LIBERTÉ CHOCOLAT: SOÑANDO LA LIBERTAD

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Por Rayen Campusano Barra

 

Abogada de la Universidad de Chile. Postulante a Magister en Derecho y Nuevas Tecnologías de la misma Universidad. Chocolatier y socia fundadora de Liberté Chocolat.

 

 

 

 

Toda historia de emprendimiento comienza como un sueño. ¿Pero de dónde viene el sueño? ¿cuál es la idea que viene detrás?. La inadaptación. Si, la inadaptación al sistema, al trabajo tradicional, a trabajar de lunes a viernes en las mejores horas de tu vida, darlo todo pero ver cómo pasa la vida a través de la ventana, junto al sol, junto a tu juventud, junto a tu energía, y que al final de los días, todo tu esfuerzo no será siquiera tomado en consideración y serás fácilmente reemplazable por alguien más. Nunca me pareció bien trabajar para disfrutar dos días a la semana. Eso no es vivir, es sobrevivir, yo quiero disfrutar y sentir que lo que hago tiene un propósito.

Junto a mi compañero de aventura, Gaspar, empezamos a preguntarnos, ¿existe un camino diferente?. Me di cuenta que a través de la historia, los grandes creadores, aquellos emprendedores que han llegado lejos con su idea, eran hombres comunes, algunos quienes ni siquiera terminaron sus estudios pero que tenían algo en común: eran creativos e independientes. Sí, ningún creador que haya dejado una marca en el mundo ha sido trabajador dependiente.

Entonces decidimos, tengamos un negocio propio, impulsemos nuestra idea… y luego todo el mundo empieza a decirte lo difícil que es el mundo independiente, que al final terminas trabajando más, que es más desgastante, angustioso y riesgoso porque nada es seguro. De hecho, ambos tenemos padres trabajadores independientes que si bien han logrado mucho, lo han perdido casi todo y han llegado bien abajo. En ese sentido, sabemos qué es el sufrimiento familiar.

Pero me dije: a pesar de los riegos, a pesar que podemos perder todo lo que hemos construido, qué distinto es trabajar por un sueño, y no cualquiera ¡Tú sueño!

Lo maravilloso de viajar es que te golpea de frente tu pequeñez, hay mil historias y mil realidades allá afuera esperando ser descubiertas. Y dentro de esa suerte nos encontramos con los chocolates.

En Bélgica nos topamos con miles de chocolaterías, todas hermosas, perfectas, de esas que de sólo mirar “se te hace agua la boca” y empezamos a cuestionar la realidad de nuestro país. Nos dijimos: ¿por qué en Chile en su mayoría solo nos venden chocolate sucedáneo y el verdadero chocolate de calidad está sectorizado y tiene precios difícilmente accesibles para todos? ¡que injusto si el chocolate es maravilloso y te hace feliz!.Y ahí se creó la idea de “democratizar el chocolate a todas las personas”.

¿Y si hacemos una chocolatería de buena calidad con precios justos y accesibles para todos?

Nos entusiasmó bajar la idea y concretarla. Empezamos a buscar cómo financiarnos, necesitábamos capital, y aparecieron los fondos concursables de Sercotec, un fondo del Estado para gente como nosotros. Nos fuimos a la playa, pensamos y analizamos todos los puntos. Mandamos el proyecto, quedamos preseleccionados, luego empezamos a pasar etapas, nos fueron a visitar a la casa dos veces, tuve una entrevista con una psicóloga y unos test. En todas las etapas fuimos contagiando con la idea y nuestra energía hasta que por fin, quedamos seleccionados… Que alegría nos dio. Tendríamos por fin el dinero para empezar nuestro negocio, pero uf… uf… ahí llego la burocracia. El tiempo pasaba y el fondo en dinero no llegaba. Nos empezamos a desesperar. Luego de un día para otro nos llama una empresa intermediaria quienes serían los que nos entregarían los fondos y revisarían todo el desarrollo del proyecto.

Bueno, fue una etapa difícil, desgastante, engorrosa, lenta, hasta desagradable, pero lo logramos y a pesar de todo lo que costó estoy demasiado agradecida de la oportunidad que ese fondo concursable nos dio. Pudimos formalizar nuestro negocio y en el camino conocimos gente demasiado hermosa, que hizo un trabajo maravilloso junto a nosotros. Todos ellos se esforzaron en potenciar y embellecer cada una de las aristas de esta idea: la imagen, el diseño, la contabilidad, el proceso de trabajar y mezclar el chocolate en sí mismo y con otros productos para lograr sabores maravillosos.

Al momento de elegir un nombre para nuestro proyecto, aparecieron varias opciones. Sin embargo, había una inspiración tan potente detrás, que el nombre que más nos convenció fue Liberté Chocolat. ¿Por qué ese nombre?. Bueno, decidimos que fuera una palabra en francés porque utilizaríamos materia prima directamente de Bélgica, aquel país lejano que tan maravilloso nos pareció en términos de chocolate. Y, ¿por qué la palabra libertad? por dos cosas: primero, deseábamos que quienes probaran nuestros productos, hicieran una pausa en su día ajetreado, rápido y rutinario, para trasladarse en a los confines del sabor y el placer, dejándose llevar por la endorfina y felicidad que te entrega el sabor delicioso del chocolate. Y segundo, por las ansias que tenemos de liberarnos del trabajo tradicional y dependiente, y hacer crecer nuestro propio sueño tanto que nos permita vivir de él. Es decir, queríamos que nuestros clientes sintieran un momento de libertad en su día, y nosotros liberarnos junto a ellos, ojalá para siempre.

Una vez finalizado el proceso del fondo concursable, queríamos que la chocolatería se volviera más profesional y necesitábamos un lugar para trabajar. Nos cambiamos de casa a comienzos de año para poder tener un espacio para fabricar y tener un punto de venta.

Empezó otra etapa difícil, donde mi sueldo como trabajadora dependiente se iba casi en su totalidad a pagar cuentas y solventar la idea loca que se nos había ocurrido. Debía mantenerme trabajando para poder financiar la chocolatería, ya que un sueldo fijo nos permitía invertir en ella, teniendo la confianza del dinero fijo a fin de mes.

En la oficina me pasaba día tras día revisando papeles y haciendo un trabajo mecánico que al final del día se transformaba en cansancio y mal humor. A pesar que a ratos me deprimía no poder “disfrutar” de lo ganado, me animaba la idea de pensar que estaba construyendo un sueño, y que el dinero finalmente es un medio y no tenía que ser un fin en sí mismo.

Con el paso del tiempo, de forma rápida sin duda, la chocolatería empezó a crecer, y de a poco ha empezado a solventarse económicamente.

Tengo un compañero de Universidad, Hans, quien también tiene un emprendimiento, él y su grupo de compañeros Kikin, Daniel y Diego, tuestan café. Se llaman We Are Four. Debo confesar que ellos han sido muy generosos con nosotros, nos han apoyado, compartido clientes, y traspasado un montón de buena onda y energía. Gracias a ellos en parte nos dimos cuenta de que en las cafeterías había un espacio para nosotros: el chocolate caliente.

Observando el mercado de las cafeterías, recordé: en los cumpleaños de mi familia, especialmente de los niños, siempre ha existido chocolate caliente. Se me ocurrió unír esa receta familiar traspasada de generación en generación entre las mujeres de la familia, con el chocolate belga que nosotros ocupamos, lo probamos en una máquina de espresso y creamos nuestro principal producto de estos días. Fue un éxito, a las cafeterías les ha encantado.

Con Gaspar sé que somos un equipo compatible que llegará lejos. A pesar de tener distintas personalidades, sensibilidades y reacciones frente a las cosas, él además de ser el socio fundador de Liberté Chocolat, es mi compañero de vida. Mientras hayan sueños de por medio, sé que seremos una pareja infalible, porque cuando se nos ocurre una idea nos impulsamos mutuamente y cada uno aporta sus capacidades en construir.

Yo soy la mente creativa, quien ordena las formas y la estructura, Gaspar ha sido la mano armada de la chocolatería, fabríca, despacha pedidos, tiene reuniones con compradores, luego en la noche se va a estudiar. El buen trato y simpatía que tiene lo ha hecho ser muy apreciado. Yo siempre admiraré su ímpetu y ánimo al construir este proyecto. Ha sido un excelente compañero de cruzada.

Por supuesto que nada sería posible sin la ayuda y apoyo constante de nuestras familias y cercanos. En nuestra primera feria llegaron todos a colaborar, ¡oh!, que felicidad sentí cuando éramos el stand más concurrido, y todo gracias a ellos. Nunca olvidaré aquella feria por el éxito que significó, ni a todas las personas que de alguna u otra forma estuvieron ahí, apoyándonos.

Una mentalidad abierta, la creatividad y nuestro impulso joven es lo que nos mantiene dando la pelea día a día. Emprender implica esfuerzo y sacrificio, es cansador y desgastante pero es un camino hermoso, de mucho conocimiento externo e interno.

Tenemos mucha energía y esperanza puesta en Liberté Chocolat. Creemos en nuestra cruzada de “democratizar el chocolate” y en la calidad de nuestros productos. Sabemos que llegaremos lejos porque nuestro sueño es grande. Soñamos a Liberté Chocolat, soñamos con la libertad que significa y sabemos que “si el plan no funciona, cambiaremos el plan pero nunca la meta”. Más que ver para creer, hay que creer para ver.

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HOUSE, TECHNO & DJS

mPor Mato Gutmeister

 

DJ, productor musical y diseñador gráfico.  Forma parte del Crew de Djs “Future Bass” junto con Andy, FLow, y Vj Soltao.

 

 

 

 

 

 

 

In the beginning, there was Jack, and Jack had a groove.
And from this groove came the groove of all grooves.
And while one day viciously throwing down on his box, Jack boldy declared,
“Let there be HOUSE!” and house music was born.   
– “My House” Chuck Roberts

 

Cuando niño, el primer sentimiento, por lo menos en mi caso, que soy modelo 85, fue sentir los latidos del kick retumbar con intensidad en mi pecho. Más precisamente, en el área del corazón. Esa fue, la primera vez que escuché música electrónica techno en un sistema grande de sonido. De inmediato pensé y sentí “esto es de lo más emocionante que me ha pasado en la vida” y, también, ese latido, esa vibración, me contactó mucho con mi yo interno hasta imaginarme primitivo. Desde ese momento, supe que la música techno iba a ser muy importante para mí.

Muchas personas dicen que es una sensación bastante intensa y hasta violenta, si se puede llamar así. Están en lo cierto, ya que este latido o beat nos recuerda el primer sonido que escuchamos cuando nuestras células alcanzan el mínimo nivel de conciencia auditiva: el latido del corazón de nuestra madre. No en vano, los tambores y sonidos percutidos graves nos conectan con este mundo interno, en donde, incluso, perdemos “la razón” y entramos en la zona de sentir y recordar esa etapa lejana.

Este artículo explicará brevemente un fragmento de la música electrónica de la rama house y techno. Conforme un tema crece, se va especificando cada vez más. Es el caso de la música electrónica, la cual nunca ha podido ser “encasillada”, ‘metida en un solo recipiente’. Iremos por la rama de la música bailable de club o discoteque.

La música grabada cambió al mundo. Durante la Segunda Guerra Mundial, no era posible reunirse a escuchar bandas o músicos en vivo. Por lo tanto, comenzaron a proliferar los “pone discos” tanto en fiestas como el en lugares públicos.

En Francia se acuñó el término discoteque, proveniente del neologismo ‘discoteca’, acuñado para significar ‘donde se pueden encontrar colecciones de vinilos (discos)’. Sin embargo, no era un lugar fashion ni de moda, más bien, eran centros de reunión de la resistencia. Eran clandestinos, no se requería una entrada costosa o trajes de diseñador para pertenecer al “club”. Poco a poco, la idea de celebrar esas reuniones se fue sofisticando y transformando más hacia el sentido de un lugar de fiesta. Varios dueños de bares comenzaron a introducir más elementos festivos. Entonces, la gente comenzó a vestirse a la moda para ir a las discoteques. Este fenómeno se dio paulatinamente en Inglaterra y otros países de Europa.

La idea de bailar con discos reproducidos, escogidos por cualquier persona que trabajara en el bar, incluso el electricista o el conserje, comenzó a hacerse muy popular. Tal es el ejemplo del lugar en París Chez Regine, cuya dueña, durante las primeras noches, ponía letreros de “no hay espacio, agotadas las entradas”, para que, en ocasiones venideras tuviera full house.

El jazz fue el principio de toda la movida. En Nueva York el jazz proliferó con locura. También comenzaron a llenarse los lugares de moda; súmese a esto, la incursión de la radio como medio difusor de la música popular, pues, en Europa recuérdese que ese medio se utilizaba principalmente con fines políticos.

Como en Estados Unidos la radio continuó con esta orientación (a pesar de las muchas demandas y los pleitos legales de las disqueras, porque no les parecía buena idea sonar sus tracks en la radio), la industria de la música se desarrolló de manera más fluida. Aunque no tanto, las discoteques como en el inicio en Europa.

Sea por el medio que fuere, el público reaccionó desesperadamente por más música bailable, más fiestas, más lugares clandestinos y más records. Resultaba sorprendente cuán importantes se volvieron los coleccionistas de discos. Aquel que tuviera las piezas más raras, era aclamado por la audiencia. “Vamos esta noche a … porque tal persona estará poniendo su colección de discos”.

Esto fue así alrededor de los años 50. Ya en los 60, con la aparición del twist, hubo aún más furor, puesto que este nuevo baile (visto muy mal por los ingleses, al principio) impasible y vulgar, proveniente de los barrios bajos del Nuevo Mundo, se volvía cada vez más popular entre la gente joven.

