque se resiste a abandonar la libertad y los bienes que le garantiza su profesión, finalmente cede a los avances de Alfredo. En ese instante de duda, irrumpe la soberbia aria Sempre libera, uno de los mayores desafíos para una soprano:

Sempre libera folleggiare di gioia in gioia, Vo´che scorra il viver mio, pei sentieri del piacer, nasca il giorno, o il giorno muoia, sempre lieta ne´ ritrovi, a diletti sempre nuovi, de volare il mio pensier.

(Siempre libre quiero ir de alegría en alegría, quiero que así transcurra mi vida para así sentir placer. Nazca o muera el día, siempre alegre quiero encontrarme con nuevas alegrías, haciendo volar mi pensamiento).

Sin embargo, Violetta, comprendiendo por fin la vaciedad de aquella vida, decide abandonarla y seguir al joven. Invierte sus ahorros en una modesta casa en la campiña, en la cual vivirían juntos para siempre. Alfredo descubre que el cortijo no era de propiedad de Violetta, y decide volver a París a realizar los trámites bancarios necesarios para también contribuir, con su propio pecunio, en la adquisición de la propiedad. En ese intertanto, llega al lugar el padre de Alfredo, Giorgio Germont para solicitar a Violetta que se separe de su hijo. La razón es que el noviazgo de la hermana menor de Alfredo ha sido condicionado por la familia del novio, de modo que la niña no será admitida en ella mientras su hermano, Alfredo, tenga relación con la cortesana más conocida de París. Violetta se resiste, pero finalmente cede, y a instancias de don Giorgio, escribe una carta a Alfredo en que le dice que no lo ama y que su verdadero amor es el barón Douphol. Alfredo, al recibir la carta, parte a París enceguecido de ira, para enfrentar a Violetta. La encuentra en un casino, participa en un juego de ruleta, gana mucho dinero, y luego de insultar a Violetta delante de todos, lanza sobre ella el dinero ganado. Giorgio Germont, en busca de su hijo, sabiendo que puede cometer una locura, llega al lugar e increpa a su hijo por aquella acción. Lo mismo hace el barón Douphol, quien lo desafía a duelo. Producido el duelo, Alfredo hiere gravemente al barón, y como tales lances estaban prohibidos en Francia, debe huir del país. Poco tiempo después, Violetta, arruinada, abandonada por sus amigos, mientras su belleza desvanece, contrae una mortal tisis. A su lecho de muerte, llegan, arrepentidos, Alfredo y su padre. Ya es tarde, y la joven muere. Es en esta escena en que tenor y soprano, Alfredo y Violetta, interpretan uno de los duetos tenor-soprano más bellos de la historia de la ópera, la diáfana aria Parigi, o cara, que sigue

noi lasceremo, la vita uniti trascorreremo, de’ corsi affanni compenso avrai, la tua salute rifiorirà… Sospiro e luce tu mi sarai, tutto il futuro ne arriderà.

(Querida, dejaremos París, la vida recorremos unidos. Te resarcirás de los sufrimientos pasados y tu salud volverá a florecer. Esperanza y luz serás para mí, todo el futuro reirá para nosotros).

Con leves cambios, este es, grosso modo, el argumento de “La Dama de las Camelias,” que tanto impresionó a Verdi. Mas, no sólo eso. La joven cortesana de la novela, Margarita Gauthier, realmente existió, y estuvo ligada a la vida sentimental más íntima de Dumas. Tanto es así, que toda la historia no es sino la historia de amor que vivió Dumas con ella. Es aquí donde no puedo dejar de evocar la figura de la mujer que realmente inspiró la novela y la ópera, la joven Marie Duplessis.

Marie Duplessis, cuyo nombre real era Rose-Alphonsine Plessis, era una joven provinciana de origen muy humilde que llegó a Paris, a los 15 años, en 1839. Cuenta la historia que era una joven bellísima, belleza que varios pintores de la época, entre ellos Edouard Viénot, inmortalizaron en conocidos retratos. No fue difícil para la joven conseguir trabajo. El primero fue en un restaurante y más tarde en una lujosa tienda de lencería, hacia donde llegaban las mujeres de la más alta y exquisita sociedad. Por su refinamiento y ambición, pronto se convirtió en la más deseada cortesana de París, llegar a ser mantenida por nobles, aristócratas y pródigos millonarios. Su mayor identidad era llevar siempre en su escote dos o tres camelias; de allí, por supuesto, el apelativo que la hizo conocida, “La Dama de las Camelias.” Obviamente, de allí también el nombre de la novela. Tuvo su propia casa de licencia en la grande ville, y fue allí donde la conoció Dumas. Como en la novela, los dos jóvenes, a la sazón ambos de veinte años, iniciaron un apasionado idilio. También, como el relato novelístico, Marie renunció a su disipada vida y partió con Dumas a su casa de campo. Sin embargo, por razones que no se conocen a cabalidad, Dumas la abandonó, de manera que aquella relación sólo duró un año. La joven, abandonada por su amante, volvió a su antigua vida en París. Poco después casó con un noble, el conde Perregaux, un anciano que según cuenta la historia, veía en ella a su hija muerta de tisis; es decir, Marie ya acusaba entonces los síntomas de la enfermedad que la llevaría a la muerte. Fue abandonada por Perregaux, casó luego con otro hombre de fortuna, y tal como relata la novela, poco tiempo después murió de tisis, a los 23 años.

Indirectamente aquel singular y romántico personaje, también estuvo ligado a Verdi. El compositor enviudó muy joven, a los 27 años, y poco tiempo después de la muerte de su primera mujer, inició una apasionada relación con una de las sopranos mejores de aquellos tiempos, Giuseppina Streponi. En los comienzos de su relación decidieron no casarse, aunque ambos podían hacerlo. Esto significó el rechazo de amigos, familiares de ambos, y desde luego, del público y el cominillo social, que tenía graves reparos a la vida personal de Giuseppina. El que fuera el suegro de Verdi, Antonio Barezzi, se lanzó públicamente contra Verdi.

En verdad, no había mucha distancia entre Marie Duplessis y Giuseppina. A ésta se la acusaba de ser una mujer inmoral, de haber tenido muchos amantes de los cuales tuvo varios hijos ilegítimos, todos muertos de pequeños, etc. Ante la pública representación que hizo Barezzi de aquel “escándalo” y sobre todo en respuesta a los ataques que pronunció sobre Giuseppina, Verdi no vaciló en responderle, también de manera pública. La misiva dice en algunas de sus líneas:

Una mujer habita en mi casa. Es libre, independiente, y ama, como yo, una vida solitaria. ¿Quién sabe cómo son nuestras relaciones, nuestros asuntos, nuestros vínculos, los derechos que yo tengo sobre ella y los que ella tiene sobre mí? ¿Quién sabe si actuamos bien o mal? Incluso, si estuviera mal, ¿quién tiene derecho a lanzar una condena? En mi casa se le debe a ella un respeto tan grande como el que a mí se debe, y a nadie le está permitido faltarle ese respeto.

No mucho tiempo después, Verdi y Giuseppina se casaron, y vivieron juntos hasta la muerte de ella, en 1887. Sólo poco más de tres años después, en enero de 1901, falleció el autor, en su conjunto, de las óperas más populares y conocidas, Giuseppe Verdi, el genial creador de “La Traviata.”

Despiértate, niño (Discurso de cuna)

JT

 

Por Joaquín Trujillo Silva

 

Abogado. Investigador en Centro de Estudios Públicos (CEP). Académico en la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile.

 

 

 

 

 

 

Despiértate, niño

(Discurso de cuna)

 

 

No te quedes dormido, niño

que puede madurar tu corazón,

hacerte como el rey puesto

al niño muerto

que va con su sombra de la mano.

No es fácil dormir entre altares

de dioses que no creen

en tu tristeza ni tu alegría.

 

Por eso,

quédate despierto

los ojos más abiertos

como el búho en su sabio contar,

Juega y escápate

al caos de la noche

donde todo está más claro

bajo el orden de la luna.

 

Y si gobiernan las nubes,

que te moje la lluvia

y te seque el alba

como a insectos verdes.

Y por sobre todo, en sueños o despierto,

grita,

grita tanto

para que nadie duerma

nunca más.

 

 

 

 

 

 

LIBERTÉ CHOCOLAT: SOÑANDO LA LIBERTAD

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Por Rayen Campusano Barra

 

Abogada de la Universidad de Chile. Postulante a Magister en Derecho y Nuevas Tecnologías de la misma Universidad. Chocolatier y socia fundadora de Liberté Chocolat.

