NO HAY CUCHARA

 

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                    Por Jaime Andrés Valladares

 

 

 

 

 

 

 

 

“No intentes doblar la cuchara, eso es imposible. En cambio, solo intenta darte cuenta de la verdad: no hay cuchara. Entonces verás que no es la cuchara la que se dobla, sino solo tú mismo”. 

– Matrix

 

Hace un par de días atrás, estuvo en nuestro país el connotado científico británico Anil Seth, académico de la Universidad de Sussex y editor en jefe de la revista Neuroscience of Consciousness, Oxford Unniversity Press. Sostiene, el profesor Seth, que nuestra realidad no es sino el consenso en nuestras alucinaciones.  Y esto, debido a que interpretamos la realidad mediante nuestros sentidos, de acuerdo a nuestras experiencias previas. Así es como en una serie de ejemplos didácticos, Anil Seth nos demuestra que lo que consideramos como real no es sino una construcción cerebral en relación a los estímulos que recibimos en conjunto a nuestro historial de experiencias.

El cerebro, además, suele adelantarse a determinadas acciones, como una suerte de máquina predictora. El problema radica en que al ver la realidad como somos, y no cómo es, tomamos como preconcebidas determinadas ideas de la realidad que perfectamente pueden no coincidir con lo que efectivamente ocurre.

Es bastante conocida la alegoría Platónica en la que individuos situados en una caverna, confunden sombras inanes provenientes de los objetos del exterior con la realidad. Mas, de igual modo, se presenta un obstáculo: aunque pudiésemos concebir esta idea de lo aparente y lo real en toda su extensión, hay una limitación biológica y física que nos imposibilita adquirir un conocimiento absoluto de las cosas.  Así, dicho esto,  – posiblemente – por mucho que le expliquemos a nuestro gato que es la teoría de la gravedad, no podrá el mismo concebir la misma, más que con un desganado miau de indiferencia total. Puede ello perfectamente ocurrirnos a nosotros. Pensamos que nos es posible abarcar el conocimiento de todas las áreas en su totalidad, mas puede que perfectamente pasemos por alto un sinnúmero de eventos que no logramos percibir, ni determinar y ni siquiera concebir.

Por lo pronto, las enseñanzas de la neurociencia en este campo nos invitan a reflexionar sobre nuestras percepciones del mundo, y los demás, adquiriendo la humildad de reconocer que el otro puede tener una percepción distinta en base a sus propias experiencias, lo que no invalida su concepción del mundo por ser contraria a la mía. La neurociencia nos invita a ser respetuosos. Porque la cuchara no existe. Y somos nosotros los responsables de determinar que hacemos con esta.

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