Como siempre los lugares iban y venían, pasaban de moda y otros aparecían. Pero la figura de esa persona que ponía discos, cada vez más comenzaba a dominar las escenas. Además, se había liberado el baile con el twist, en el cual no se necesita pareja de baile ni saberse ningún paso.

Con la llegada de los 70, el disco hizo su aparición: esferas de espejos, plataformas y colores intensos. Todos hemos querido bailar, alguna vez, en el suelo de mosaicos de luces.

La cultura gay ha sido pionera en el surgimiento de las discoteques, Djs, y clubes. Como dijimos anteriormente, todo comenzó por los records de jazz, hechos por afroamericanos, en su mayoría. Añádase, ahora, la aparición de los lugares gay, que comenzaron a hacerse populares. Muchas celebridades visitaban frecuentemente los clubes. Tenían un ambiente mucho más liberado, menos hostil y “podías ser tal y como vos eras”.

La escena gay continuaba marcando tendencias. En estos lugares la gente coreaba las canciones, gritaba, bailaba y vivía un ambiente que era difícil de encontrar en otro tipo de lugares. Entonces, los clubes comenzaron a ponerse aún más de moda, como es el caso de Paradise Garage en Nueva York.

Había un público mayoritariamente masculino y afrodescendiente. También varias drogas, como el alcohol y los ácidos, se unieron al furor en la ciudad de la gran manzana.

El origen de esta revolución urbana se descubre, sin embargo, no en las calles sino en el laboratorio de sonido, con la invención del oscilador de ondas, aparato que genera infinitamente una onda de sonido. La onda más básica es la curva o sinusoidal y suena parecido a un clarinete. Luego, estos osciladores se unieron con otros para crear diferentes ondas, al mismo tiempo, en diferentes frecuencias y, así pudieron reproducir acordes y armonía. Se “complicaron” o se enriquecieron un poquito más, uniéndose a un teclado, que tenía filtros como Hi pass y Low pass, efectos que desfasan la onda (flanger, phaser), un control de volumen con “attack, decay, sustain y release”… Y ¡boom!, obtuvimos el sintetizador.

La llegada del “house o “warehouse

Temas como Your Love de Frankie Knuckles (1955-2014), Pump up the Volume de MARRS, o Theme from S’Express de S’Express marcaron el inicio de la música house. Este género tiene influencias de estilos como el synthpop, el electro, el disco, R&B, soul, jazz, etc. Se basa en la estructura rítmica del disco, con el bombo marcando cada tiempo, pero más minimalista y electrónico. Se caracteriza por líneas de bajo predominantes, teclados y sintetizadores, voces o samples, efectos y sonidos como white noises, reverbs, delays y flangers.

En Detroit se estaba desarrollando paralelamente el estilo techno, acuñado desde la frase techno rebels, proveniente del libro ‘La Tercera Ola’ del sociólogo estadounidense Alvin Toffles, 1979. No en vano, el autor explica que la tercera oleada está basada en computadoras, tecnología, sistemas y formas de vida.

La ciudad de Detroit posee ciertas características industriales, ello propició la aparición de la música techno, que se diferencia del house por ser más “minima”, más oscura y con un sonido menos disco.

En Berlín se desarrolló el techno enormemente, casi en paralelo con Detroit. Mientras que, en Inglaterra, surgían los animadores “MC’s”, el house garaje y el drum & Bass, proveniente de la mezcla con música jamaiquina y sus soundsystems. Kraftwerk, Juan Atkins, Cybotron, Uderground Resitance son exponenetes importantes del primer techno estilo Detroit.

No duró mucho en exportarse a Europa, donde también fue un boom y comenzó a mezclarse con otros estilos, en distintas ciudades. Así surgen géneros como el UK garage”, drum & bass, minimal Techno, hardcore, etc. Inglaterra, Alemania y Bélgica fueron países donde las discotheques marcaron historia.

El sonido de Bélgica tiene un gran protagonismo en el techno de los 90. Se basa en sintetizadores con sonidos tipo hoover, con stabs pesados y estridentes, más la percusión típica del techno. Esto era el tiempo del “rave”.

Actualmente, es un movimiento mundial que posee cientos de géneros y estilos. Desde los bailables hasta otros no tanto. Tenemos la rama tropical-latina como la cumbia electrónica, el techno latino, el tropical bass, etc.

El surgimiento de la música house fue un boom. Con pocos elementos se puede hacer un excelente track de house o techno. No es necesario hacer virtuosismos rítmicos o armónicos. Lo más importante es el manejo de la energía en la pista de baile. Por estas y otras razones, mucha gente comenzó a hacer records de house. Ya que podías conseguir tu máquina de ritmos o drum machine (Roland 808, 909, 707), un bassline synth (clásico Roland TB303), sumarlos a un teclado, conseguir unos cuantos samples (provenientes de otros cds o discos) y comenzar a hacer un track.

La eficacia de la música house, y especialmente el techno, se basa en la simpleza de elementos. Cuando las personas están en una pista de baile, no solamente están escuchando la música, están (preferiblemente) bailando, socializando, tomando, etc. Hay muchos elementos que coinciden al mismo tiempo, por lo cual, un buen track tiene que ser claro, simple pero fuerte. Con un gancho o hook que sea fácil de reconocer, para que, en pocos compases y pocos segundos, la audiencia pueda hacer “suyo” el tema y bailar, en espera del próximo track y, así, sucesivamente, hasta alcanzar niveles extáticos.

No en vano, muchos músicos convencionales, han criticado estos estilos de música con juicios de valor como “es música muy sencilla”, “no tiene elementos, no tiene armonía” o “la computadora hace la música, no el humano” y, en fin, tantos otros prejuicios basados en una idea de música más rebuscada o virtuosa.

Lo cierto es que esta música ha sido un fenómeno histórico y mundial que parece no pasar de moda, y que está ocurriendo en este preciso momento.

“At this very moment people are still having sex”

La tour.

* (Tracks de Mato Gutmeister en https://soundcloud.com/gutmeister_and_mato)

VIAJAR: DE PASIÓN A PROFESIÓN

Simone

 

Por Simone van der Graaf

Travel and Lifestyle Consultant / American Express

 

 

 

 

 

 

 

 

Viajar, sea lejos o cerca, es sin duda alguna lo que en gran medida mantiene apasionada mi vida.

Tengo 28 años y la fortuna de haber visto innumerables países, culturas, paisajes y distintas formas de vivir la vida. Mi amor por viajar comenzó cuando estudié Negocios e Idiomas en Amsterdam y tuve que hacer un minor en el extranjero. Quería estar lejos de Europa, sabiendo que con el apoyo de la Escuela estaría en un ambiente seguro. Mirando hacia atrás, fue un gran paso y estaba realmente nerviosa.

Chile terminó siendo la mejor experiencia que pude haber tenido. Conocí personas agradables, tanto extranjeras como personas que viven en tan hermoso país. Ví esos siete meses como una oportunidad para conocer cuanto fuese posible y aprender del país pero también, de mi misma: me desafié a viajar sola con el propósito de conocer – y dejarme conocer – por distintas personas.

Han pasado 8 años desde entonces y creo que he tomado cada oportunidad para explorar más: haciendo una estancia en París, trabajando en voluntariado en el extranjero y trasladándome a Bruselas para mi primer empleo. Aunque mis sueños son grandes y soy independiente, soy extremadamente cercana a mi familia, a mis amigos y realmente disfruto de las pequeñas cosas de la vida. En mi opinión, este último punto es verdaderamente importante: puedo ser igualmente feliz yendo en bicicleta a un lugar desconocido, no lejos de donde vivo y hacer un picnic, como probar 3 diferentes exóticos platos en un país lejano. La gran diferencia reside en que cuando viajas a un nuevo país, necesariamente debes conocer a las personas que viven en dicho lugar. Y cuando estás en el extranjero por un periodo largo, comienzas a ver cada vez más las diferencias entre las normas y principios en relación a tu propia cultura.

Uno de los mejores cambios, en comparación hace 10 o 15 años atrás, es que si no puedes viajar a otros países, otras personas visitarán el tuyo, lo que enriquece la posibilidad de tener amigos de distintas partes de mundo. La cultura, en gran medida, es como se forja la amistad.

Ahora bien, ¿cómo mi experiencia viajando y conociendo diferentes culturas ha influenciado en mi vida profesional?.

Soy de Holanda, pero desde hace dos meses, vivo en Brighton, UK. , una ciudad llena de vida junto al océano, donde vine para un nuevo trabajo. Comencé a trabajar como “Travel and Lifestyle Consultant” para American Express, y estoy muy feliz de que mi trabajo se relacione con lo que más amo. Sin embargo, mirando hacía atrás, no todo ha sido sencillo.

Mi primer trabajo en Bruselas fue en el mundo de la moda. 1 año y medio. Se me dificultó en ese entonces conocer personas, por lo que pronto comencé a pensar en un nuevo trabajo.

Entre Bruselas y mi trabajo posterior en Holanda, comenzó la crisis Europea. No pude encontrar trabajo por un par de meses y mientras estaba en el extranjero tuve que reiniciar mi vida en Holanda. Volví insegura. Finalmente, obtuve un trabajo en marketing online para la industria del viaje. El área me gustaba; el trabajo no. Pronto aprendí, de la manera difícil, que desafortunadamente siempre hay personas que te quieren hacer la vida más compleja.

Luego obtuve un trabajo como “Product Maker” en un start up en Europa. Un consejo que puedo darle a cualquiera que busque un nuevo trabajo: se deben explorar todos los contactos, ya que la red de los mismos es mucho más amplia de lo que puedas pensar. Volviendo al trabajo, sentí que estaba volviendo a estudiar. Jóvenes de todo Europa trabajando en un ambiente informal. Mi trabajo era muy creativo por cuanto creaba todos los travel deals por mi misma.

Como en todos los trabajos, es importante mantenerse motivado. Después de un tiempo, empecé a pensar en vivir nuevamente en el extranjero. ¡Una nueva aventura!. Me tomé un par de meses para disfrutar mi libertad y pensar en dar el siguiente paso.

Estaba sin trabajo nuevamente, pero aprendí de mi experiencia en Bruselas y estaba determinada a no preocuparme.

Entonces, ¿cómo terminé en Brighton?. Debía postular a determinados trabajos cada mes. Postulé entonces al cargo de Relationship Manager para American Express. Al día siguiente, recibo una llamada que siguió a una entrevista. Era una gran oportunidad. No obtuve el trabajo… sin embargo, me preguntaron si estaba dispuesta a hacer un trabajo similar en Brighton, lo que fue incluso mejor.

Ahora puedo utilizar toda mi experiencia para aconsejar a los titulares de tarjetas de American Express en sus viajes y reservar increíbles viajes para ellos. Dada mi experiencia laboral me he vuelto muy realista y tomo las cosas como vienen.

Como American Express es una compañía internacional y trabajo en una de sus oficinas centrales, me relaciono con personas de diferentes países. Me siento afortunada de vivir en un ambiente internacional durante todos los días del año.

 

LA INGENIERÍA FORESTAL Y SU ENFOQUE SOCIAL

Francisca Ruiz GozalvoPor Francisca Ruiz Gozalvo
Ingeniera Forestal, Universidad de Chile
 Se ha desempeñado como investigadora del Proyecto CONAF 006/2013, Programa de capacitación y transferencia para una mejor aplicación de la Ley 20.283, dirigido a pequeños propietarios forestales de la VI Región y desde septiembre de 2016 investigadora del proyecto CONAF 005/2016.

 

 

Cuando se me solicitó escribir este artículo, no lo dudé en ningún momento, sin embargo me generó una gran ansiedad pensar sobre ¿qué podía escribir?, tenía que ser algo que fuera interesante acerca de mi profesión, es así como dándole muchas vueltas al asunto recordé haber escuchado una vez que “uno debe escribir acerca de lo que sabe”. Esto es lo que yo sé.

Me remonto al año 2003, específicamente Diciembre, era una joven de 17 años, con la misión de escoger la carrera profesional que definiría el resto de su vida, nunca pensé que al escoger la carrera de Ingeniería Forestal, ésta me llenaría de más satisfacciones personales de las que pude llegar a imaginar.
Sin tener mayor conocimiento de la carrera, aparte de que tendría numerosas “salidas a terreno” y haber escuchado en innumerables ocasiones como comentario colectivo, que los forestales son “corta palos”, inicié mi senda del estudio con bastante éxito pero sin claridad de cuál sería el área en la que me desarrollaría, hasta que en el año 2007 tuve mi primer acercamiento concreto a lo que hoy en día es mi gran pasión.

Cursando la asignatura llamada Planificación Participativa, tuve la oportunidad de convivir con comunidades Pehuenches de la Región de la Araucanía, la actividad duró una semana y si me preguntan hoy en día ¿qué proyecto elaboramos en base a esa salida a terreno?, la verdad es que no lo recuerdo, sin embargo recuerdo con alegría la posibilidad de compartir mis conocimientos técnicos con estas familias , además de conocer acerca de su cultura , sus problemas y aspiraciones , de aquella bondad infinita y esa hospitalidad que se ha perdido en la gran capital .

Fue en aquella salida a terreno en donde supe que mi elección de ser Ingeniera Forestal, era la correcta, que quería y podía poner mi conocimiento a disposición de aquellas personas que lo necesitaran, para contribuir a iniciativas que fueran en beneficio tanto del recurso forestal como de las comunidades que lo poseían, elaborando proyectos factibles tanto en lo social como en lo económico y ambiental que surgieran de sus necesidades e intereses.

Con el transcurso de los años me di cuenta de que la preocupación por el medio ambiente y por la destrucción de los bosques nativos de Chile había crecido considerablemente en la sociedad nacional. Por otra parte, la pobreza rural y la falta de oportunidades económicas concentradas tanto en las zonas indígenas como campesinas, seguía siendo uno de los principales problemas sociales del país. Sin embargo, estudios, proyectos y políticas públicas que abordaran la relación entre las comunidades y los bosques nativos y la importancia de éstas, seguían siendo escasos por no decir inexistentes.