 

 

 

 

Toda historia de emprendimiento comienza como un sueño. ¿Pero de dónde viene el sueño? ¿cuál es la idea que viene detrás?. La inadaptación. Si, la inadaptación al sistema, al trabajo tradicional, a trabajar de lunes a viernes en las mejores horas de tu vida, darlo todo pero ver cómo pasa la vida a través de la ventana, junto al sol, junto a tu juventud, junto a tu energía, y que al final de los días, todo tu esfuerzo no será siquiera tomado en consideración y serás fácilmente reemplazable por alguien más. Nunca me pareció bien trabajar para disfrutar dos días a la semana. Eso no es vivir, es sobrevivir, yo quiero disfrutar y sentir que lo que hago tiene un propósito.

Junto a mi compañero de aventura, Gaspar, empezamos a preguntarnos, ¿existe un camino diferente?. Me di cuenta que a través de la historia, los grandes creadores, aquellos emprendedores que han llegado lejos con su idea, eran hombres comunes, algunos quienes ni siquiera terminaron sus estudios pero que tenían algo en común: eran creativos e independientes. Sí, ningún creador que haya dejado una marca en el mundo ha sido trabajador dependiente.

Entonces decidimos, tengamos un negocio propio, impulsemos nuestra idea… y luego todo el mundo empieza a decirte lo difícil que es el mundo independiente, que al final terminas trabajando más, que es más desgastante, angustioso y riesgoso porque nada es seguro. De hecho, ambos tenemos padres trabajadores independientes que si bien han logrado mucho, lo han perdido casi todo y han llegado bien abajo. En ese sentido, sabemos qué es el sufrimiento familiar.

Pero me dije: a pesar de los riegos, a pesar que podemos perder todo lo que hemos construido, qué distinto es trabajar por un sueño, y no cualquiera ¡Tú sueño!

Lo maravilloso de viajar es que te golpea de frente tu pequeñez, hay mil historias y mil realidades allá afuera esperando ser descubiertas. Y dentro de esa suerte nos encontramos con los chocolates.

En Bélgica nos topamos con miles de chocolaterías, todas hermosas, perfectas, de esas que de sólo mirar “se te hace agua la boca” y empezamos a cuestionar la realidad de nuestro país. Nos dijimos: ¿por qué en Chile en su mayoría solo nos venden chocolate sucedáneo y el verdadero chocolate de calidad está sectorizado y tiene precios difícilmente accesibles para todos? ¡que injusto si el chocolate es maravilloso y te hace feliz!.Y ahí se creó la idea de “democratizar el chocolate a todas las personas”.

¿Y si hacemos una chocolatería de buena calidad con precios justos y accesibles para todos?

Nos entusiasmó bajar la idea y concretarla. Empezamos a buscar cómo financiarnos, necesitábamos capital, y aparecieron los fondos concursables de Sercotec, un fondo del Estado para gente como nosotros. Nos fuimos a la playa, pensamos y analizamos todos los puntos. Mandamos el proyecto, quedamos preseleccionados, luego empezamos a pasar etapas, nos fueron a visitar a la casa dos veces, tuve una entrevista con una psicóloga y unos test. En todas las etapas fuimos contagiando con la idea y nuestra energía hasta que por fin, quedamos seleccionados… Que alegría nos dio. Tendríamos por fin el dinero para empezar nuestro negocio, pero uf… uf… ahí llego la burocracia. El tiempo pasaba y el fondo en dinero no llegaba. Nos empezamos a desesperar. Luego de un día para otro nos llama una empresa intermediaria quienes serían los que nos entregarían los fondos y revisarían todo el desarrollo del proyecto.

Bueno, fue una etapa difícil, desgastante, engorrosa, lenta, hasta desagradable, pero lo logramos y a pesar de todo lo que costó estoy demasiado agradecida de la oportunidad que ese fondo concursable nos dio. Pudimos formalizar nuestro negocio y en el camino conocimos gente demasiado hermosa, que hizo un trabajo maravilloso junto a nosotros. Todos ellos se esforzaron en potenciar y embellecer cada una de las aristas de esta idea: la imagen, el diseño, la contabilidad, el proceso de trabajar y mezclar el chocolate en sí mismo y con otros productos para lograr sabores maravillosos.

Al momento de elegir un nombre para nuestro proyecto, aparecieron varias opciones. Sin embargo, había una inspiración tan potente detrás, que el nombre que más nos convenció fue Liberté Chocolat. ¿Por qué ese nombre?. Bueno, decidimos que fuera una palabra en francés porque utilizaríamos materia prima directamente de Bélgica, aquel país lejano que tan maravilloso nos pareció en términos de chocolate. Y, ¿por qué la palabra libertad? por dos cosas: primero, deseábamos que quienes probaran nuestros productos, hicieran una pausa en su día ajetreado, rápido y rutinario, para trasladarse en a los confines del sabor y el placer, dejándose llevar por la endorfina y felicidad que te entrega el sabor delicioso del chocolate. Y segundo, por las ansias que tenemos de liberarnos del trabajo tradicional y dependiente, y hacer crecer nuestro propio sueño tanto que nos permita vivir de él. Es decir, queríamos que nuestros clientes sintieran un momento de libertad en su día, y nosotros liberarnos junto a ellos, ojalá para siempre.

Una vez finalizado el proceso del fondo concursable, queríamos que la chocolatería se volviera más profesional y necesitábamos un lugar para trabajar. Nos cambiamos de casa a comienzos de año para poder tener un espacio para fabricar y tener un punto de venta.

Empezó otra etapa difícil, donde mi sueldo como trabajadora dependiente se iba casi en su totalidad a pagar cuentas y solventar la idea loca que se nos había ocurrido. Debía mantenerme trabajando para poder financiar la chocolatería, ya que un sueldo fijo nos permitía invertir en ella, teniendo la confianza del dinero fijo a fin de mes.

En la oficina me pasaba día tras día revisando papeles y haciendo un trabajo mecánico que al final del día se transformaba en cansancio y mal humor. A pesar que a ratos me deprimía no poder “disfrutar” de lo ganado, me animaba la idea de pensar que estaba construyendo un sueño, y que el dinero finalmente es un medio y no tenía que ser un fin en sí mismo.

Con el paso del tiempo, de forma rápida sin duda, la chocolatería empezó a crecer, y de a poco ha empezado a solventarse económicamente.

Tengo un compañero de Universidad, Hans, quien también tiene un emprendimiento, él y su grupo de compañeros Kikin, Daniel y Diego, tuestan café. Se llaman We Are Four. Debo confesar que ellos han sido muy generosos con nosotros, nos han apoyado, compartido clientes, y traspasado un montón de buena onda y energía. Gracias a ellos en parte nos dimos cuenta de que en las cafeterías había un espacio para nosotros: el chocolate caliente.

Observando el mercado de las cafeterías, recordé: en los cumpleaños de mi familia, especialmente de los niños, siempre ha existido chocolate caliente. Se me ocurrió unír esa receta familiar traspasada de generación en generación entre las mujeres de la familia, con el chocolate belga que nosotros ocupamos, lo probamos en una máquina de espresso y creamos nuestro principal producto de estos días. Fue un éxito, a las cafeterías les ha encantado.

Con Gaspar sé que somos un equipo compatible que llegará lejos. A pesar de tener distintas personalidades, sensibilidades y reacciones frente a las cosas, él además de ser el socio fundador de Liberté Chocolat, es mi compañero de vida. Mientras hayan sueños de por medio, sé que seremos una pareja infalible, porque cuando se nos ocurre una idea nos impulsamos mutuamente y cada uno aporta sus capacidades en construir.

Yo soy la mente creativa, quien ordena las formas y la estructura, Gaspar ha sido la mano armada de la chocolatería, fabríca, despacha pedidos, tiene reuniones con compradores, luego en la noche se va a estudiar. El buen trato y simpatía que tiene lo ha hecho ser muy apreciado. Yo siempre admiraré su ímpetu y ánimo al construir este proyecto. Ha sido un excelente compañero de cruzada.

Por supuesto que nada sería posible sin la ayuda y apoyo constante de nuestras familias y cercanos. En nuestra primera feria llegaron todos a colaborar, ¡oh!, que felicidad sentí cuando éramos el stand más concurrido, y todo gracias a ellos. Nunca olvidaré aquella feria por el éxito que significó, ni a todas las personas que de alguna u otra forma estuvieron ahí, apoyándonos.