Los pequeños propietarios de las zonas rurales, como todos nosotros, necesitan recursos naturales, financieros, humanos y sociales como base para sus medios de vida, así como de políticas locales y nacionales favorables para mejorarlos. Es así como los recursos forestales continúan desempeñando una función vital para las poblaciones rurales y son un complemento al ingreso económico que generan las actividades agrícolas, sin embargo en la actualidad los bosques no son considerados como activos relevantes en las políticas orientadas a la superación de la pobreza en zonas rurales, el fomento productivo en estas áreas se encuentra focalizado hacia las actividades agropecuarias.

En mis salidas a terreno he podido comprobar que las comunidades rurales poseen un vasto conocimiento adaptado a las condiciones locales, que permiten mantener la productividad de sus bosques. Sin el tecnicismo que poseemos “los forestales”, estas personas nos dan cátedra identificando perfectamente las especies que componen sus bosques, las enfermedades que los afectan y las variaciones que el paisaje forestal ha sufrido con el trascurso de los años. Dando cuenta así de la estrecha relación que tienen con su recurso, situación a la que ni ellos mismos han asignado la importancia correspondiente.

Las mujeres y hombres, jóvenes y adultos mayores, aportan una diversidad de habilidades y experiencias prácticas respecto a cómo gestionar los paisajes forestales para proporcionar una mezcla diversa y equilibrada de bienes, servicios y usos. Sin embargo, si no se protegen sus derechos legales, si sus productos carecen de acceso a los mercados, si los incentivos financieros o las políticas vigentes son desconocidas o fomentan el uso excesivo y la degradación de sus paisajes, generarán un aumento a las presiones económicas sobre estas comunidades, fraccionándolas y desvalorizándolas.

Es importante incentivar a las comunidades para que adopten prácticas que permitan el uso sustentable de los bosques, esta medida tan esencial , pero impensada por algunos tiene un trasfondo mayor, ya que permite ayudar a amortiguar los efectos de las presiones antrópicas sobre el recurso forestal, es así como surge la conservación comunitaria, la cual plantea un cambio en el estilo de conservación, centrado en los habitantes locales, bajo la premisa de que “son los actores que conviven y utilizan el recurso los más indicados para encargarse de su protección”, es en este contexto cuando uno puede hacer la analogía con el diario vivir, cada persona siempre cuidará con especial atención aquello que le genera un beneficio y es de su propiedad.

El uso sustentable de los bosques que se encuentra en posesión de las comunidades rurales requiere de una gran diversidad de conocimientos tanto por parte de la gente local como de los ingenieros forestales que trabajamos con ellos. Es necesario integrar nuestros saberes técnicos con los locales o tradicionales, en el caso de los países en vías de desarrollo como es el caso de Chile, la tendencia es a reconocer y premiar el conocimiento formal (técnico), invisibilizando y desconociendo el conocimiento tradicional, específico y local, siendo común la práctica de promover desde afuera la creación de organizaciones para la implementación de programas y proyectos, lo que ha generado una debilitación de los sistemas locales de organización y toma de decisiones. De igual manera, se ha subestimado la importancia de las organizaciones territoriales. En un aprendizaje de este tipo no es tan importante la cantidad de organizaciones presentes ni su especialización, sino la calidad, representatividad y permanencia en el tiempo. En función de lo anterior es que se debe orientar a que el personal técnico de las instituciones tanto públicas como privadas, que deseen iniciar procesos de desarrollo forestal comunitario tengan en consideración el desarrollo de enfoques rurales participativos, que son la base para que tanto proyectos como programas públicos se desarrollen de manera exitosa y puedan prevalecer en el tiempo ,cumpliendo el objetivo de “mejorar la calidad de vida de las personas mediante la utilización sustentable de los recursos”.

En este contexto, es necesario realizar en los paisajes forestales rurales un proceso de transferencia tecnológica, a las comunidades locales y con éstas, con el fin de optimizar el trabajo en el bosque nativo basándose principalmente en sus experiencias personales, pero también dando un enfoque diferente que permita un máximo aprovechamiento del recurso forestal y de manera sustentable. Son pocas las iniciativas de este tipo, sin embargo puedo mencionar el proyecto “Programa de capacitación y transferencia para una mejor aplicación de la Ley 20.283, dirigido a pequeños propietarios forestales de la VI Región” del cual fui investigadora durante su ejecución, este proyecto no solo fue mi trabajo soñado, ya que me permitió desarrollar los aspectos sociales de mi profesión, sino que también me permitió observar las carencias existentes en el fomento de la relación entre comunidad y bosque nativo.

Iniciamos (hablo en plural porque fui parte de un equipo que permitió el desarrollo exitoso de esta iniciativa) actividades en 2013 con pocos recursos pero mucho entusiasmo comenzamos a levantar la información requerida en terreno para dar inicio al proyecto, no fueron pocos los obstáculos, pero las satisfacciones personales superaron cualquier inconveniente con creces.

Lamentablemente pudimos constatar la lejanía existente entre el propietario rural del recurso bosque y la Corporación Nacional Forestal (CONAF), por consiguiente reinaba también un gran desconocimiento en relación a la Ley 20.283 de Recuperación del Bosque Nativo y Fomento Forestal, la que correspondía al eje central de nuestro proyecto.

Nuestra labor en terreno permitió caracterizar no sólo el recurso existente en la región de estudio, sino que también al tipo de propietario que lo posee, dando cuenta así del deterioro del bosque nativo y del envejecimiento de sus propietarios.

En función de lo anterior es que teníamos un gran desafío , debíamos idear la manera de motivar a los pequeños propietarios del bosque nativo de la Región del Libertador Bernardo O´Higgins a ser parte del proyecto y además capacitarlos en relación a todo lo que concernía a la Ley 20.283, es por esta razón que realizamos varias charlas informativas, las que fueron previamente validadas con líderes locales y representantes de instituciones territoriales (Municipalidad, CONAF y el Programa de Desarrollo Local), entregamos material didáctico el que fue diseñado de tal manera que aquellos propietarios que no supieran leer y escribir pudiesen entender los conceptos expuestos en función de los dibujos asociados y así evitar una barrera de participación en las capacitaciones.

Nuestro mayor orgullo fue ver que los asistentes participaron activamente de las actividades realizadas, manifestaron sus dudas, generaron espacios de discusión, se motivaron a ser beneficiarios de la Ley 20.283, generaron redes de contacto con personal de CONAF y por último pero no por eso menos importante se dieron cuenta de lo esencial que es su participación a la hora de cuidar y recuperar el bosque.

Esta es una instancia que permitió el acercamiento entre bosque y sus políticas públicas con la comunidad, con este tipo de iniciativas podemos generar conciencia en la comunidad, haciéndolos partícipes del proceso recuperación del bosque nativo del país.

CAFÉ DIARIO

Foto por Escritos Crónicos

Foto por Escritos Crónicos

Por Hans-Christian Bevensee
Cofundador y CEO de We Are Four Coffee Roasters. Egresado de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile.

Cuando me pidieron, hace algunas semanas, que escribiera una columna sobre cómo había llegado a ser tostador de café, no dudé en ningún momento en aceptar el desafío. Sin embargo, al pensar el modo de abordar una especie de biografía en torno al café, me fui desmotivando poco a poco, al no encontrar el hilo conductor para darle una estructura coherente y lógica a este relato. Con el tiempo, me imaginé que la única forma de empezar todo era por el principio.

Creo que, en no pocas ocasiones, las pasiones se transmiten como el oficio, de padre a hijo, generación a generación. Mis primeras aproximaciones al café, tienen que ver con esto, con el querer imitar a Osvaldo que sagradamente tomaba el café de la mañana. De a poco y después de mucho molestar a Emilia, conseguí que me dejara poner “una puntita de la cuchara chica” junto con las dos cucharadas de azúcar a la leche del desayuno. Entre mi café con leche de la mañana, el uniforme de caballerito que nos hacían usar y el engominado hacia la izquierda, me sentí siempre un adulto más en la casa. Pasaron los años, se fue el engominado a la izquierda, llegó el engominado hacia arriba, cambiaron las camisas por poleras, y por supuesto, creció la cucharada de café en las mañanas, ahora antes del liceo y ya no del colegio.

Me acuerdo que ya en segundo medio, los compañeros del Instituto Nacional, vendían desayunos en los recreos para financiar las artes oscuras típicas de los Institutanos, cuyo recuerdo no viene al caso. Los cafés salidos de thermos, servidos en vaso de plumavit, eran un lujo para los pupitres de madera tallada a mano por los mismos alumnos, las salas que se llovían y los olores propios de tener a 45 (pre) púberes en una sala de 5 x 5. Me acuerdo también, que ya con 15 años, me juntaba después de clases con Osvaldo a almorzar y a tomar un café. Normalmente, almorzábamos en El Parrón de Providencia y nos tomábamos un café en el Normandie, ahí al lado del Teatro de Coco Legrand, donde a veces me tocó estar al lado de él, que siempre estaba conversando con Jaime Azócar, supongo que preparando algún diálogo o distrayéndose de sus rutinas acompañados de un café. También íbamos a La Escarcha de Manuel Montt, ahí conocí a Elías Figueroa, que asumo se juntaba, taza a taza, a recordar aquella campaña del Palestino del 78′. La última vez que vi a Osvaldo, fue justamente en la esquina de Manuel Montt con Providencia, nos despedimos después de un café en el Normandie y tomé el metro sin saber que sería la última vez que lo vería. Obviamente, no volví a entrar a ninguno de esos lugares. De hecho, la remodelación del metro Manuel Montt fue una excelente manera de disociar esa esquina de la muerte del que fue mi padre.

Al mes siguiente de la muerte de Osvaldo me fui a Alemania, o me llevaron mejor dicho. Allá el café era más que un gusto, una necesidad. El esperar el tren desde Lörrach al Gymnasium con -8 grados, o el tren de Weil am Rhein hacia Efringen-Kirchen para jugar fútbol después de clases, o el tren a Freiburg para ir al Konzerthaus y cumplir mi obligación de estudiante de música de asistir mensualmente a conciertos, de piano o de la filarmónica de Freiburg, requirió más de un café para los traslados. Allá cambié el Nescafé instantáneo por el Krüger liofilizado, para el año 2004, un salto enorme. Luego de tres años fuera de Chile, volví sin terminar mis estudios de música, por lo que el ministerio de educación no me reconoció mi enseñanza media y tuve que volver a cuarto medio en el Instituto Nacional. Mis antiguos compañeros de generación ya habían egresado, por lo que me tocó estar un año complejo, plena Revolución Pingüina, con compañeros nuevos. Dentro de toda la gente que conocí ese año, conocí a Enrique, el que con los años se transformaría en mi socio.

Ya en la Universidad el café se transformó en mucho más que un producto, corría el 2007 y comenzó el boom del café en grano en Chile. Llegaron las grandes cadenas de cafeterías comerciales, que aunque a muchos no les guste reconocerlo, fueron las que aplanaron el camino al café de especialidad en Chile. Como todo lo nuevo, las grandes cadenas atrajeron bastante gente al rubro. Ya sea por amor al café, por querer conocer cosas nuevas o por la necesidad que tenemos en este país de aparentar que estamos a la vanguardia en todo, la cafetería con los nombres en el vasito, y la foto de los mismos, se hizo un imperdible de la ruta del galán universitario. Hasta hoy, ya casi diez años después, me es imposible pasar por fuera del Dunkin’ Donuts de las Urbinas sin acordarme de Constanza, del Juan Valdés de Providencia sin acordarme de las conversaciones interminables con Bárbara, y bueno, no voy a negar que empecé la relación más importante de mi vida en el Starbucks de Pedro de Valdivia, una tarde fría en que esperando media hora a Valeria, recibí el mejor consejo que he recibido. Pasó el profesor de Tributario, don Eduardo Morales, y al verme esperando, me dijo: “¿espera a una chiquilla?” . “Obvio”contesté. Le dije que la invitaría a tomar un café a Starbucks y replicó: “ese es un café caro, mínimo unos 3000 pesos por café, y obvio que se van a comer algo, mínimo unos 10 mil pesos en total, pero ¿sabe qué? lleva media hora esperando, y los 10 mil los va a recuperar, pero ese tiempo, es una inversión que no verá nunca más, le toca decidir rápidamente si valió la pena esa media hora, y hacer valer la inversión, o no volver a perder una media hora por esa chiquilla”. Eso fue el 17 de mayo de 2011, me encantaría poder encontrarme con don Eduardo y decirle que fueron las 10 lucas y la media hora mejor invertidas de mi vida, el frappuccino mocca que mejor recuerdo. Volviendo al punto, este tipo de cafeterías forzó a las cafeterías tradicionales a variar del espresso y el cortado, abriendo la puerta al mundo de la especialidad en Chile.

Acá es dónde entra Enrique nuevamente en la historia, resulta que mi amigo del colegio, aparte de estudiar Ingeniería, era barista. Enrique, para que entiendan, en ese entonces era un joven muy religioso, estricto y disciplinado, que no decía garabatos, ni bebía. Emil, en el mundo de la luz, y yo, un destructor de mundos, una especie de máquina para romper el cascarón de mis amigos. Es en ese contexto, que Enrique estaba iniciando un emprendimiento con un amigo, una pequeña cafetería de especialidad, en pleno Providencia, llamada Cofi. Con su socio, Franz Kromer, me contactaron para que yo pusiera mis estudios de Derecho en función de registrar su marca y permitirles expandir su negocio. En Cofi me enamoré del café. Lo que antes era un gusto o incluso necesidad, se transformó en pasión. Por eso, cuando Enrique salió de Cofi, ni siquiera tuvimos que conversarlo, al decirme que estaba viendo de qué forma seguir trabajando en el rubro del café, solamente le respondí, estoy contigo.

El tema era buscar la idea, no queríamos poner una cafetería para entrar a competir con los cientos que abren todos los días y cierran poco tiempo después. Se nos ocurrió comprar una tostadora de café para poder tener un café a nuestro gusto siempre. Entró Diego al negocio, nuestro socio capitalista y hombre de las finanzas, tomando fuerza lo que hasta ese momento era solamente una idea forjada con varias Coronado IPA del 202 de Lastarria en el cuerpo. Antes de que la idea se diluyera en buenas intenciones entró Daniel. Publicista, productor y socio de la cafetería Monti, que buscaba un proyecto distinto ya cansado de la rutina de las cafeterías. Pedimos una tostadora a E.E.U.U., máquina que demoró el doble de lo presupuestado en llegar a Chile. Creo que ese fue el período más difícil. Invertir y esperar que llegue tu máquina es una tortura, sobre todo cuando te dicen de 60 a 90 días y llega casi a los 180. El nombre, We Are Four Coffee Roasters, nació de la burla a los intrincados conceptos, y la excesiva utilización de apellidos, detrás de las cafeterías de especialidad. Creemos en lo bueno, pero en lo bueno sencillo, que es doblemente bueno. No creemos en baristas dioses, creemos en llevarle el café a la gente, como Prometeo, ojalá que con mejor destino. Somos cuatro tostadores de café, cuatro formas de ver el mundo y cuatro opiniones a la hora de tomar decisiones, lo que nos ha dado cierto equilibrio en la forma de llevar adelante el proyecto.

Si me preguntan ¿qué es para ti el Café? tendría que contestar que es amor. Amor, a la figura paterna, a los amigos con los que tengo un proyecto de vida, a la libertad de que tu hobby sea tu fuente de ingresos, a la autoconsciencia y a la mujer que amo. El café es bastante romántico, es un proceso dónde el grano no puede ser mejorado, sino que desde la planta a la taza solamente puede empeorar con un mal tueste, mala molienda o una mala preparación. El miedo diario a echar a perder una partida de café, debe ser lo más cercano a la sensación de estar enamorado. El tener algo tan frágil y con tan pocas probabilidades de éxito entre las manos y aún así seguir intentando obtusamente que funcione, es de enamorados y de baristas. El café es arte, es disciplina, es constancia, es amor y como tal, es la fuerza que mueve al mundo.

 

ADVERTENCIA CERVANTINA

 

"Visiones del Qujote" (Ocampo) / "Falstaff" (Von Grützner)

“Visiones del Qujote” (Ocampo) / “Falstaff” (Von Grützner)

Por Joaquín Trujillo Silva

Abogado. Investigador en Centro de Estudios Públicos

 

 

 

 

 

 

 

 

La locura es una verdad solitaria. Esta definición es tan alumbradora porque relativiza a la cordura en tanto recuerda lo gregario de su dominio.

Don Quijote —casi todos los personajes que lo rodean van diciendo cuando no pensando que está loco— es, primeramente, un viejo ridículo. La vergüenza ajena que nos hace pasar Cervantes es proporcional a nuestro sentido del ridículo, a nuestra cordura, que demoniza la locura, pero que otras veces le basta con despreciarla.

Pese a los adjetivos que Cervantes pone en la mente y en las bocas de los personajes que va encontrando el ingenioso hidalgo, pese a todas aquellas palabras que impresionan como juicio generalizado, Cervantes hace en esto una advertencia. Esa advertencia transforma a esos “pese” en un “porque”. En efecto, Cervantes pareció deslindar la gran advertencia que ni Aristóteles ni Kant se atrevieron a explicitar, quizá por complejo de visado en el reino de los prácticos por tanto cuerdos.

Cuando Don Quijote presencia el famoso discurso de la pastora Marcela (ante una manada de estupefactos varones en el capítulo XIV), es el primer momento de la novela en que su locura pasa de estar sola a hacerse acompañar. Quizá como nunca, reflejado en la excentricidad de Marcela, Don Quijote advierte a los amigos deudos de Grisóstomo que nadie debe culpar ni importunar a la pastora cuyas razones para considerarse inocente de esa muerte —recordemos que Grisóstomo se había suicidado al no verse correspondido en su amor por ella— han sido ofrecidas con una destreza poco habitual en los discursos del hidalgo. Marcela se llama a sí misma fuego y espada lejana. Ella no quiere quemar ni ser quemada. El Quijote defiende esta expresión de fe como si se tratase de la mejor versión de una que podría proceder de sí mismo. En esta oportunidad don Quijote no ha defendido a una ramera creyendo que era doncella. Ha defendido la realidad misma, que no es la realidad de ese realismo que se insiste en sugerir que significa Sancho Panza, sino, antes bien, la realidad de un ideal reconocible ante cuya fuerza el sentido del ridículo palidece y se vuelve el más ridículo de los sentidos.

La aparición de Marcela es fundamental; quienes exageran su importancia, aciertan. El binomio barroco Quijote/Sancho o Idealismo/Realismo (del cual se habló mil veces), es al costado de la pastora una síntesis floja de lo que puede tener forma de triada. En Marcela el ideal deja de cuadrarse ridículo para erguirse sublime. Mientras tanto el ridículo acompaña los excesos de don Quijote, toda su referencia a la derogada caballería, su estatus de hidalgo alfabetizado, con la desconfianza correspondiente que entre los analfabetos —como confiesa ser el mismo Sancho— despierta la ingesta de alimentos envenados. Recordemos la quema de novelas de caballería en el capítulo III, que interrumpe como triunfo de la sensatez, de la naturalidad (el criterio femenino del ama de don Quijote) por encima de los extremos a los que han llevado la lectura, la instrucción, la fantasía ociosa. Todo a instancias del cura amigo.

Puede también decirse que Cervantes fue más allá. Y es esto lo que debe llamarse la advertencia cervantina, para darle un nombre digno del Quijote.

El Falstaff de Shakespeare (personaje de The Merry Wives of Windsor y los enriques) fue ese gordo lujurioso, tallero y cobarde, ese flan liberal de pub que festinaba con el honor y que en la ópera de Verdi consiguió un aria referida a este asunto. Falstaff es sin duda la muestra simétricamente contraria al Quijote. Es un gordo —“pacífico” por cuanto gordo, como hubiese dicho Cervantes— calculador, divertido, burlesco; un Sancho Panza emancipado de sus funciones escuderiles, y que ostenta el título de Sir. Don Quijote es “enjuto de rostro”, alto, autoerigido como observante de las reglas de caballería, muchas de las cuales desprende de meras lecturas.

Pues bien, el “honor” que en Shakespeare ya se sabe a ciencia cierta un ridículo, en Cervantes todavía ha merecido una última indagatoria. Como una vieja moneda que está a punto de ser devaluada, quien la ha atesorado, la observa por última vez. Pues bien, Cervantes hizo de este acto de observación y despedida, una verdadera lectura de su tiempo, pero, además y principalmente, una advertencia para cuanto vendría después.

Transformado el honor en una verdad solitaria, en un tesoro que no es valioso sino para solo quien lo atesora, la lengua amenaza con volverse tan propia, tan ajena a la comunidad que —para decirlo en términos de Witgenstein— ya ni siquiera puede llamarse lenguaje. Este es el lenguaje solitario del honor, de la virtud quijotesca, que se ha despedido de su estatus para quedar relegada al ridículo, o algo aún peor, lo raro, lo absurdo, aquello que ni siquiera alcanza para causar gracia, que es, al final de cuentas, el aroma que deja el sentido del ridículo una vez ya ni siquiera abruma.

Cervantes no se compromete con su defendido. Su misma narración sindica al ridículo, promueve su ruina, ¿pero qué valor ve en esta forma del ridículo?

Cervantes dejó pulida cuanto pudo una advertencia, para que brillara en la mejor resolución de su condición de posibilidad. Esa advertencia puede resumirse así: la virtud, el honor, la justicia son asuntos ridículos, locuras que quizá alguna vez fueron corduras que gozaron de algún prestigio alrededor de los libros a que darían lugar. Caída en la desgracia del mero ridículo, quedará solamente la verdad a la que llaman realidad, una cordura cuyo único destino es empobrecerse hasta… También el sol está sólo entre los astros opacos.

DE CÓMO PERDIMOS NUESTROS TESOROS

Por Leonor Quinteros

Socióloga. Ex directora regional del Sernam.
* Reflexión sobre la película “La lección de pintura” de Pablo Perelman

 

 

 

 

La palabra “símbolo” proviene del griego, Symballein. Significa lanzar juntos, reunir, congregar. Su antónimo griego significa lo contrario: lo diabólico, lanzar lejos, separar.

Muchos pensadores y pensadoras han relacionado al ser humano con su creatividad simbólica. Esto es, la capacidad de aprehender la realidad a través de la transmisión de formas simbólicas; cuestión que llevó a G. Mead a pensar que los seres humanos somos, naturalmente, animales simbólicos. Somos animales simbólicos porque actuamos por sentido y significado en comunidad. Lo que hacemos en sociedad, todo lo que hacemos, incluyendo nuestros gestos, son símbolos, cargados de sentido y significado. Y es este sentido el que nos acerca y nos brinda conocimiento sobre la experiencia cotidiana inmediata.

Los símbolos nos unen en un mundo que está en constante vaivén entre los sagrado y lo profano, entre lo divino y lo tocable y besable. Los símbolos cubren huecos y quiebres que deja el desorden y la falta de comprensión en un mundo violento, cambiante, resbaladizo y tozudo.

Los amantes se acuerdan de su experiencia amorosa cuando escuchan una canción. Una paloma blanca es símbolo de paz, una bandera es símbolo de frontera. No importa cuan lejos estemos, no importa si pensamos cosas diferentes, no importa si soñamos un futuro diferente. Los grupos humanos se unen bajo los símbolos, cuando le dan su propio sentido a partir de su propia experiencia de vida.

Y ahora pienso que, quizás, todavía estamos inmersos en huecos y quiebres que cargamos desde el golpe de Estado de 1973. Quizás necesitamos construir símbolos que nos unan para entender lo que nos pasó como comunidad en aquel momento histórico. Quizás necesitamos crear símbolos para poder invitar a otras personas, sin importar su origen o forma de pensar, de entender la cruda realidad vivida tras el golpe, porque lo simbólico une.

Pero, ¿cómo construir símbolos?. El arte ofrece esa posibilidad a través de procesos creativos e intuitivos. La expresión artística tiene el poder de develar verdades para el que recibe la obra de arte, en este caso, el receptor, a través del singular fenómeno intuitivo que se da en la conciencia de quien la contempla. Si bien toda recepción estética está marcada por lo que el receptor espera de ella, lo expresado artísticamente, paradojalmente, no necesariamente es explícito y puede permanecer, incluso oculto.

Por ejemplo, la poesía no sólo es creación artística. También nombra y da vida a las cosas existentes. Por lo tanto, la poesía es parte de la visión de mundo no sólo existente, sino también, interpreta casi proféticamente nuevas visiones de mundo. La poesía es también un medio de transmisión de verdad, pero no una de carácter doctrinario, sino aquella que es vivencia y experiencia.

Es por esta razón que el arte nos ofrece la posibilidad de conocer la verdad sobre nosotros mismos y del mundo que nos rodea. El arte puede configurarse como contestatario y rebelde. No quiere aceptar la inmodificabilidad de la historia oficial, es decir, como un destino natural. No existe manera más intuitiva y revolucionaria que hacer política a través del arte. Las pruebas abundan, en la música, el canto, la poesía, la pintura, y también, el cine.

A diferencia de otras propuestas cinematográficas sobre el golpe de Estado en Chile, “La Lección de Pintura” nos ofrece por primera vez la posibilidad de entender simbólicamente el golpe de Estado y sus consecuencias. La postura política rebelde está presente en la cinematografía chilena, desde hace mucho tiempo. Se recurre, generalmente, a presentar la así llamada “realidad misma,” o, con más exactitud, a la “cruda realidad”: tortura, lugares de detención, cárceles, ostracismo e imágenes y relatos diversos contados por los propios protagonistas. ¿Pero es esa la realidad? La realidad humana colectiva es una construcción social, y por lo tanto, necesita, exige y demanda símbolos. ¿Qué símbolos hemos construido? ¿Estos símbolos, han ayudado a unirnos, tal como lo propone el symballein? ¿Hemos dado un paso hacia la universalización de nuestra experiencia?

A pesar que el Leitmotiv de la película no es el ostracismo, pude conectar mi propia experiencia de vida con el relato y los símbolos creados, en verdad, magistralmente por su director. Ni siquiera se menciona en la obra la palabra “exilio”; sin embargo, yo vi claramente mi propia historia personal, mi infancia y desarraigo tras el exilio. “La Lección de Pintura” de Pablo toca las fibras ocultas de la violencia de Estado que personalmente sufrí junto a mi familia desde muy pequeña. Me di cuenta que yo también desaparecí ese día en que me subieron al avión, engañada, y me separaron por siempre de mis abuelos, abuelas, tías, primos, mi barrio, mi cultura.

¿Cómo y porqué volví a sentir las emociones que sentí de niña cuando me alejaron de mi familia? Porque el niño Augusto, es un símbolo que nos ha logrado convocar, sin importar la generación, o la historia personal de cada uno de nosotros. Este niño me dice la verdad, y a ustedes también.

Tal como los niños de los cuentos de Oscar Wilde, Augusto trae la dulzura, la belleza y la inocencia que alguna vez acompañó a toda una generación en Chile. Augusto es la encarnación del cuerpo de Cristo que fue robado desde su cruz. El pintó los cuadros más hermosos, poéticos y sobre todo, esperanzadores de nuestras vidas. Este niño era nuestro gran tesoro. No digo “promesa” porque él llegó perfecto a este mundo.