Una mentalidad abierta, la creatividad y nuestro impulso joven es lo que nos mantiene dando la pelea día a día. Emprender implica esfuerzo y sacrificio, es cansador y desgastante pero es un camino hermoso, de mucho conocimiento externo e interno.

Tenemos mucha energía y esperanza puesta en Liberté Chocolat. Creemos en nuestra cruzada de “democratizar el chocolate” y en la calidad de nuestros productos. Sabemos que llegaremos lejos porque nuestro sueño es grande. Soñamos a Liberté Chocolat, soñamos con la libertad que significa y sabemos que “si el plan no funciona, cambiaremos el plan pero nunca la meta”. Más que ver para creer, hay que creer para ver.

HOUSE, TECHNO & DJS

mPor Mato Gutmeister

 

DJ, productor musical y diseñador gráfico.  Forma parte del Crew de Djs “Future Bass” junto con Andy, FLow, y Vj Soltao.

 

 

 

 

 

 

 

In the beginning, there was Jack, and Jack had a groove.
And from this groove came the groove of all grooves.
And while one day viciously throwing down on his box, Jack boldy declared,
“Let there be HOUSE!” and house music was born.   
– “My House” Chuck Roberts

 

Cuando niño, el primer sentimiento, por lo menos en mi caso, que soy modelo 85, fue sentir los latidos del kick retumbar con intensidad en mi pecho. Más precisamente, en el área del corazón. Esa fue, la primera vez que escuché música electrónica techno en un sistema grande de sonido. De inmediato pensé y sentí “esto es de lo más emocionante que me ha pasado en la vida” y, también, ese latido, esa vibración, me contactó mucho con mi yo interno hasta imaginarme primitivo. Desde ese momento, supe que la música techno iba a ser muy importante para mí.

Muchas personas dicen que es una sensación bastante intensa y hasta violenta, si se puede llamar así. Están en lo cierto, ya que este latido o beat nos recuerda el primer sonido que escuchamos cuando nuestras células alcanzan el mínimo nivel de conciencia auditiva: el latido del corazón de nuestra madre. No en vano, los tambores y sonidos percutidos graves nos conectan con este mundo interno, en donde, incluso, perdemos “la razón” y entramos en la zona de sentir y recordar esa etapa lejana.

Este artículo explicará brevemente un fragmento de la música electrónica de la rama house y techno. Conforme un tema crece, se va especificando cada vez más. Es el caso de la música electrónica, la cual nunca ha podido ser “encasillada”, ‘metida en un solo recipiente’. Iremos por la rama de la música bailable de club o discoteque.

La música grabada cambió al mundo. Durante la Segunda Guerra Mundial, no era posible reunirse a escuchar bandas o músicos en vivo. Por lo tanto, comenzaron a proliferar los “pone discos” tanto en fiestas como el en lugares públicos.

En Francia se acuñó el término discoteque, proveniente del neologismo ‘discoteca’, acuñado para significar ‘donde se pueden encontrar colecciones de vinilos (discos)’. Sin embargo, no era un lugar fashion ni de moda, más bien, eran centros de reunión de la resistencia. Eran clandestinos, no se requería una entrada costosa o trajes de diseñador para pertenecer al “club”. Poco a poco, la idea de celebrar esas reuniones se fue sofisticando y transformando más hacia el sentido de un lugar de fiesta. Varios dueños de bares comenzaron a introducir más elementos festivos. Entonces, la gente comenzó a vestirse a la moda para ir a las discoteques. Este fenómeno se dio paulatinamente en Inglaterra y otros países de Europa.

La idea de bailar con discos reproducidos, escogidos por cualquier persona que trabajara en el bar, incluso el electricista o el conserje, comenzó a hacerse muy popular. Tal es el ejemplo del lugar en París Chez Regine, cuya dueña, durante las primeras noches, ponía letreros de “no hay espacio, agotadas las entradas”, para que, en ocasiones venideras tuviera full house.

El jazz fue el principio de toda la movida. En Nueva York el jazz proliferó con locura. También comenzaron a llenarse los lugares de moda; súmese a esto, la incursión de la radio como medio difusor de la música popular, pues, en Europa recuérdese que ese medio se utilizaba principalmente con fines políticos.

Como en Estados Unidos la radio continuó con esta orientación (a pesar de las muchas demandas y los pleitos legales de las disqueras, porque no les parecía buena idea sonar sus tracks en la radio), la industria de la música se desarrolló de manera más fluida. Aunque no tanto, las discoteques como en el inicio en Europa.

Sea por el medio que fuere, el público reaccionó desesperadamente por más música bailable, más fiestas, más lugares clandestinos y más records. Resultaba sorprendente cuán importantes se volvieron los coleccionistas de discos. Aquel que tuviera las piezas más raras, era aclamado por la audiencia. “Vamos esta noche a … porque tal persona estará poniendo su colección de discos”.

Esto fue así alrededor de los años 50. Ya en los 60, con la aparición del twist, hubo aún más furor, puesto que este nuevo baile (visto muy mal por los ingleses, al principio) impasible y vulgar, proveniente de los barrios bajos del Nuevo Mundo, se volvía cada vez más popular entre la gente joven.

Como siempre los lugares iban y venían, pasaban de moda y otros aparecían. Pero la figura de esa persona que ponía discos, cada vez más comenzaba a dominar las escenas. Además, se había liberado el baile con el twist, en el cual no se necesita pareja de baile ni saberse ningún paso.

Con la llegada de los 70, el disco hizo su aparición: esferas de espejos, plataformas y colores intensos. Todos hemos querido bailar, alguna vez, en el suelo de mosaicos de luces.

La cultura gay ha sido pionera en el surgimiento de las discoteques, Djs, y clubes. Como dijimos anteriormente, todo comenzó por los records de jazz, hechos por afroamericanos, en su mayoría. Añádase, ahora, la aparición de los lugares gay, que comenzaron a hacerse populares. Muchas celebridades visitaban frecuentemente los clubes. Tenían un ambiente mucho más liberado, menos hostil y “podías ser tal y como vos eras”.

La escena gay continuaba marcando tendencias. En estos lugares la gente coreaba las canciones, gritaba, bailaba y vivía un ambiente que era difícil de encontrar en otro tipo de lugares. Entonces, los clubes comenzaron a ponerse aún más de moda, como es el caso de Paradise Garage en Nueva York.

Había un público mayoritariamente masculino y afrodescendiente. También varias drogas, como el alcohol y los ácidos, se unieron al furor en la ciudad de la gran manzana.

El origen de esta revolución urbana se descubre, sin embargo, no en las calles sino en el laboratorio de sonido, con la invención del oscilador de ondas, aparato que genera infinitamente una onda de sonido. La onda más básica es la curva o sinusoidal y suena parecido a un clarinete. Luego, estos osciladores se unieron con otros para crear diferentes ondas, al mismo tiempo, en diferentes frecuencias y, así pudieron reproducir acordes y armonía. Se “complicaron” o se enriquecieron un poquito más, uniéndose a un teclado, que tenía filtros como Hi pass y Low pass, efectos que desfasan la onda (flanger, phaser), un control de volumen con “attack, decay, sustain y release”… Y ¡boom!, obtuvimos el sintetizador.

La llegada del “house o “warehouse

Temas como Your Love de Frankie Knuckles (1955-2014), Pump up the Volume de MARRS, o Theme from S’Express de S’Express marcaron el inicio de la música house. Este género tiene influencias de estilos como el synthpop, el electro, el disco, R&B, soul, jazz, etc. Se basa en la estructura rítmica del disco, con el bombo marcando cada tiempo, pero más minimalista y electrónico. Se caracteriza por líneas de bajo predominantes, teclados y sintetizadores, voces o samples, efectos y sonidos como white noises, reverbs, delays y flangers.

En Detroit se estaba desarrollando paralelamente el estilo techno, acuñado desde la frase techno rebels, proveniente del libro ‘La Tercera Ola’ del sociólogo estadounidense Alvin Toffles, 1979. No en vano, el autor explica que la tercera oleada está basada en computadoras, tecnología, sistemas y formas de vida.

La ciudad de Detroit posee ciertas características industriales, ello propició la aparición de la música techno, que se diferencia del house por ser más “minima”, más oscura y con un sonido menos disco.

En Berlín se desarrolló el techno enormemente, casi en paralelo con Detroit. Mientras que, en Inglaterra, surgían los animadores “MC’s”, el house garaje y el drum & Bass, proveniente de la mezcla con música jamaiquina y sus soundsystems. Kraftwerk, Juan Atkins, Cybotron, Uderground Resitance son exponenetes importantes del primer techno estilo Detroit.

No duró mucho en exportarse a Europa, donde también fue un boom y comenzó a mezclarse con otros estilos, en distintas ciudades. Así surgen géneros como el UK garage”, drum & bass, minimal Techno, hardcore, etc. Inglaterra, Alemania y Bélgica fueron países donde las discotheques marcaron historia.

El sonido de Bélgica tiene un gran protagonismo en el techno de los 90. Se basa en sintetizadores con sonidos tipo hoover, con stabs pesados y estridentes, más la percusión típica del techno. Esto era el tiempo del “rave”.

Actualmente, es un movimiento mundial que posee cientos de géneros y estilos. Desde los bailables hasta otros no tanto. Tenemos la rama tropical-latina como la cumbia electrónica, el techno latino, el tropical bass, etc.

El surgimiento de la música house fue un boom. Con pocos elementos se puede hacer un excelente track de house o techno. No es necesario hacer virtuosismos rítmicos o armónicos. Lo más importante es el manejo de la energía en la pista de baile. Por estas y otras razones, mucha gente comenzó a hacer records de house. Ya que podías conseguir tu máquina de ritmos o drum machine (Roland 808, 909, 707), un bassline synth (clásico Roland TB303), sumarlos a un teclado, conseguir unos cuantos samples (provenientes de otros cds o discos) y comenzar a hacer un track.

La eficacia de la música house, y especialmente el techno, se basa en la simpleza de elementos. Cuando las personas están en una pista de baile, no solamente están escuchando la música, están (preferiblemente) bailando, socializando, tomando, etc. Hay muchos elementos que coinciden al mismo tiempo, por lo cual, un buen track tiene que ser claro, simple pero fuerte. Con un gancho o hook que sea fácil de reconocer, para que, en pocos compases y pocos segundos, la audiencia pueda hacer “suyo” el tema y bailar, en espera del próximo track y, así, sucesivamente, hasta alcanzar niveles extáticos.

No en vano, muchos músicos convencionales, han criticado estos estilos de música con juicios de valor como “es música muy sencilla”, “no tiene elementos, no tiene armonía” o “la computadora hace la música, no el humano” y, en fin, tantos otros prejuicios basados en una idea de música más rebuscada o virtuosa.

Lo cierto es que esta música ha sido un fenómeno histórico y mundial que parece no pasar de moda, y que está ocurriendo en este preciso momento.

“At this very moment people are still having sex”

La tour.

* (Tracks de Mato Gutmeister en https://soundcloud.com/gutmeister_and_mato)

VIAJAR: DE PASIÓN A PROFESIÓN

Simone

 

Por Simone van der Graaf

Travel and Lifestyle Consultant / American Express

 

 

 

 

 

 

 

 

Viajar, sea lejos o cerca, es sin duda alguna lo que en gran medida mantiene apasionada mi vida.

Tengo 28 años y la fortuna de haber visto innumerables países, culturas, paisajes y distintas formas de vivir la vida. Mi amor por viajar comenzó cuando estudié Negocios e Idiomas en Amsterdam y tuve que hacer un minor en el extranjero. Quería estar lejos de Europa, sabiendo que con el apoyo de la Escuela estaría en un ambiente seguro. Mirando hacia atrás, fue un gran paso y estaba realmente nerviosa.

Chile terminó siendo la mejor experiencia que pude haber tenido. Conocí personas agradables, tanto extranjeras como personas que viven en tan hermoso país. Ví esos siete meses como una oportunidad para conocer cuanto fuese posible y aprender del país pero también, de mi misma: me desafié a viajar sola con el propósito de conocer – y dejarme conocer – por distintas personas.

Han pasado 8 años desde entonces y creo que he tomado cada oportunidad para explorar más: haciendo una estancia en París, trabajando en voluntariado en el extranjero y trasladándome a Bruselas para mi primer empleo. Aunque mis sueños son grandes y soy independiente, soy extremadamente cercana a mi familia, a mis amigos y realmente disfruto de las pequeñas cosas de la vida. En mi opinión, este último punto es verdaderamente importante: puedo ser igualmente feliz yendo en bicicleta a un lugar desconocido, no lejos de donde vivo y hacer un picnic, como probar 3 diferentes exóticos platos en un país lejano. La gran diferencia reside en que cuando viajas a un nuevo país, necesariamente debes conocer a las personas que viven en dicho lugar. Y cuando estás en el extranjero por un periodo largo, comienzas a ver cada vez más las diferencias entre las normas y principios en relación a tu propia cultura.

Uno de los mejores cambios, en comparación hace 10 o 15 años atrás, es que si no puedes viajar a otros países, otras personas visitarán el tuyo, lo que enriquece la posibilidad de tener amigos de distintas partes de mundo. La cultura, en gran medida, es como se forja la amistad.

Ahora bien, ¿cómo mi experiencia viajando y conociendo diferentes culturas ha influenciado en mi vida profesional?.

Soy de Holanda, pero desde hace dos meses, vivo en Brighton, UK. , una ciudad llena de vida junto al océano, donde vine para un nuevo trabajo. Comencé a trabajar como “Travel and Lifestyle Consultant” para American Express, y estoy muy feliz de que mi trabajo se relacione con lo que más amo. Sin embargo, mirando hacía atrás, no todo ha sido sencillo.

Mi primer trabajo en Bruselas fue en el mundo de la moda. 1 año y medio. Se me dificultó en ese entonces conocer personas, por lo que pronto comencé a pensar en un nuevo trabajo.

Entre Bruselas y mi trabajo posterior en Holanda, comenzó la crisis Europea. No pude encontrar trabajo por un par de meses y mientras estaba en el extranjero tuve que reiniciar mi vida en Holanda. Volví insegura. Finalmente, obtuve un trabajo en marketing online para la industria del viaje. El área me gustaba; el trabajo no. Pronto aprendí, de la manera difícil, que desafortunadamente siempre hay personas que te quieren hacer la vida más compleja.

Luego obtuve un trabajo como “Product Maker” en un start up en Europa. Un consejo que puedo darle a cualquiera que busque un nuevo trabajo: se deben explorar todos los contactos, ya que la red de los mismos es mucho más amplia de lo que puedas pensar. Volviendo al trabajo, sentí que estaba volviendo a estudiar. Jóvenes de todo Europa trabajando en un ambiente informal. Mi trabajo era muy creativo por cuanto creaba todos los travel deals por mi misma.

Como en todos los trabajos, es importante mantenerse motivado. Después de un tiempo, empecé a pensar en vivir nuevamente en el extranjero. ¡Una nueva aventura!. Me tomé un par de meses para disfrutar mi libertad y pensar en dar el siguiente paso.

Estaba sin trabajo nuevamente, pero aprendí de mi experiencia en Bruselas y estaba determinada a no preocuparme.

Entonces, ¿cómo terminé en Brighton?. Debía postular a determinados trabajos cada mes. Postulé entonces al cargo de Relationship Manager para American Express. Al día siguiente, recibo una llamada que siguió a una entrevista. Era una gran oportunidad. No obtuve el trabajo… sin embargo, me preguntaron si estaba dispuesta a hacer un trabajo similar en Brighton, lo que fue incluso mejor.

Ahora puedo utilizar toda mi experiencia para aconsejar a los titulares de tarjetas de American Express en sus viajes y reservar increíbles viajes para ellos. Dada mi experiencia laboral me he vuelto muy realista y tomo las cosas como vienen.

Como American Express es una compañía internacional y trabajo en una de sus oficinas centrales, me relaciono con personas de diferentes países. Me siento afortunada de vivir en un ambiente internacional durante todos los días del año.

 

LA INGENIERÍA FORESTAL Y SU ENFOQUE SOCIAL

Francisca Ruiz GozalvoPor Francisca Ruiz Gozalvo
Ingeniera Forestal, Universidad de Chile
 Se ha desempeñado como investigadora del Proyecto CONAF 006/2013, Programa de capacitación y transferencia para una mejor aplicación de la Ley 20.283, dirigido a pequeños propietarios forestales de la VI Región y desde septiembre de 2016 investigadora del proyecto CONAF 005/2016.