Pero lo perdimos. Este niño es llevado en un tren, el mismo tren que cargaba ganado y judíos a los campos de concentración en la Alemania Nazi. El mismo tren que hacía temblar las botellas, y que interrumpía de vez en cuando las conversaciones y las actividades cotidianas. Como una amenaza latente, a punto de estallar, permanente y casi silenciosa. Nuestro pequeño e inocente Cristo fue nuevamente crucificado tras el golpe militar del año 1973.

Una madre humilde pero con ideas claras, como nuestra Violeta, espíritu y alma de nuestro país. Una madre que intuía, y decidió apoyar el tesoro de nuestro niño inocente abandonado por su padre. Nuestra alma, nuestra madre, que es capaz de transformar la noche en día, y el día en noche para cuidar el tesoro de nuestra inocencia. Nuestra alma chilena, que se reprime, controla, adapta y que se expresa constantemente entre vaivenes revolucionarios y conservadores, tal como Gramsci describía la cultura popular.

Un hombre que hace lo posible para ser como el niño inocente y perfecto, pero cuya racionalidad lo nubla y confunde a ratos. Un hombre que piensa, y piensa bien, pero que recibe la patada de la bota militar cuando adviene el golpe, tal como se desmoronó la racionalidad de la UP tras el golpe. De una sola patada. Confiamos demasiado en la racionalidad política, pragmática. Quizás sea esta la razón por la cual, este hombre no se casa con el alma chilena, la madre. Pero es justamente este hombre quien reconoce el tesoro, y que está decidido a llevarlo a su máxima expresión pública: La exhibición del tesoro para todo el país. Nemesio Antúnez es otro Salvador, otro Salvador Allende, quien quiere recibir nuestro tesoro con los brazos bien abiertos.

De nada sirvió. Nos quedamos llorando y lamentándonos en el andén, maldiciendo las casualidades de la vida. Quizás, seguimos esperando en ese lugar. Nos quedamos con la mirada fija en los cadáveres, en las fotografías de los que desaparecieron, nos quedamos mirando fosas profundas nos quedamos cantando las mismas canciones, una y otra vez. Nos quedamos lamentando una infancia que nunca fue. La pena es parte de nuestra vida ahora.

Pero esta película tiene un final esperanzador. De una u otra forma, recordé los relatos de Ingmar Bergman. El cineasta sueco nos trae relatos cargados de dramas humanos, pero siempre, y en cada una de sus películas, he podido descubrir un mensaje de esperanza, entregando así un valor casi terapéutico para los expectadores. El cuerpo de nuestro pequeño Cristo ya no está, pero ha dejado su inocencia enredada entre algunos colores de nuestra propia naturaleza exuberante. En algún lugar, entre trastos, está nuestro pequeño tesoro, nuestro tesoro, nuestro propio Principito chileno. Nuestro símbolo.

Pablo Perelman y Adolfo Cavour nos invitan a reinventar nuestra experiencia histórica, y nos dice que hay esperanza. Esta es una película política, que llama a la praxis. Falta entonces que salgamos a buscar tesoros, entre tanto objeto vano, perdido, inútil  Por favor, búsquenlo, y tráiganlo. Volvamos a ver al niño que todo inició. Que sus colores nos recuerden cómo éramos. Por favor, déjenme abrazarlo. Necesitamos sanarnos.

EN TORNO AL JUICIO DE SÓCRATES

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Sócrates

 Prof. Dr. Haroldo Quinteros B 

Doctor en Ciencias Sociales de la Universidad de Tubinga, Alemania, Profesor de la Universidad de Heidelberg (Alemania) y actualmente académico de las universidades Arturo Prat y Santo Tomás de Chile.

                                              Resumen

 

La historia tradicional del juicio de Sócrates presenta al filósofo como víctima de un estado intolerante y corrupto. Así, Sócrates se ha transformado en el símbolo del hombre que muere defendiendo sus ideas. Este ensayo tiene por objeto demostrar que tal historia es falsa: Sócrates, a pesar de su importancia en la Filosofía, encarnó en la activa política de Atenas la contrapartida, en la teoría y en la práctica, de la democracia ateniense, llegando, de hecho, al nivel de la sedición. Sus jueces, finalmente, no pretendían darle muerte, sino sólo alejarlo de la juventud ateniense. Morir fue su propia decisión.

                                                Abstract

The traditional story about the trial of Socrates presents the Philosopher as a victim of an intolerant and corrupted state. Thus Socrates has become the symbol of the man who dies in defence of his ideas. This essay is intended to demonstrate that such story is untrue: Socrates, despise his importance in Philosophy, was within the active political life in Athens the counterpart of Athenian democracy, both in theory and practice, reaching such practice, in fact, the level of sedition. His judges, finally, did not intend to take his life, since they only wanted to keep away from the Athenian young. To die was his own decision.

 

  1. Sócrates el Filósofo y la Atenas democrática.

 

En torno a la libertad, y más específicamente, a la libertad de expresión, es tradición poner en tela de juicio a la República de Atenas clásica (siglos V y IV a. C.) por haber dado muerte a Sócrates, el filósofo (470-399 a. C.). En la conciencia de muchas personas, Sócrates es el arquetipo del mártir de las ideas. Dos causas han concurrido en la formación de esta noción, para prácticamente todo el mundo, indiscutible:

(*) Doctor en Ciencias Sociales de la Universidad de Tubinga, Alemania, Profesor de la Universidad de Heidelberg (Alemania) y actualmente académico de las universidades Arturo Prat y Santo Tomás de Chile.

En primer término, la importancia que tiene Sócrates en la Filosofía. Hombre de la era de Pericles, dio continuidad a la discusión filosófica de su tiempo, gravemente periclitada a raíz del agotamiento que experimentaba su única expresión conocida, la especulación cosmológica, en boga desde comienzos del siglo VI hasta mediados del V.

La Filosofía presentaba el cuadro de una serie de sistemas en conflicto. Las teorías del origen y movimiento del universo, entre sí excluyentes, no probarían nunca, desde luego, su validez en un mundo en que la ciencia como tal, no existía. Parménides vendría a complicar más esta situación. Según él, el mundo real debía ser algo distinto a lo que nuestros sentidos pueden revelar, y, por lo tanto, el método de la cosmología, i.e., la interpretación del universo a través de analogías conseguidas tras la reflexión hecha sobre las experiencias sensibles de la vida diaria, tenía que conducir necesariamente al error. Su discípulo Zenón parecía comprobar que hasta los postulados de las matemáticas eran entre sí contradictorios.

Protágoras y Gorgias arribaron a la conclusión que es lo útil lo que debemos alcanzar, puesto que la verdad es sólo una quimera. Según relata Platón (428-348 a. C.) en su Fedón, Sócrates, luego de incursionar en la cosmología y en las matemáticas, particularmente de Zenón, pensó que las autoridades intelectuales de su tiempo, en el mejor de los casos, sólo habían llegado a la certeza sobre lo erróneo de las escuelas rivales. Ninguna podía, en verdad, probar que sus teorías eran ciertamente correctas. Sócrates descubre, entonces, que había una total ausencia de un método crítico y, después de estudiar la teleología de Anaxágoras (500-428 a. C.), resuelve no considerar los “hechos,” en la búsqueda del conocimiento, sino las “proposiciones” que hacemos de ellos. De las proposiciones avanza a las “hipótesis,” y luego a las “consecuencias” que se derivan de ellas. Si las consecuencias prueban ser verdaderas, las hipótesis serán confirmadas provisoriamente. Así llega a su hipótesis más importante: todo término, como “bien,” “bello,” “hombre,” con una denotación inequívoca, necesariamente nombra un objeto en sí y único, inaccesible a la percepción sensorial, y aprehensible sólo por el pensamiento. Esta es la “Idea.” Las cosas, es decir, las cosas sensibles, son sólo realidades secundarias y derivativas; no son, sólo “llegan a ser” por un tiempo en virtud de su “presencia” o “participación” en la “Forma.” Según la Teoría de las Formas o “teoría ideal” (Fedón y La República), el conocimiento del “Bien” sólo puede conducir a su buen uso. Así, Sócrates se transforma en el fundador de la doctrina de una moralidad absoluta, contra todo relativismo, sobre todo el de Protágoras. Más aun, con tal descubrimiento, Sócrates daba inicio, definitivamente, a la preocupación filosófica por el hombre en tanto hombre y su relación con los demás hombres. Fueron sus disquisiciones sobre “Bien,” “Justicia,” “Valor,” y “Virtud” las que abrieron paso a una nueva forma de filosofar. Finalmente, observó que la Política no debía separarse de la Ética y que el deber del gobernante era conseguir que los ciudadanos fueran “buenos” hasta donde les fuese posible. En suma, Sócrates es, y así ha de ser considerado siempre, el fundador de la Filosofía Antropológica. Con él termina el primer período de la Filosofía, el cosmológico o pre-socrático, y se inicia, por fin, la preocupación por el Hombre.

En segundo término, el desconocimiento general sobre la Atenas democrática. El “conocimiento popular,” aquella información que se transmite sin dación ni crítica de fuentes, y, generalmente, empleada en periódicos, a veces de importante circulación, en la televisión y la radiotelefonía, con el fin de demostrar las opiniones particulares de quien las emite, es responsable del más variado tipo de mistificaciones en nuestros días. Esta es la “literatura de divulgación,” que bien ejemplifica un artículo del escritor chileno Enrique Lafourçade, aparecido en el conocido diario El Mercurio de Santiago (1). Son, en efecto, muchas las personas que “informadas” por este tipo de literatura que piensan que Sócrates fue llevado al patíbulo por un Estado represivo y corrupto por el delito de defender la libertad de expresión. Tal idea es, en verdad, totalmente equivocada.

La democracia es el gobierno del pueblo. Puede serlo a través de representantes, la forma de democracia más conocida en nuestros tiempos; o como era en Atenas, a través de la participación directa de un considerable número de ciudadanos en los asuntos del Estado. Hasta el advenimiento de la idea democrática moderna (digamos, como la que ya anuncian Voltaire y Rousseau, y la que define explícitamente Jefferson), la Atenas clásica constituye una rara isla en la Antigüedad. Habida consideración de las limitaciones naturales de ese mundo, como la supremacía masculina y la esclavitud, Atenas fue, por cierto, un Estado democrático. El principio de la generación del poder político a partir de consultas y elecciones periódicas, libres, secretas e informadas; el imperio de la isonomía, o la igualdad ante la ley, generada también libremente por ciudadanos libres, el respeto a la libertad de expresión y la obligación de la mayoría de oír la opinión de la minoría y la permanente búsqueda del consenso en la vida política contingente, fueron características de la vida política en Atenas, de las cuales la información histórica conocida da objetiva cuenta. El origen real de la democracia ateniense reside en el carácter microcósmico y urbano de aquella civilización y la homogeneidad étnica de su pueblo. Se inicia en 507 a. C. con Clístenes, el legislador que hizo votar la primera constitución política democrática que conoce la historia. Esta revolucionaria forma de gobierno condujo a Atenas hacia un acelerado progreso en todas los aspectos de la vida social. Fue durante el imperio de la democracia cuando florecieron la Filosofía, las ciencias, el Arte, la Educación, la industria y cuando, asimismo, pudo Atenas extender su poderío económico y militar por el Peloponeso y el Mediterráneo.

La “Democracia Imperial,” debía, naturalmente, dar origen a enemigos irreductibles fuera y dentro del mundo griego. La Atenas del siglo V a. C. era el Estado más fuerte del mundo helénico, temido por los pueblos conquistados y odiado por su par Esparta. En efecto, Atenas estuvo en permanente conflicto con la fuerte monarquía hereditaria y timocrática espartana, y en virtud de su poder se ganó, además, otros poderosos enemigos, como Tebas y Chalcis. Pudo, sin embargo, mantenerse en pie sin mayores sobresaltos. En las Guerras Médicas, su aportación logística y militar decidió, incuestionablemente, la victoria griega sobre el enemigo persa. No obstante, el hecho que la prosperidad ateniense se obtuviera en gran medida por la forma de explotación y dominación imperialista, con la consecuente constante resistencia externa a su poder; la devastadora peste que la asoló en plena Guerra del Peloponeso (431-404, la que protagonizó contra Esparta), guerra que segó la vida de un tercio de su población, muriendo en ella, el propio Jefe de Estado, Pericles, en 429; la presencia de traidores, Alcibíades, Antifón y Theramenes, entre otros, que conspiraron durante toda la guerra en favor de Esparta auxiliados por las propias debilidades de la democracia, como la libre acción de los demagogos y, naturalmente, la de los partidos oligarcas, que siempre se identificaron con la forma de gobierno espartana, facilitaron el camino a los espartanos para derrotarla. No obstante, Atenas no desapareció. Por el contrario, aun después de su caída como Estado, su influencia cultural se extendería por todo el mundo antiguo. Los reyes macedonios Filipo y, sobre todo, su hijo Alejandro, cuyo preceptor fue Aristóteles, el más distinguido discípulo de Platón, llevarían la cultura clásica ateniense lejos del mundo helénico. Más tarde, los romanos reconocerían a Atenas como la Ciudad del Saber, y allí llegarían a estudiar y formarse los mejores hijos de las letras latinas. Puede decirse, con toda propiedad, que Atenas, a diferencia de todos los estados griegos rivales, no desapareció gracias, precisamente, a su democracia. Por supuesto, aquel espíritu, que ha venido en llamarse El Humanismo, ha prevalecido hasta hoy.