 

 

Cuando se me solicitó escribir este artículo, no lo dudé en ningún momento, sin embargo me generó una gran ansiedad pensar sobre ¿qué podía escribir?, tenía que ser algo que fuera interesante acerca de mi profesión, es así como dándole muchas vueltas al asunto recordé haber escuchado una vez que “uno debe escribir acerca de lo que sabe”. Esto es lo que yo sé.

Me remonto al año 2003, específicamente Diciembre, era una joven de 17 años, con la misión de escoger la carrera profesional que definiría el resto de su vida, nunca pensé que al escoger la carrera de Ingeniería Forestal, ésta me llenaría de más satisfacciones personales de las que pude llegar a imaginar.
Sin tener mayor conocimiento de la carrera, aparte de que tendría numerosas “salidas a terreno” y haber escuchado en innumerables ocasiones como comentario colectivo, que los forestales son “corta palos”, inicié mi senda del estudio con bastante éxito pero sin claridad de cuál sería el área en la que me desarrollaría, hasta que en el año 2007 tuve mi primer acercamiento concreto a lo que hoy en día es mi gran pasión.

Cursando la asignatura llamada Planificación Participativa, tuve la oportunidad de convivir con comunidades Pehuenches de la Región de la Araucanía, la actividad duró una semana y si me preguntan hoy en día ¿qué proyecto elaboramos en base a esa salida a terreno?, la verdad es que no lo recuerdo, sin embargo recuerdo con alegría la posibilidad de compartir mis conocimientos técnicos con estas familias , además de conocer acerca de su cultura , sus problemas y aspiraciones , de aquella bondad infinita y esa hospitalidad que se ha perdido en la gran capital .

Fue en aquella salida a terreno en donde supe que mi elección de ser Ingeniera Forestal, era la correcta, que quería y podía poner mi conocimiento a disposición de aquellas personas que lo necesitaran, para contribuir a iniciativas que fueran en beneficio tanto del recurso forestal como de las comunidades que lo poseían, elaborando proyectos factibles tanto en lo social como en lo económico y ambiental que surgieran de sus necesidades e intereses.

Con el transcurso de los años me di cuenta de que la preocupación por el medio ambiente y por la destrucción de los bosques nativos de Chile había crecido considerablemente en la sociedad nacional. Por otra parte, la pobreza rural y la falta de oportunidades económicas concentradas tanto en las zonas indígenas como campesinas, seguía siendo uno de los principales problemas sociales del país. Sin embargo, estudios, proyectos y políticas públicas que abordaran la relación entre las comunidades y los bosques nativos y la importancia de éstas, seguían siendo escasos por no decir inexistentes.

Los pequeños propietarios de las zonas rurales, como todos nosotros, necesitan recursos naturales, financieros, humanos y sociales como base para sus medios de vida, así como de políticas locales y nacionales favorables para mejorarlos. Es así como los recursos forestales continúan desempeñando una función vital para las poblaciones rurales y son un complemento al ingreso económico que generan las actividades agrícolas, sin embargo en la actualidad los bosques no son considerados como activos relevantes en las políticas orientadas a la superación de la pobreza en zonas rurales, el fomento productivo en estas áreas se encuentra focalizado hacia las actividades agropecuarias.

En mis salidas a terreno he podido comprobar que las comunidades rurales poseen un vasto conocimiento adaptado a las condiciones locales, que permiten mantener la productividad de sus bosques. Sin el tecnicismo que poseemos “los forestales”, estas personas nos dan cátedra identificando perfectamente las especies que componen sus bosques, las enfermedades que los afectan y las variaciones que el paisaje forestal ha sufrido con el trascurso de los años. Dando cuenta así de la estrecha relación que tienen con su recurso, situación a la que ni ellos mismos han asignado la importancia correspondiente.

Las mujeres y hombres, jóvenes y adultos mayores, aportan una diversidad de habilidades y experiencias prácticas respecto a cómo gestionar los paisajes forestales para proporcionar una mezcla diversa y equilibrada de bienes, servicios y usos. Sin embargo, si no se protegen sus derechos legales, si sus productos carecen de acceso a los mercados, si los incentivos financieros o las políticas vigentes son desconocidas o fomentan el uso excesivo y la degradación de sus paisajes, generarán un aumento a las presiones económicas sobre estas comunidades, fraccionándolas y desvalorizándolas.

Es importante incentivar a las comunidades para que adopten prácticas que permitan el uso sustentable de los bosques, esta medida tan esencial , pero impensada por algunos tiene un trasfondo mayor, ya que permite ayudar a amortiguar los efectos de las presiones antrópicas sobre el recurso forestal, es así como surge la conservación comunitaria, la cual plantea un cambio en el estilo de conservación, centrado en los habitantes locales, bajo la premisa de que “son los actores que conviven y utilizan el recurso los más indicados para encargarse de su protección”, es en este contexto cuando uno puede hacer la analogía con el diario vivir, cada persona siempre cuidará con especial atención aquello que le genera un beneficio y es de su propiedad.

El uso sustentable de los bosques que se encuentra en posesión de las comunidades rurales requiere de una gran diversidad de conocimientos tanto por parte de la gente local como de los ingenieros forestales que trabajamos con ellos. Es necesario integrar nuestros saberes técnicos con los locales o tradicionales, en el caso de los países en vías de desarrollo como es el caso de Chile, la tendencia es a reconocer y premiar el conocimiento formal (técnico), invisibilizando y desconociendo el conocimiento tradicional, específico y local, siendo común la práctica de promover desde afuera la creación de organizaciones para la implementación de programas y proyectos, lo que ha generado una debilitación de los sistemas locales de organización y toma de decisiones. De igual manera, se ha subestimado la importancia de las organizaciones territoriales. En un aprendizaje de este tipo no es tan importante la cantidad de organizaciones presentes ni su especialización, sino la calidad, representatividad y permanencia en el tiempo. En función de lo anterior es que se debe orientar a que el personal técnico de las instituciones tanto públicas como privadas, que deseen iniciar procesos de desarrollo forestal comunitario tengan en consideración el desarrollo de enfoques rurales participativos, que son la base para que tanto proyectos como programas públicos se desarrollen de manera exitosa y puedan prevalecer en el tiempo ,cumpliendo el objetivo de “mejorar la calidad de vida de las personas mediante la utilización sustentable de los recursos”.

En este contexto, es necesario realizar en los paisajes forestales rurales un proceso de transferencia tecnológica, a las comunidades locales y con éstas, con el fin de optimizar el trabajo en el bosque nativo basándose principalmente en sus experiencias personales, pero también dando un enfoque diferente que permita un máximo aprovechamiento del recurso forestal y de manera sustentable. Son pocas las iniciativas de este tipo, sin embargo puedo mencionar el proyecto “Programa de capacitación y transferencia para una mejor aplicación de la Ley 20.283, dirigido a pequeños propietarios forestales de la VI Región” del cual fui investigadora durante su ejecución, este proyecto no solo fue mi trabajo soñado, ya que me permitió desarrollar los aspectos sociales de mi profesión, sino que también me permitió observar las carencias existentes en el fomento de la relación entre comunidad y bosque nativo.

Iniciamos (hablo en plural porque fui parte de un equipo que permitió el desarrollo exitoso de esta iniciativa) actividades en 2013 con pocos recursos pero mucho entusiasmo comenzamos a levantar la información requerida en terreno para dar inicio al proyecto, no fueron pocos los obstáculos, pero las satisfacciones personales superaron cualquier inconveniente con creces.

Lamentablemente pudimos constatar la lejanía existente entre el propietario rural del recurso bosque y la Corporación Nacional Forestal (CONAF), por consiguiente reinaba también un gran desconocimiento en relación a la Ley 20.283 de Recuperación del Bosque Nativo y Fomento Forestal, la que correspondía al eje central de nuestro proyecto.

Nuestra labor en terreno permitió caracterizar no sólo el recurso existente en la región de estudio, sino que también al tipo de propietario que lo posee, dando cuenta así del deterioro del bosque nativo y del envejecimiento de sus propietarios.

En función de lo anterior es que teníamos un gran desafío , debíamos idear la manera de motivar a los pequeños propietarios del bosque nativo de la Región del Libertador Bernardo O´Higgins a ser parte del proyecto y además capacitarlos en relación a todo lo que concernía a la Ley 20.283, es por esta razón que realizamos varias charlas informativas, las que fueron previamente validadas con líderes locales y representantes de instituciones territoriales (Municipalidad, CONAF y el Programa de Desarrollo Local), entregamos material didáctico el que fue diseñado de tal manera que aquellos propietarios que no supieran leer y escribir pudiesen entender los conceptos expuestos en función de los dibujos asociados y así evitar una barrera de participación en las capacitaciones.

Nuestro mayor orgullo fue ver que los asistentes participaron activamente de las actividades realizadas, manifestaron sus dudas, generaron espacios de discusión, se motivaron a ser beneficiarios de la Ley 20.283, generaron redes de contacto con personal de CONAF y por último pero no por eso menos importante se dieron cuenta de lo esencial que es su participación a la hora de cuidar y recuperar el bosque.

Esta es una instancia que permitió el acercamiento entre bosque y sus políticas públicas con la comunidad, con este tipo de iniciativas podemos generar conciencia en la comunidad, haciéndolos partícipes del proceso recuperación del bosque nativo del país.

CAFÉ DIARIO

Foto por Escritos Crónicos

Foto por Escritos Crónicos

Por Hans-Christian Bevensee
Cofundador y CEO de We Are Four Coffee Roasters. Egresado de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile.

Cuando me pidieron, hace algunas semanas, que escribiera una columna sobre cómo había llegado a ser tostador de café, no dudé en ningún momento en aceptar el desafío. Sin embargo, al pensar el modo de abordar una especie de biografía en torno al café, me fui desmotivando poco a poco, al no encontrar el hilo conductor para darle una estructura coherente y lógica a este relato. Con el tiempo, me imaginé que la única forma de empezar todo era por el principio.

Creo que, en no pocas ocasiones, las pasiones se transmiten como el oficio, de padre a hijo, generación a generación. Mis primeras aproximaciones al café, tienen que ver con esto, con el querer imitar a Osvaldo que sagradamente tomaba el café de la mañana. De a poco y después de mucho molestar a Emilia, conseguí que me dejara poner “una puntita de la cuchara chica” junto con las dos cucharadas de azúcar a la leche del desayuno. Entre mi café con leche de la mañana, el uniforme de caballerito que nos hacían usar y el engominado hacia la izquierda, me sentí siempre un adulto más en la casa. Pasaron los años, se fue el engominado a la izquierda, llegó el engominado hacia arriba, cambiaron las camisas por poleras, y por supuesto, creció la cucharada de café en las mañanas, ahora antes del liceo y ya no del colegio.

Me acuerdo que ya en segundo medio, los compañeros del Instituto Nacional, vendían desayunos en los recreos para financiar las artes oscuras típicas de los Institutanos, cuyo recuerdo no viene al caso. Los cafés salidos de thermos, servidos en vaso de plumavit, eran un lujo para los pupitres de madera tallada a mano por los mismos alumnos, las salas que se llovían y los olores propios de tener a 45 (pre) púberes en una sala de 5 x 5. Me acuerdo también, que ya con 15 años, me juntaba después de clases con Osvaldo a almorzar y a tomar un café. Normalmente, almorzábamos en El Parrón de Providencia y nos tomábamos un café en el Normandie, ahí al lado del Teatro de Coco Legrand, donde a veces me tocó estar al lado de él, que siempre estaba conversando con Jaime Azócar, supongo que preparando algún diálogo o distrayéndose de sus rutinas acompañados de un café. También íbamos a La Escarcha de Manuel Montt, ahí conocí a Elías Figueroa, que asumo se juntaba, taza a taza, a recordar aquella campaña del Palestino del 78′. La última vez que vi a Osvaldo, fue justamente en la esquina de Manuel Montt con Providencia, nos despedimos después de un café en el Normandie y tomé el metro sin saber que sería la última vez que lo vería. Obviamente, no volví a entrar a ninguno de esos lugares. De hecho, la remodelación del metro Manuel Montt fue una excelente manera de disociar esa esquina de la muerte del que fue mi padre.

Al mes siguiente de la muerte de Osvaldo me fui a Alemania, o me llevaron mejor dicho. Allá el café era más que un gusto, una necesidad. El esperar el tren desde Lörrach al Gymnasium con -8 grados, o el tren de Weil am Rhein hacia Efringen-Kirchen para jugar fútbol después de clases, o el tren a Freiburg para ir al Konzerthaus y cumplir mi obligación de estudiante de música de asistir mensualmente a conciertos, de piano o de la filarmónica de Freiburg, requirió más de un café para los traslados. Allá cambié el Nescafé instantáneo por el Krüger liofilizado, para el año 2004, un salto enorme. Luego de tres años fuera de Chile, volví sin terminar mis estudios de música, por lo que el ministerio de educación no me reconoció mi enseñanza media y tuve que volver a cuarto medio en el Instituto Nacional. Mis antiguos compañeros de generación ya habían egresado, por lo que me tocó estar un año complejo, plena Revolución Pingüina, con compañeros nuevos. Dentro de toda la gente que conocí ese año, conocí a Enrique, el que con los años se transformaría en mi socio.

Ya en la Universidad el café se transformó en mucho más que un producto, corría el 2007 y comenzó el boom del café en grano en Chile. Llegaron las grandes cadenas de cafeterías comerciales, que aunque a muchos no les guste reconocerlo, fueron las que aplanaron el camino al café de especialidad en Chile. Como todo lo nuevo, las grandes cadenas atrajeron bastante gente al rubro. Ya sea por amor al café, por querer conocer cosas nuevas o por la necesidad que tenemos en este país de aparentar que estamos a la vanguardia en todo, la cafetería con los nombres en el vasito, y la foto de los mismos, se hizo un imperdible de la ruta del galán universitario. Hasta hoy, ya casi diez años después, me es imposible pasar por fuera del Dunkin’ Donuts de las Urbinas sin acordarme de Constanza, del Juan Valdés de Providencia sin acordarme de las conversaciones interminables con Bárbara, y bueno, no voy a negar que empecé la relación más importante de mi vida en el Starbucks de Pedro de Valdivia, una tarde fría en que esperando media hora a Valeria, recibí el mejor consejo que he recibido. Pasó el profesor de Tributario, don Eduardo Morales, y al verme esperando, me dijo: “¿espera a una chiquilla?” . “Obvio”contesté. Le dije que la invitaría a tomar un café a Starbucks y replicó: “ese es un café caro, mínimo unos 3000 pesos por café, y obvio que se van a comer algo, mínimo unos 10 mil pesos en total, pero ¿sabe qué? lleva media hora esperando, y los 10 mil los va a recuperar, pero ese tiempo, es una inversión que no verá nunca más, le toca decidir rápidamente si valió la pena esa media hora, y hacer valer la inversión, o no volver a perder una media hora por esa chiquilla”. Eso fue el 17 de mayo de 2011, me encantaría poder encontrarme con don Eduardo y decirle que fueron las 10 lucas y la media hora mejor invertidas de mi vida, el frappuccino mocca que mejor recuerdo. Volviendo al punto, este tipo de cafeterías forzó a las cafeterías tradicionales a variar del espresso y el cortado, abriendo la puerta al mundo de la especialidad en Chile.

Acá es dónde entra Enrique nuevamente en la historia, resulta que mi amigo del colegio, aparte de estudiar Ingeniería, era barista. Enrique, para que entiendan, en ese entonces era un joven muy religioso, estricto y disciplinado, que no decía garabatos, ni bebía. Emil, en el mundo de la luz, y yo, un destructor de mundos, una especie de máquina para romper el cascarón de mis amigos. Es en ese contexto, que Enrique estaba iniciando un emprendimiento con un amigo, una pequeña cafetería de especialidad, en pleno Providencia, llamada Cofi. Con su socio, Franz Kromer, me contactaron para que yo pusiera mis estudios de Derecho en función de registrar su marca y permitirles expandir su negocio. En Cofi me enamoré del café. Lo que antes era un gusto o incluso necesidad, se transformó en pasión. Por eso, cuando Enrique salió de Cofi, ni siquiera tuvimos que conversarlo, al decirme que estaba viendo de qué forma seguir trabajando en el rubro del café, solamente le respondí, estoy contigo.