 

  1. Democracia, Ley y Justicia en Atenas.

 

En el siglo V, el siglo de oro de Atenas, la ciudad observa en cuanto la administración de la Justicia lo mejor de las bondades del régimen democrático (2). Al comienzo de cada año, se constituía la Heleia, la Asamblea Judicial del Pueblo, mediante un sorteo en el que debían participar por igual todos los ciudadanos atenienses. Se elegían a seis mil de ellos, divididos en diez secciones, los dicasterios, porque diez eran las tribus de Atenas. Cada dicasterio tenía 501 miembros. Los mil restantes quedaban a disposición del Arcontado formado por los arcontes, lo que en nuestros días equivaldría a la Corte Suprema y sus ministros, con el objeto de llenar vacantes en casos de ausencias. Vale decir, cada dicasterio era, como diríamos hoy, una sala de aquella corte. A partir del gobierno de Pericles, y con el fin de ofrecer a todos los ciudadanos, incluidos los más pobres, la posibilidad de participar en los dicasterios, sin perder pecunio por ausencia al trabajo, se indemnizaba con una cierta cantidad de dinero, o mistofonía, a cada uno de los 501 ciudadanos. Fue Pericles quien instauró la mistofonía en la Heleia con el fin de impedir sobornos a los ciudadanos pobres, y garantizar así la limpieza en los juicios y la debida ponderación y ecuanimidad de las sentencias.

En cuanto la libertad de palabra, no puede sostenerse que no existiera. Ésta se ejercía en las calles, en el ágora (el mercado mayor) u otros sitios públicos. El Estagirita, sorprendido, llamó a Atenas “una sociedad de hombres libres,” como efectivamente lo era, a diferencia de sus congéneres helénicas.

Por ejemplo, Esparta, su gran enemiga, como se ha dicho, era una monarquía timocrática de régimen hereditario, mientras que Atenas, si bien no poseía una oligarquía fuerte, ésta no carecía de un referente político, el Partido Oligarca. Además, todo ciudadano podía impetrar antes los tribunales el respeto de sus derechos consagrados en la Ley, y, en caso de ser acusado, tenía el derecho de asumir su defensa por sí mismo o mediante defensores. En caso de declararse culpable a un reo, éste podía proponer una sentencia. Los jueces dictaminaban de entre la sentencia propuesta por la parte acusadora (acusadores que eran ciudadanos) y la sentencia propuesta por el acusado. Si el delito era serio, y siendo propuesta la pena de muerte por la parte acusadora, al acusado se le permitía elegir entre la muerte o el exilio, la pena que en estos casos normalmente se aplicaba porque era la que pedía para sí el acusado, y porque los tribunales, por tradición, eran misericordiosos.

 

 

  • Prolegómenos del Juicio de Sócrates.

El ateísmo, o impiedad, según el relato tradicional sobre el juicio de Sócrates, el principal cargo por el cual fue juzgado, no estaba tipificado en la ley como delito. Luego, lo único posible de suponer es que tal cargo sólo pudo ser una especie de recurso efectista para conseguir una sentencia por un delito verdaderamente grave. No ha sobrevivido ninguna versión de la parte acusadora, pero es improbable que según sus términos Sócrates haya sido condenado a muerte por impiedad; menos aun pudo haberlo sido por sostener ideas filosóficas o políticas contrarias a las de los gobernantes, o a las del grueso de la población ateniense. Si se observan sólo algunos casos de conspicuos atenienses que fueron alguna vez sometidos a juicio, se puede colegir de manera fehaciente que tales aseveraciones son insostenibles. Veamos, por lo menos, los casos a que hace referencia Lafourçade :

Jenofonte (427-335 a. C.), ligado al Partido Oligarca, recabó su ideal político en decidida acción. En 394 a. C., se enroló en el ejército espartano para luchar contra su patria Atenas en la batalla de Coronea. La derrota de Atenas significó para ella grandes pérdidas en vidas y en territorios; aun así, luego de ser capturado, en el año 394 a.C. un tribunal ateniense sólo confiscó sus bienes y lo condenó al exilio. Más aun, años después, en 371 a. C., la condena fue revocada y perdonado definitivamente.

El filósofo Anaxágoras, con seguridad, si sólo consideramos su cosmología, no profesaba las ideas religiosas de sus compatriotas ni ninguna religión. Entre otras aseveraciones, propuso el principio Nous, la existencia de una “inteligencia suprema invisible,” el ente animador de todo ser vivo. Según este filósofo, los cuerpos celestes no tenían divinidad alguna y no eran sino, como la luna, piedras salidas de la tierra que se encendían en el espacio por la fuerza de rotación o eran iluminadas por el sol. Durante siglos, hasta nuestros días, enciclopedias, diccionarios, tratados impresos y virtuales y la prensa de divulgación refieren que Anaxágoras, acusado de impiedad, fue llevado a juicio, que Pericles, el jefe de Estado, admirador y amigo suyo, había sido su defensor, y que, probablemente, por su intervención, no habría sido condenado a muerte, sino al exilio, donde se suicidó. Hay algo muy importante de consignar sobre esta historia. Es método corriente en la investigación histórica dar por cierto un hecho si hay más de una fuente que lo reporta, y si esas fuentes, en tiempo y forma, se derivan directamente del suceso, o en el mejor de los casos, si éste no se relata demasiado tiempo después de ocurrido. Pues bien, esta historia sobre Anaxágoras es contada sólo por un historiador, Plutarco (46-120 d.C.), que la escribió cerca de medio milenio después del supuesto juicio al filósofo. En realidad, el relato de Plutarco no es dudoso, sino increíble. Contemporáneos de Anaxágoras, opositores militantes al Estado democrático ateniense, como Platón y Jenofonte, que mucho escribieron, no podían -de ser cierto que hubo tal juicio- dejar pasar tan afortunada oportunidad para atacar al régimen y a Pericles, por el incumplimiento de las propias leyes atenienses sobre libertad de expresión. No lo hicieron. En verdad, lo único objetivo que se sabe sobre la vida de Anaxágoras, además de su filosofía, es que murió lejos de Atenas, en Lampsacus, donde antes de su muerte había fundado una escuela. Pudo, obviamente, ser impopular entre sus compatriotas debido a su declarada irreligiosidad, lo que pudo alejarlo de Atenas en libre uso de su libertad personal, con el fin de fundar una escuela donde tuviera más discípulos. Pero, en fin, ante la ausencia de fuentes, esto es una teoría, como también puede ser el relato de Plutarco, que, en verdad, es carente de lógica.

El caso del sofista Protágoras (480-411 a. C.) es parecido. Más que su reconocido agnosticismo, bien pudo haber sido ateo. En su De los Dioses, declara: “en relación a los dioses, soy incapaz de saber si existen o no.” Casi 500 años después de la muerte de Protágoras, Plutarco repite la historia de Anaxágoras, pero esta vez con aquél. Refiere que el sofista también fue condenado por ateísmo. A esta nueva dudosa historia, cien años después de Plutarco, en el siglo III d. C., otro griego, Diógenes Laercio, agrega algo que es, por decir lo menos, fantástico: las obras de Protágoras habrían sido quemadas públicamente. Si esto hubiese sido así, obviamente habrían sido previamente prohibidas, lo que es imposible, porque en Atenas no había censura. Además, las quemas de libros, aunque en ellas participen masas de personas, sólo han tenido lugar, en todas las épocas, en estados altamente autocráticos, lo que de ningún modo era la Atenas de Pericles. Además, al igual que el caso de Anaxágoras, ningún contemporáneo de Protágoras ni opositor a Pericles relata tal hecho. Lo que sabemos de Protágoras es que fue un prestigioso y rico sofista. Sócrates mismo, como lo relata en Menón de Platón, se refiere derogativamente a Protágoras por haber ganado “más dinero con sus libros que Fidias con sus esculturas.”

Finalmente, Eurípides (480-406 a. C.) Avatares de su vida, las críticas a su obra, su salida de Atenas y su muerte fuera de ella, pudieron haber llevado a Lafourçade, muy inadvertido escritor en materia de Helenismo, al error que el trágico ateniense debió abandonar su patria de manera forzada. Ninguna de las fuentes sobre la vida de Eurípides, que con Sófocles y Esquilo forma la tríada mayor de los trágicos griegos, respalda tal supuesto. Eurípides, un naturalista en su arte (digamos, una especie de Pier Paolo Pasolini de su tiempo), llevó a sus personajes, incluidos los dioses, a un grado de humanidad tan común, que en los últimos años de su vida comenzó a perder popularidad; mientras a la par, varios de sus colegas se reían de él en sus obras, representadas periódicamente ante masivos públicos. Aristófanes, por ejemplo, a la sazón el trágico más taquillero, lo ridiculizó escandalosamente en su Las Ranas. En fin, el público, simplemente, dejó de ver las obras de Eurípides, y en 408 a. C., viviendo, además, en una Atenas arrasada por la larga guerra del Peloponeso y sus consecuencias, resolvió abandonarla. Viajó a Macedonia en 405 a. C., donde fue acogido como un ilustre huésped por el rey Arquelao. Allí, en Pella, murió tranquilamente, un año después.

 

  1. El Juicio.

Surge, pues, la pregunta ¿por qué la democrática Atenas llevó a Sócrates al patíbulo? La creencia general es que cualquier Estado que se hubiese atrevido a juzgar y ejecutar a Sócrates, debió ser represivo, oscurantista y hasta corrupto. A todas luces, Atenas estaba muy lejos de albergar en su seno un Estado de tales características. Por lo tanto, lo único posible es que las causas que originaron el juicio disten mucho de estar vinculadas a un problema de ideas. Como veremos, el juicio, en verdad, sólo tiene relación con la política contingente de la Atenas de entonces.

La visión del filósofo frente a jueces ignorantes y corruptos que lo llevan a la muerte es de larga historia. Durante siglos, fue aventada por quienes sintieron   abierto desprecio a las nociones “democracia” y “ciudadanía”: la Roma agustiniana, de la que, por ejemplo, los griegos Plutarco y Diógenes Laercio fueron fieles súbditos y favorecidos (Plutarco fue el maestro del emperador Hadriano); el feudalismo, cuya base ideológica es, sobre todo, la diferencia ante Dios de señores y siervos; y el absolutismo monárquico de la Edad Moderna. ”L’état c’est moi,” diría Luis XIV, y alguna vez Carlos I de Inglaterra espetaría a Cromwell, “¿Democracia? Usted me habla de ese antiguo y fracasado experimento griego?”

La historia del Sócrates político ha venido dilucidándose sólo recientemente. Aunque helenólogos como I. F. Stone (3) han desmitificado ya bastante el juicio contra el filósofo, la sola lectura cuidadosa de la historia de Atenas basta para, por lo menos, dudar que Sócrates haya sido un mártir de la libertad; por el contrario, en materia política, es un hecho objetivo, ampliamente documentado, que Sócrates estuvo de lado de quienes no creían en la libertad, ni en la igualdad, ni en la democracia. El Sócrates idealizado que se conoce es obra inicial de sólo dos de sus contemporáneos: sus jóvenes y fieles discípulos Platón y Jenofonte. Sobre este último, sólo recordemos su activa militancia política oligarca, que lo condujo a enrolarse en el ejército espartano sólo para ver destruida la democracia en su patria. Platón, hijo de una acaudalada familia oligarca, tampoco era partidario de la democracia. Basta sólo referirse a La República, su opus magnus. Esta obra es un tratado de ética que, por tal, incursiona en la Política. Por boca de Sócrates, Platón expone en ella su credo político: el Estado gobernado por el Rey Filósofo; es decir, por “el que sabe,” que, naturalmente no lo elige el pueblo, sino la casta de “los que saben;” que ordena y dirige una procreación y educación selectiva; que censura a “maestros,” poetas” y “músicos,” etc. La democracia, según Platón-Sócrates, sufre el destino de la sociedad gobernada por hombres “que no saben,” y sobre asuntos de moralidad y justicia, “trata la opinión de un ciudadano como igual a cualquier otro.” Las ideas políticas del Maestro, en suma, trasuntan una inconmovible desconfianza a y desprecio a la razón de ser la democracia, la igualdad. De ahí, entonces, en el plano político, la popularidad de Sócrates a lo largo de los siglos en los círculos de impronta ideológica autocrática.

Veamos el diálogo Eutifrón de Platón (Sócrates nunca escribió y sus ideas fueron expuestas por sus discípulos Jenofonte, y sobre todo, Platón): El joven Eutifrón, en cumplimiento de la ley, debe acusar a su padre que ha asesinado a un trabajador suyo, un thes. Por error, hay traducciones de thes como “siervo.” Nos atenemos a la traducción del término del profesor chileno Gastón Gómez Lasa, que lo traduce directamente del griego como “individuo a sueldo” (4). Por cierto, el concepto thes era de especial importancia en la polis ateniense. Por razones de política tributaria, se dividía a los ciudadanos en cuatro clases, y un thes correspondía al trabajador más pobre. Sócrates increpa severamente a Eutifrón por llevar a juicio a su padre, con lo que, desde luego, simpatizamos. Agrega, empero, que no puede hacer eso por un “simple thes.“ Ergo, si la víctima hubiese sido una persona importante, podría discutirse si Eutifrón debiera o no cumplir con la Ley. En verdad, en este caso, el Filósofo deja claramente establecido que los seres humanos no deben ser tratados por igual, porque, simplemente, no son iguales, i. e., estima que la Ley puede violarse si se perjudica a una persona humilde. Sócrates, era, pues, indiscutiblemente, contrario público a la democracia de Atenas. Nótese que en su búsqueda de la “virtud,” en el terreno de la política contingente, llegó a la conclusión que sólo con la excepción de la Tiranía, la Democracia, en el único sentido que podía entonces entenderse como práctica política, i. e., la democracia ateniense, era el peor de los regímenes de gobierno. No obstante, como probaremos más adelante, no fue su rechazo ideológico a la democracia la causa que lo llevó a juicio.