El tema era buscar la idea, no queríamos poner una cafetería para entrar a competir con los cientos que abren todos los días y cierran poco tiempo después. Se nos ocurrió comprar una tostadora de café para poder tener un café a nuestro gusto siempre. Entró Diego al negocio, nuestro socio capitalista y hombre de las finanzas, tomando fuerza lo que hasta ese momento era solamente una idea forjada con varias Coronado IPA del 202 de Lastarria en el cuerpo. Antes de que la idea se diluyera en buenas intenciones entró Daniel. Publicista, productor y socio de la cafetería Monti, que buscaba un proyecto distinto ya cansado de la rutina de las cafeterías. Pedimos una tostadora a E.E.U.U., máquina que demoró el doble de lo presupuestado en llegar a Chile. Creo que ese fue el período más difícil. Invertir y esperar que llegue tu máquina es una tortura, sobre todo cuando te dicen de 60 a 90 días y llega casi a los 180. El nombre, We Are Four Coffee Roasters, nació de la burla a los intrincados conceptos, y la excesiva utilización de apellidos, detrás de las cafeterías de especialidad. Creemos en lo bueno, pero en lo bueno sencillo, que es doblemente bueno. No creemos en baristas dioses, creemos en llevarle el café a la gente, como Prometeo, ojalá que con mejor destino. Somos cuatro tostadores de café, cuatro formas de ver el mundo y cuatro opiniones a la hora de tomar decisiones, lo que nos ha dado cierto equilibrio en la forma de llevar adelante el proyecto.

Si me preguntan ¿qué es para ti el Café? tendría que contestar que es amor. Amor, a la figura paterna, a los amigos con los que tengo un proyecto de vida, a la libertad de que tu hobby sea tu fuente de ingresos, a la autoconsciencia y a la mujer que amo. El café es bastante romántico, es un proceso dónde el grano no puede ser mejorado, sino que desde la planta a la taza solamente puede empeorar con un mal tueste, mala molienda o una mala preparación. El miedo diario a echar a perder una partida de café, debe ser lo más cercano a la sensación de estar enamorado. El tener algo tan frágil y con tan pocas probabilidades de éxito entre las manos y aún así seguir intentando obtusamente que funcione, es de enamorados y de baristas. El café es arte, es disciplina, es constancia, es amor y como tal, es la fuerza que mueve al mundo.

 

ADVERTENCIA CERVANTINA

 

"Visiones del Qujote" (Ocampo) / "Falstaff" (Von Grützner)

“Visiones del Qujote” (Ocampo) / “Falstaff” (Von Grützner)

Por Joaquín Trujillo Silva

Abogado. Investigador en Centro de Estudios Públicos

 

 

 

 

 

 

 

 

La locura es una verdad solitaria. Esta definición es tan alumbradora porque relativiza a la cordura en tanto recuerda lo gregario de su dominio.

Don Quijote —casi todos los personajes que lo rodean van diciendo cuando no pensando que está loco— es, primeramente, un viejo ridículo. La vergüenza ajena que nos hace pasar Cervantes es proporcional a nuestro sentido del ridículo, a nuestra cordura, que demoniza la locura, pero que otras veces le basta con despreciarla.

Pese a los adjetivos que Cervantes pone en la mente y en las bocas de los personajes que va encontrando el ingenioso hidalgo, pese a todas aquellas palabras que impresionan como juicio generalizado, Cervantes hace en esto una advertencia. Esa advertencia transforma a esos “pese” en un “porque”. En efecto, Cervantes pareció deslindar la gran advertencia que ni Aristóteles ni Kant se atrevieron a explicitar, quizá por complejo de visado en el reino de los prácticos por tanto cuerdos.

Cuando Don Quijote presencia el famoso discurso de la pastora Marcela (ante una manada de estupefactos varones en el capítulo XIV), es el primer momento de la novela en que su locura pasa de estar sola a hacerse acompañar. Quizá como nunca, reflejado en la excentricidad de Marcela, Don Quijote advierte a los amigos deudos de Grisóstomo que nadie debe culpar ni importunar a la pastora cuyas razones para considerarse inocente de esa muerte —recordemos que Grisóstomo se había suicidado al no verse correspondido en su amor por ella— han sido ofrecidas con una destreza poco habitual en los discursos del hidalgo. Marcela se llama a sí misma fuego y espada lejana. Ella no quiere quemar ni ser quemada. El Quijote defiende esta expresión de fe como si se tratase de la mejor versión de una que podría proceder de sí mismo. En esta oportunidad don Quijote no ha defendido a una ramera creyendo que era doncella. Ha defendido la realidad misma, que no es la realidad de ese realismo que se insiste en sugerir que significa Sancho Panza, sino, antes bien, la realidad de un ideal reconocible ante cuya fuerza el sentido del ridículo palidece y se vuelve el más ridículo de los sentidos.

La aparición de Marcela es fundamental; quienes exageran su importancia, aciertan. El binomio barroco Quijote/Sancho o Idealismo/Realismo (del cual se habló mil veces), es al costado de la pastora una síntesis floja de lo que puede tener forma de triada. En Marcela el ideal deja de cuadrarse ridículo para erguirse sublime. Mientras tanto el ridículo acompaña los excesos de don Quijote, toda su referencia a la derogada caballería, su estatus de hidalgo alfabetizado, con la desconfianza correspondiente que entre los analfabetos —como confiesa ser el mismo Sancho— despierta la ingesta de alimentos envenados. Recordemos la quema de novelas de caballería en el capítulo III, que interrumpe como triunfo de la sensatez, de la naturalidad (el criterio femenino del ama de don Quijote) por encima de los extremos a los que han llevado la lectura, la instrucción, la fantasía ociosa. Todo a instancias del cura amigo.

Puede también decirse que Cervantes fue más allá. Y es esto lo que debe llamarse la advertencia cervantina, para darle un nombre digno del Quijote.

El Falstaff de Shakespeare (personaje de The Merry Wives of Windsor y los enriques) fue ese gordo lujurioso, tallero y cobarde, ese flan liberal de pub que festinaba con el honor y que en la ópera de Verdi consiguió un aria referida a este asunto. Falstaff es sin duda la muestra simétricamente contraria al Quijote. Es un gordo —“pacífico” por cuanto gordo, como hubiese dicho Cervantes— calculador, divertido, burlesco; un Sancho Panza emancipado de sus funciones escuderiles, y que ostenta el título de Sir. Don Quijote es “enjuto de rostro”, alto, autoerigido como observante de las reglas de caballería, muchas de las cuales desprende de meras lecturas.

Pues bien, el “honor” que en Shakespeare ya se sabe a ciencia cierta un ridículo, en Cervantes todavía ha merecido una última indagatoria. Como una vieja moneda que está a punto de ser devaluada, quien la ha atesorado, la observa por última vez. Pues bien, Cervantes hizo de este acto de observación y despedida, una verdadera lectura de su tiempo, pero, además y principalmente, una advertencia para cuanto vendría después.

Transformado el honor en una verdad solitaria, en un tesoro que no es valioso sino para solo quien lo atesora, la lengua amenaza con volverse tan propia, tan ajena a la comunidad que —para decirlo en términos de Witgenstein— ya ni siquiera puede llamarse lenguaje. Este es el lenguaje solitario del honor, de la virtud quijotesca, que se ha despedido de su estatus para quedar relegada al ridículo, o algo aún peor, lo raro, lo absurdo, aquello que ni siquiera alcanza para causar gracia, que es, al final de cuentas, el aroma que deja el sentido del ridículo una vez ya ni siquiera abruma.

Cervantes no se compromete con su defendido. Su misma narración sindica al ridículo, promueve su ruina, ¿pero qué valor ve en esta forma del ridículo?

Cervantes dejó pulida cuanto pudo una advertencia, para que brillara en la mejor resolución de su condición de posibilidad. Esa advertencia puede resumirse así: la virtud, el honor, la justicia son asuntos ridículos, locuras que quizá alguna vez fueron corduras que gozaron de algún prestigio alrededor de los libros a que darían lugar. Caída en la desgracia del mero ridículo, quedará solamente la verdad a la que llaman realidad, una cordura cuyo único destino es empobrecerse hasta… También el sol está sólo entre los astros opacos.

DE CÓMO PERDIMOS NUESTROS TESOROS

Por Leonor Quinteros

Socióloga. Ex directora regional del Sernam.
* Reflexión sobre la película “La lección de pintura” de Pablo Perelman

 

 

 

 

La palabra “símbolo” proviene del griego, Symballein. Significa lanzar juntos, reunir, congregar. Su antónimo griego significa lo contrario: lo diabólico, lanzar lejos, separar.

Muchos pensadores y pensadoras han relacionado al ser humano con su creatividad simbólica. Esto es, la capacidad de aprehender la realidad a través de la transmisión de formas simbólicas; cuestión que llevó a G. Mead a pensar que los seres humanos somos, naturalmente, animales simbólicos. Somos animales simbólicos porque actuamos por sentido y significado en comunidad. Lo que hacemos en sociedad, todo lo que hacemos, incluyendo nuestros gestos, son símbolos, cargados de sentido y significado. Y es este sentido el que nos acerca y nos brinda conocimiento sobre la experiencia cotidiana inmediata.

Los símbolos nos unen en un mundo que está en constante vaivén entre los sagrado y lo profano, entre lo divino y lo tocable y besable. Los símbolos cubren huecos y quiebres que deja el desorden y la falta de comprensión en un mundo violento, cambiante, resbaladizo y tozudo.

Los amantes se acuerdan de su experiencia amorosa cuando escuchan una canción. Una paloma blanca es símbolo de paz, una bandera es símbolo de frontera. No importa cuan lejos estemos, no importa si pensamos cosas diferentes, no importa si soñamos un futuro diferente. Los grupos humanos se unen bajo los símbolos, cuando le dan su propio sentido a partir de su propia experiencia de vida.

Y ahora pienso que, quizás, todavía estamos inmersos en huecos y quiebres que cargamos desde el golpe de Estado de 1973. Quizás necesitamos construir símbolos que nos unan para entender lo que nos pasó como comunidad en aquel momento histórico. Quizás necesitamos crear símbolos para poder invitar a otras personas, sin importar su origen o forma de pensar, de entender la cruda realidad vivida tras el golpe, porque lo simbólico une.

Pero, ¿cómo construir símbolos?. El arte ofrece esa posibilidad a través de procesos creativos e intuitivos. La expresión artística tiene el poder de develar verdades para el que recibe la obra de arte, en este caso, el receptor, a través del singular fenómeno intuitivo que se da en la conciencia de quien la contempla. Si bien toda recepción estética está marcada por lo que el receptor espera de ella, lo expresado artísticamente, paradojalmente, no necesariamente es explícito y puede permanecer, incluso oculto.

Por ejemplo, la poesía no sólo es creación artística. También nombra y da vida a las cosas existentes. Por lo tanto, la poesía es parte de la visión de mundo no sólo existente, sino también, interpreta casi proféticamente nuevas visiones de mundo. La poesía es también un medio de transmisión de verdad, pero no una de carácter doctrinario, sino aquella que es vivencia y experiencia.

Es por esta razón que el arte nos ofrece la posibilidad de conocer la verdad sobre nosotros mismos y del mundo que nos rodea. El arte puede configurarse como contestatario y rebelde. No quiere aceptar la inmodificabilidad de la historia oficial, es decir, como un destino natural. No existe manera más intuitiva y revolucionaria que hacer política a través del arte. Las pruebas abundan, en la música, el canto, la poesía, la pintura, y también, el cine.

A diferencia de otras propuestas cinematográficas sobre el golpe de Estado en Chile, “La Lección de Pintura” nos ofrece por primera vez la posibilidad de entender simbólicamente el golpe de Estado y sus consecuencias. La postura política rebelde está presente en la cinematografía chilena, desde hace mucho tiempo. Se recurre, generalmente, a presentar la así llamada “realidad misma,” o, con más exactitud, a la “cruda realidad”: tortura, lugares de detención, cárceles, ostracismo e imágenes y relatos diversos contados por los propios protagonistas. ¿Pero es esa la realidad? La realidad humana colectiva es una construcción social, y por lo tanto, necesita, exige y demanda símbolos. ¿Qué símbolos hemos construido? ¿Estos símbolos, han ayudado a unirnos, tal como lo propone el symballein? ¿Hemos dado un paso hacia la universalización de nuestra experiencia?

A pesar que el Leitmotiv de la película no es el ostracismo, pude conectar mi propia experiencia de vida con el relato y los símbolos creados, en verdad, magistralmente por su director. Ni siquiera se menciona en la obra la palabra “exilio”; sin embargo, yo vi claramente mi propia historia personal, mi infancia y desarraigo tras el exilio. “La Lección de Pintura” de Pablo toca las fibras ocultas de la violencia de Estado que personalmente sufrí junto a mi familia desde muy pequeña. Me di cuenta que yo también desaparecí ese día en que me subieron al avión, engañada, y me separaron por siempre de mis abuelos, abuelas, tías, primos, mi barrio, mi cultura.

¿Cómo y porqué volví a sentir las emociones que sentí de niña cuando me alejaron de mi familia? Porque el niño Augusto, es un símbolo que nos ha logrado convocar, sin importar la generación, o la historia personal de cada uno de nosotros. Este niño me dice la verdad, y a ustedes también.

Tal como los niños de los cuentos de Oscar Wilde, Augusto trae la dulzura, la belleza y la inocencia que alguna vez acompañó a toda una generación en Chile. Augusto es la encarnación del cuerpo de Cristo que fue robado desde su cruz. El pintó los cuadros más hermosos, poéticos y sobre todo, esperanzadores de nuestras vidas. Este niño era nuestro gran tesoro. No digo “promesa” porque él llegó perfecto a este mundo.

Pero lo perdimos. Este niño es llevado en un tren, el mismo tren que cargaba ganado y judíos a los campos de concentración en la Alemania Nazi. El mismo tren que hacía temblar las botellas, y que interrumpía de vez en cuando las conversaciones y las actividades cotidianas. Como una amenaza latente, a punto de estallar, permanente y casi silenciosa. Nuestro pequeño e inocente Cristo fue nuevamente crucificado tras el golpe militar del año 1973.

Una madre humilde pero con ideas claras, como nuestra Violeta, espíritu y alma de nuestro país. Una madre que intuía, y decidió apoyar el tesoro de nuestro niño inocente abandonado por su padre. Nuestra alma, nuestra madre, que es capaz de transformar la noche en día, y el día en noche para cuidar el tesoro de nuestra inocencia. Nuestra alma chilena, que se reprime, controla, adapta y que se expresa constantemente entre vaivenes revolucionarios y conservadores, tal como Gramsci describía la cultura popular.

Un hombre que hace lo posible para ser como el niño inocente y perfecto, pero cuya racionalidad lo nubla y confunde a ratos. Un hombre que piensa, y piensa bien, pero que recibe la patada de la bota militar cuando adviene el golpe, tal como se desmoronó la racionalidad de la UP tras el golpe. De una sola patada. Confiamos demasiado en la racionalidad política, pragmática. Quizás sea esta la razón por la cual, este hombre no se casa con el alma chilena, la madre. Pero es justamente este hombre quien reconoce el tesoro, y que está decidido a llevarlo a su máxima expresión pública: La exhibición del tesoro para todo el país. Nemesio Antúnez es otro Salvador, otro Salvador Allende, quien quiere recibir nuestro tesoro con los brazos bien abiertos.

De nada sirvió. Nos quedamos llorando y lamentándonos en el andén, maldiciendo las casualidades de la vida. Quizás, seguimos esperando en ese lugar. Nos quedamos con la mirada fija en los cadáveres, en las fotografías de los que desaparecieron, nos quedamos mirando fosas profundas nos quedamos cantando las mismas canciones, una y otra vez. Nos quedamos lamentando una infancia que nunca fue. La pena es parte de nuestra vida ahora.

Pero esta película tiene un final esperanzador. De una u otra forma, recordé los relatos de Ingmar Bergman. El cineasta sueco nos trae relatos cargados de dramas humanos, pero siempre, y en cada una de sus películas, he podido descubrir un mensaje de esperanza, entregando así un valor casi terapéutico para los expectadores. El cuerpo de nuestro pequeño Cristo ya no está, pero ha dejado su inocencia enredada entre algunos colores de nuestra propia naturaleza exuberante. En algún lugar, entre trastos, está nuestro pequeño tesoro, nuestro tesoro, nuestro propio Principito chileno. Nuestro símbolo.

Pablo Perelman y Adolfo Cavour nos invitan a reinventar nuestra experiencia histórica, y nos dice que hay esperanza. Esta es una película política, que llama a la praxis. Falta entonces que salgamos a buscar tesoros, entre tanto objeto vano, perdido, inútil  Por favor, búsquenlo, y tráiganlo. Volvamos a ver al niño que todo inició. Que sus colores nos recuerden cómo éramos. Por favor, déjenme abrazarlo. Necesitamos sanarnos.