En la Apología, como su nombre lo indica, un texto de admiración, respeto y alabanza, su protagonista, Sócrates, realiza su defensa. La Apología fue escrita por Platón, su más conspicuo discípulo. El escrito, es, por cierto, una brillante pieza literaria; sería, claro está, una brillante defensa si hubieran sobrevivido los textos de los argumentos de los acusadores, textos que con toda seguridad existieron. Luego, si se quiere realmente ser objetivo, la Apología no sirve de mucho como para acceder a una visión objetiva del juicio. Aun así, el propio examen de la Apología arroja luces sobre la acusación y la sentencia.

Sócrates inicia su defensa alegando que él es “el más sabio de los griegos.” La prueba es la Pytia, la maga del oráculo de Delfos, en el que creían los griegos. La maga reveló esto, según Sócrates, a un amigo suyo, Querefón, ya muerto en el momento del juicio. Sócrates, directamente, solicita se pida testimonio de esta verdad délfica al hermano de Querefón. En verdad, es de pensar que el jurado no podía tomar en cuenta esta “prueba” como definitiva, porque los griegos, si bien creían en el Oráculo, también eran reflexivos. De partida, si hubiesen aceptado la supuesta revelación como prueba, no habría habido juicio. Por lógica, lo más probable es que no la creyeron porque, a su juicio, Sócrates no pensaba sabiamente en materia política.

Según la Apología, cuatro fueron las acusaciones contra el filósofo: investigar sobre las cosas de la tierra y las celestes, enseñar a los jóvenes a torcer argumentos haciendo aparecer el error como verdad, que no creía en los dioses de la ciudad, y que introducía dioses nuevos.

Es imposible aceptar que hubiera tenido lugar la primera acusación, a menos que ésta se hubiese confundido en algún punto con el cargo de impiedad. Piénsese sólo que los filósofos naturalistas de las escuela Jónica, como Tales y Anaximandro, eran en la Atenas clásica materia común de estudio y discusión. La segunda acusación pudo tener lugar por la forma en que Sócrates conducía a sus discípulos hacia la aceptación de sus puntos de vista, que en materia política, eran contrarios a la fuerza político-partidista predominante. Si bien sus “mayéutica e “ironía” son formidables métodos pedagógicos, bien pueden ser utilizados hábilmente para demostrar cualesquiera afirmaciones. A nuestro juicio, sólo así debieron argumentar los acusadores.

 

La acusación más importante, y este es el punto crucial de todo el juicio, fue que Sócrates no creía en los dioses de la ciudad. En verdad, no se tarta de un problema teológico, sino estrictamente político. Los atenienses sabían que el filósofo, a diferencia, por ejemplo, de Anáxagoras, creía profundamente en la existencia del alma y su trascendencia. Tenían que saberlo, porque Sócrates hablaba pública y reiteradamente sobre esta cuestión. Los acusadores no podían haber cometido tal error, rayano en la estupidez. El problema es otro. Los dioses exclusivos de Atenas (Orestíada de Esquilo) eran sólo dos, Peitho y Zeus Agoraios. Todos los demás dioses eran comunes a los griegos. Peitho era la diosa que aconsejaba e inspiraba a los ciudadanos a arribar a buenas decisiones en las asambleas en que debían dirimirse cuestiones sobre la polis, en una clima de paz y respeto mutuo; es decir, democrático. Zeus Agoraios, dios padre del ágora, habitaba precisamente allí, en el lugar de las asambleas ciudadanas, en calidad de deidad protectora del Estado ateniense y su régimen político. Al acusar a Sócrates de no aceptar los “dioses de la ciudad,” se le atribuía el cargo político de no creer en la Democracia y, por extensión, de ser contrario al régimen democrático ateniense.

Sin embargo, un ciudadano de Atenas no era juzgado ni condenado por no simpatizar con el régimen político de la polis. Por lo tanto, debió haber otro delito, el único sobre el cual pudo haberse basado la acusación. La respuesta no se encuentra en la Apología, ni en los diálogos de Platón o en Jenofonte. Por cierto, en amor a su Maestro, estos discípulos y seguidores suyos difícilmente podían ser, lo que llamaríamos hoy, objetivos. Hay sí, ciertas observaciones hechas por el propio Jenofonte, que sirven al desentrañamiento de la verdad. En su Los Memorables, Libro I. capítulo II, Jenofonte escribe refiriéndose al juicio: “Critias y Alcibíades, dice al acusador, estuvieron unidos a Sócrates, y causaron el mayor daño a su patria.” Nótese, en primer lugar, que Jenofonte no llama a Critias y Alcibíades “discípulos,” sino de “estar unidos a Sócrates,” noción que obviamente puede implicar complicidad Y luego, agrega: “(Critias y Alcibíades) eran los hombres más ambiciosos de Atenas, aturdidos por su poder, corruptos.” Para comprender verdaderamente bien el fin que tuvo el juicio de Sócrates, además de tomar debida nota del cargo político de no respetar los dioses de la ciudad, es necesario detenerse en Critias (450-404 a. C.) y su relación con Sócrates. Es precisamente el desconocimiento de esta relación la causa que ha elevado, equivocadamente, al filósofo a la categoría de mártir de la libertad.

Critias es, en la historia de Atenas, un personaje de triste recuerdo. Oligarca revolucionario, fue desterrado en 407 por cargos de conspiración contra la boulé, el consejo de 400 ciudadanos que regía Atenas. En el año 404, Critias volvió a la ciudad, que recién venía de perder la guerra con Esparta. Con ayuda de mercenarios espartanos, organizó y lideró el golpe de Estado que derrocó el gobierno democrático e impuso en su lugar un régimen totalitario y de terror, conocido en la historia como el gobierno de “Los Treinta Tiranos.” El “Robespierre de Atenas,” como lo han llamado algunos historiadores, junto a otro caudillo oligarca, Carmides, entre otros muchos crímenes, hizo matar en Eleusis a todos los varones, 300 en total (Helénica, de Jenofonte). Los atenienses que terminarían con Critias y su gobierno escaparon de la ciudad, se organizaron fuera de ella, se armaron y dirigidos por Trasíbulo, lo vencieron y mataron en combate junto a su lugarteniente Carmides, y otros de los Treinta Tiranos.

Critias y Carmides habían sido dilectos discípulos del Maestro. Este último era especialmente querido por él. El joven Platón, sobrino de Critias, le dedica un dialogo completo, en el que Sócrates discute con Carmides asuntos sobre la Sophrosyne (la Virtud). Como sabemos por la abundante información con que se cuenta sobre la vida pública de Sócrates, la mayor parte de los discípulos del filósofo eran jóvenes de las familias aristocráticas de Atenas, probablemente ligados a la oposición política militante al régimen democrático. Luego de la peste y la guerra perdida con Esparta, en gran parte debido a la acción conspirativa y de colaboración con el enemigo de opositores a Pericles y al régimen democrático, advino el gobierno oligarca de los Treinta Tiranos, encabezado por estos dos conocidos discípulos del filósofo. Los demócratas, después de tantas tribulaciones, decidieron proteger su régimen constitucional y democrático. Es de suponer, por lógica, que debió haber acciones legales contra muchos atenienses ligados corporativamente a los caudillos Critias y Carmides, y a su gobierno.

Si Sócrates hubiese manifestado su oposición al régimen violentamente instaurado por Critias, el juicio, con toda seguridad, no se hubiera realizado nunca. Asimismo, si se hubiese unido a los demócratas en su lucha por la reconquista y restauración de la libertad en Atenas, sin necesariamente renunciar a sus convicciones aristocráticas, el juicio sería aun más impensable. Luego que Critias impuso la dictadura, la resistencia al dictador estigmatizó a sus partidarios y a quienes no se atrevieron a sumarse a la lucha como “los que permanecieron en la ciudad.” Según la Apología, Sócrates fue personalmente llamado por Critias a cumplir una misión que el filósofo se negó a cumplir. Fue este hecho lo que sirvió al filósofo como descargo por la segura acusación que hubo en el juicio en su contra de haber colaborado con la tiranía de Los Treinta. Se le encargó capturar y matar a León de Salamina, un pacífico vecino extranjero, posiblemente conocido e influyente. Critias ya había ordenado la confiscación de sus bienes. Como Sócrates no aceptó la orden, otros sicarios del régimen la cumplieron, y el infortunado León de Salamina fue asesinado. Cabe, empero, preguntarse, ¿por qué se encargó esa atroz misión a Sócrates, un anciano de 65 años? Si hubiese sido contrario a la dictadura de Critias, o por lo menos, indiferente, es imposible que se le encargara una misión de tal envergadura. Teóricamente, lo más plausible es que conocidas sus antipatías hacia la democracia, y reconocido ampliamente como el austero filósofo, Critias pensó utilizar su nombre con el objeto de consolidar su poder, pero Sócrates, no queriendo ser un inicuo cómplice de los evidentes excesos del dictador, no quiso participar en una vileza de ese calibre. Por otra parte, ya que conocemos a Critias, ¿es posible que alguien que hubiera desobedecido una orden directa suya, en estado de guerra, pudiera haber permanecido tranquilamente en su casa? Sócrates, en efecto, desobedeció, y ni Critias ni Carmides castigaron a su maestro. A fin de cuentas, fue de él de quien habían recogido las enseñanzas que Platón refiere en La Republica, i. e., el modelo de gobierno aristocrático que, precisamente, aquellos dos caudillos oligarcas y sus seguidores se habían propuesto imponer en Atenas a sangre y fuego. Se trata del mismo gobierno al que su autor ideológico, Sócrates, por boca de Platón, se refiere así en La República: “Doy a este gobierno (…) el nombre de gobierno legítimo y bueno; y añado que si esta forma de gobierno es buena, todas las demás son malas” (La República, V). La Filosofía y la Política son, por cierto, cosas diferentes. Esta es acción, aquella disquisición, y la acción siempre ha sido más compleja, porque excede la individualidad. Por cierto, la sabiduría de Sócrates no fue suficiente como para calcular los estragos que mentes fanáticas podían, en los hechos, llevar a cabo en la ejecución de la propuesta política del filósofo, en su fondo excluyente y anti-democrática. Quizás aquí valga la pena recordar a Aristóteles, el díscolo discípulo de Platón, que contrariamente a su aristocrático maestro – y, por extensión a Sócrates- creía que aun con todos sus defectos, era la democracia el mejor de los sistemas políticos.

Los acusadores de Sócrates fueron honestos y respetados atenienses. El principal, Anytos, había luchado contra la tiranía de Los Treinta, destacándose por su valor. Entonces, es de concluir que el centro de la acusación fuese política, i. e., la relación Sócrates-Dictadura de Los Treinta Tiranos.

Como se ha anotado, por cargos de ateísmo (como se ha dicho, no contemplados en la ley ateniense, y propuestos, en cambio, por Platón-Sócrates en Leyes ), no podía ser condenado; por “torcer argumentos,” tampoco, puesto que no hay acción delictiva involucrada en ello. Sobre los cargos de “corromper a la juventud” y “no aceptar los dioses de las ciudad,” es obvio que los acusadores los ligaron a la propagación de las ideas que llevadas a la práctica concreta política por discípulos de Sócrates, fueron causa de la funesta experiencia de la dictadura de Los Treinta Tiranos. Vale decir, la acusación debió ser, en lo medular, solamente política. Finalmente, en cuanto a los “dioses nuevos,” sólo cabe suponer que dicho cargo tuvo relación con el seguro estupor con que los atenienses oyeron las declaraciones de Sócrates sobre un daimon o un numen que le hablaba personalmente. Obviamente, una persona ligada a la recientemente derrotada tiranía, en calidad de su mentora espiritual, especialmente de sus cabecillas Critias y Carmides, que alegara tener en la tierra una misión encomendada por Dios, debía ser forzosamente considerada peligrosa para quienes estaban en esos precisos momentos abocados al restablecimiento de la democracia, el régimen al cual adscribía la mayoría, la democracia. Efectivamente, según la Apología, el filósofo estaba convencido que “el Dios que reside en Delfos” lo había declarado “el más sabio de los atenienses,” agregando que por ello se había ganado la “animadversión de muchos de los presentes;” vale decir, de muchos de los jueces, ciudadanos comunes de Atenas. Desafiante, Sócrates agrega: “No quiero ser absuelto bajo condición de no seguir el mandato divino (…), he vivido tratando de cumplir sólo con los dictados de la divinidad.”

No existe información histórica que dé cuenta del silencio o de las actividades de Sócrates en los cuarenta y ocho meses comprendidos entre la caída de Los Treinta y su juicio. Nadie lo sabe; en teoría, empero, es posible que haya habido alguna situación ligada a la contingencia política en que estuvo o fue involucrado, directa o indirectamente. En todo caso, aquel debió ser un período tenso desde el punto de vista político. Luego de la derrota de Los Treinta, los victoriosos demócratas debieron estar muy tensos y, a la vez, alertas ante la segura acción conspirativa de los derrotados. En todo caso, por desgracia, no se conoce ningún escrito de algún contemporáneo demócrata de Sócrates sobre ese período, ni tampoco, como ya hemos señalado, sobre el juicio (5).

 

 

  1. La Ejecución de Sócrates.

Sócrates pudo perfectamente no ser ejecutado. De ello no cabe la menor duda. De partida, entre los miembros del jurado tenía partidarios, y no pocos. Éste estaba compuesto de 501 ciudadanos, en conformidad con la ley. De ellos, 220 votaron a su favor. Como hemos consignado, es de lógica suponer que si el filósofo se hubiese manifestado explícitamente en contra de los excesos del tiránico régimen de Los Treinta, y no sólo aducir en su defensa no haber obedecido la atroz orden de matar a un inocente anciano extranjero; si, además, hubiese explicado con argumentos a su favor por qué “permaneció en la ciudad,” habría conseguido fácilmente los sólo 31 votos que le faltaban para su absolución. Por el contrario, es nuestra conclusión que sus esfuerzos estuvieron dirigidos a conseguir la condena a muerte. Obsérvese su interpelación a los jueces de ser “el más sabio entre los griegos.” Ésta refleja, sin duda alguna, un sentido desdén e irrespeto hacia el jurado, reforzado por el hecho que permanentemente se dirigió a éste como andros athenaioi (“señores de Atenas”) en circunstancias que la ley lo obligaba a llamarlos dikastai (“señores jueces”). Su actitud en el juicio fue, por cierto, permanentemente soberbia, provocativa, desafiante y burlona, al punto, incluso, de espetar a sus jueces que en lugar de castigo, merecía ser premiado llevándosele al Pritaneo, lugar de residencia de los arcontes y de los huéspedes extranjeros ilustres.

Correspondía, de acuerdo a la ley, ofrecérsele elegir entre la muerte y el exilio, por la segura gravedad que el jurado debió atribuir a las acusaciones de Anytos. Sócrates no propuso el exilio, ni tampoco la muerte de manera explícita, porque en ambos casos se estaría declarando culpable. Propuso, entonces, algo que, en verdad, sólo puede causar asombro: la multa de “treinta minas,” una ridícula suma de dinero. Por cierto, en tanto una manifiesta burla al jurado, aquel “castigo” no era sino un subterfugio cuyo fin no era sino obtener la pena capital.

Es indiscutible, como lo señala el propio Sócrates en La Apología, que los acusadores no buscaban su ejecución. Podían haberlo deseado, pero, evidentemente, los 220 votos que tenía en su favor entre los miembros del jurado significaban que el filósofo contaba con simpatizantes, con seguridad muchos de ellos partidarios del Partido Oligarca, que ante su muerte escandalizarían en contra del entonces atribulado régimen de restauración. En verdad, tratándose de un juicio que debió ser eminentemente político, del que no existen datos de la parte acusadora, la intención del Estado ateniense sólo fue sólo alejarlo de Atenas para siempre y, por ende, de la juventud ateniense. Sócrates ya tenía 70 años. Pronto, seguramente pensaron sus acusadores, el juicio sería olvidado y, con él, el propio acusado.

Los atenienses, empero, fueron víctimas de su propia tolerancia. La posibilidad de elegir solamente entre la pena propuesta por el acusador y la del acusado fue hecha ley con el fin de evitar abusos de los jueces, que, desde luego, no podían ser parte conocedora profunda de un conflicto, como sí lo era la parte acusadora y el acusado. Por lo tanto, como se ha perdido por completo toda referencia escrita de los argumentos de la parte acusadora en el juicio, que con toda seguridad existió, sólo cabe concluir que la mayoría de los jueces, molestos con los argumentos y la actitud personal de Sócrates en aquel evento, cayeron en una bien urdida trampa, montada, precisamente por quien sería ejecutado. En nuestro examen de todas las probabilidades, pensamos que la mayoría del jurado supuso correctamente que el rechazo de Sócrates al exilio sólo podía significar su condena a muerte. Fue un error haberla, finalmente, pronunciado. La ansiedad por librarse de su presencia en la polis, ha servido durante siglos a autócratas de todos los tipos para envilecer la democracia ateniense, y, sobre todo, el propio concepto democracia, y dar a Sócrates en la historia un título que no merece, “mártir de la libertad,” mártir de la libertad de expresión,” etc.

Sócrates buscaba morir como hombre público. En vida había admitido que el suicidio era malo para “la gente común,” pero no para el filósofo ni el sabio. En el Fedón de Platón, en la hora de su ejecución, antes de beber la cicuta, invita a su discípulo Evenus a unirse con él en la muerte, puesto que el joven Evenus es filósofo. Es muy sugestivo, finalmente, que Sócrates en ese instante agregue, a la manera del suicida, “un hombre debe matarse si así lo desean los dioses, como ahora ocurre conmigo.” Morir, reiteramos, fue su elección. Mientras tanto, quizás por cuánto tiempo más Atenas tendrá que pagar el error político de haber cedido a su deseo, y no haberlo, simplemente, absuelto e ignorado en los últimos años de su vida.

                                                                          Mes julio de 2015.

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NOTAS:

  • En una vieja edición dominical del diario El Mercurio (agosto de 1993), el escritor chileno Enrique Lafourçade, en su artículo “Variaciones sobre una Palabra Maldita,” en el que defiende la libertad de expresión y rechaza toda censura, acusa a Atenas de condenar injustamente a “egregios hombres” como Sócrates por haber expuesto públicamente sus ideas. Lafourçade define el filósofo como “mártir de la expresión oral” y “benefactor público.” La primera definición es del escritor; la segunda está en la Apología de Platón, y es la que Sócrates da de sí mismo.

  • En su artículo (op. cit.), Lafourçade, al consignar los términos “censores,” “policía,” “tribunales” y “patíbulo,” debe causar en sus lectores la impresión que Atenas era un estado altamente represivo, lo que es, como hemos probado en este ensayo, completamente falso. Por ejemplo, veamos el término “censores;” es decir, la existencia de un aparato institucionalizado de censura. El tribunal ateniense que dirimía los casos de moralidad era el relativamente pequeño Areópago. Pericles y Efialtes lo redujeron a una pequeña corte de justicia sin ningún poder importante, e investido sólo de su aura religiosa. La obra Aeropagitica del poeta inglés John Milton, en que critica severamente la censura en la Inglaterra de su tiempo (siglo XVII), se refiere al Areópago anterior a Pericles, por lo menos unos cincuenta años antes del juicio de Sócrates. Los casos que hemos citado sobre supuesta censura y persecución intelectual (Anaxágoras, Protágoras, Eurípides) son muy infelizmente evocados por Lafourçade.

  • Stone I. F: The Trial of Socrates, Pan Bokks, London, 1988.

  • Gómez, Gastón: Textos Platónicos. Apología. 74. Universidad de Chile, Departamento de Lenguas Clásicas. Santiago, 1972.

  • El único demócrata del cual se tiene noticias que haya escrito sobre el juicio de Sócrates fue el orador ateniense Esquines (390-314) que, 60 años después del juicio, lo invoca como legítimo, porque el filósofo había “educado a Critias, uno de Los Treinta.” La alusión de Esquines es, desde luego, pasajera e incompleta; sin embargo, es correcta en cuanto sitúa la causa del juicio y la condena de Sócrates en el ámbito exclusivo de la política contingente.

 

Chopin, café y tostadas.

chopin

Por Jaime Andrés Valladares

“- ¿Qué va a pedir entonces-?”, irrumpe la ensayada melodía de mi interlocutor. “Café con tostadas, por favor”. El ventanal aún no revela a los transeúntes, y el frío compacto nubla toda posible visión. Es temprano en la ciudad. Mas el murmullo de pasos, autos, buses y bicicletas va in crescendo. De pronto la sinfonía citadina está lista, al igual que mi café.

Una música se alza tímidamente, y los pasos, los autos, las bicicletas y los buses van perdiendo autoridad. Le pregunto al Garzón por el compositor. “¡Chopin!”, exclama, mientras prepara un camino pavimentado de servilletas para la inminente llegada de las tostadas. “Krystian Zimerman”, murmura a continuación. “¿Perdón?”, “Krystian Zimerman es el intérprete, y la pieza es la Balada Nº1. Qué disfrute su desayuno”.

Y qué desayuno. Chopin escribió alguna vez que era necesario poner toda el alma en una composición.  Tocar, no solo de acuerdo a la técnica, sino además, de acuerdo a cierta sensibilidad. Posiblemente por eso difieren tanto las interpretaciónes de sus composiciones entre uno y otro interprete: Rubinstein, Horowitz, Arrau, Argerich o Zimerman, quienes desde su magnifica técnica, incorporan otro elemento que vuelve a la obra única. Lo que puede parecer aparentemente sencillo en la partitura, requiere de una habilidad extra. Pasión, dirían algunos.  El cuidado en los detalles sin esa forzosa obligatoriedad. Había bastante de este cuidado en la impecable atención y presentación de un simple café con tostadas.

La Balada Nº1, compuesta entre los años 1835 y 1836, es un tour de force. No solo para el virtuoso intérprete, sino para la audiencia. En sus nueve minutos (o diez, dependiendo del ejecutante), nos conduce por distintos estados a través de la música. Es, en otros términos, una experiencia.  Memorable es el uso de la misma en “El Pianista” de Polanski: en medio de las ruinas arquitectónicas – y humanas – suena de pronto una melodía que se eleva por sobre las circunstancias. Una suerte de idioma universal que no admite palabras; solo concurren la música y las expresiones en los rostros compungidos  en una actuación magistral de Brody y Kretschmann.

El café se ha enfriado. Pero no importa. El calor ha develado la transparencia de las ventanas, invitando a salir. Me despido de mi amable y versado interlocutor. Ha sido un gusto.  Al alejarse, se oye distante el acorde afable de un Nocturno.  En tanto, me uno al sonido de zapatos que golpean incesantes la vereda, y me vuelvo parte de la sinfonía.

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PUERTAS: ESFUERZOS PARA NADA Y PARA TODO

PUERTAS

Por Mirjam Weis

Psicóloga y estudiante de doctorado en la Universidad de Konstanz , Alemania. En su doctorado investiga la socialización de autorregulación en niños alemanes y niños chilenos.

A veces pensamos que esforzarnos en algo no vale la pena porque en el futuro no nos va a servir para nada. Pero, ¿cómo sabemos qué es aquello que va a servirnos en el futuro y que no?

Hace poco dí un seminario en la universidad para estudiantes de psicología. Cada estudiante tenía que preparar una presentación de un tema. Pocos días antes del seminario recibí un correo de uno de los estudiantes que me sorprendió. Escribió que iba a cancelar sus estudios de psicología y por eso no quería participar en el seminario. Me explicó que no estaba motivado de participar en el seminario porque no iba a servirle para nada en su formación futura. Lo que me sorprendió no fue que canceló el seminario y su presentación. Esas cosas siempre pasan. Lo que realmente me sorprendió fue su extenso correo señalando que el seminario no iba a servirle para nada en el futuro. Tal vez tenía razón y no le hubiera servido para nada, pero tal vez si hubiera aprendido algo, que podría haberle servido en su futuro personal o profesional. Pero como no tomó la oportunidad nunca vamos a saberlo.

En mi vida hay varios ejemplos de cosas en cuales me esforzé pero a veces pensé que en realidad no debería haberme esforzado tanto o estudiado tanto porque no interesa a nadie: ‘no es importante, o no sirve para nada’… Pero después el tiempo mostró que todas estas cosas tenían sentido.

Después de terminar el colegio en Alemania, fui a Costa Rica y tomé clases de español. 4 meses; 4 horas por día, conjuntamente con tareas, y las preparaciones correspondientes para pruebas y presentaciones en español. Estudié muchas horas en casa. Después de todo eso empecé mis estudios de psicología en Alemania. Entonces pensé: en mi carrera de psicología,  ¿para que voy a necesitar español?. Bueno, tal vez no va a servir para la carrera pero igual sirve para viajar y hablar con amigos. Años después he descubierto que si me ayuda en mi carrera de psicología: decidí hacer un doctorado en psicología de comparación de culturas y de investigar la socialización de autorregulación en niños alemanes y niños chilenos. El poder realizar este proyecto no solo me ayudó a mejorar el español, si no también el conocimiento y la conexión con la cultura de América Latina. Estas habilidades que pensé en un momento que no servirían para mi carrera en absoluto, me abrieron las puertas para hacer algo especial, algo en que puedo utilizar y combinar mis capacidades e intereses: psicología, cultura, América Latina, Chile. Haciendo esto aprendí muchas cosas más y se abrieron otras puertas…

Otro ejemplo  fue mi “pre-diploma” de psicología. Es un certificado que no sirve para nada… Bueno, es para que uno pueda seguir estudiando y comenzar a sacar los exámenes del diploma verdadero. Pero las notas del pre-diploma no aparecen en el certificado final. Nadie va a mirar estas notas, así que solo hay que pasarlo. Estudié un montón para este pre-diploma y saqué muy buenas notas pero, ¿para qué?. No sirven para nada… Así que,  ¿todas estas horas, los días y las noches que estudié fueron para nada? ¿para un papel nomas?. Al final: por mis buenas notas del pre-diploma, me invitaron a un fin de semana de entrevistas para una beca. Y tataa: gané esa beca. ¡Eso fue algo genial!. Ahora mirando hacia atrás, el dinero no fue lo único bueno de la beca. Por esta beca me supervisó una profesora de historia que al final me ayudó y me motivó a realizar una practica en Chile. Y mientras estaba en esta estadía en Chile, me vino la idea de hacer un doctorado sobre una comparación cultural entre Alemania y Chile. Aunque antes no tenía el plan de hacer un doctorado…

¿Y ahora?. A veces pienso que el doctorado no va a servirme para nada. Es casi imposible que vaya a ser profesora en una universidad en Alemania y para otros trabajos de psicólogos en realidad uno no necesita tener un doctorado, ni te pagan mejor. Pero quien sabe para que va a servir…tal vez se va a abrir alguna puerta.

Cuando no sabes si esforzarte en algo va a servirte en el futuro pero tienes ganas de hacerlo, algo te empuja, algo te motiva… escucha esa señal y hazlo. Tal vez va a servir para algo y si no, vale la pena igual.

Hay puertas por doquier. Vale la pena entrar en la que te gusta más, aunque tal vez signifique tomar el camino más duro, el camino con obstáculos. Y si entras, tal vez va a aparecer otra puerta. Es como un laberinto de caminos y puertas, no conocemos el destino final. ¡Solo entra!