KINTSUGI

PUERTAS

 

Por Jaime Andrés Valladares

 

 

“El mundo nos rompe a todos, y después muchos se vuelven más fuertes en los lugares rotos”.

Ernest Hemingway, Adiós a las armas.

 

“Los números primos son lo que queda después de eliminar todas las pautas. Yo creo que los números primos son como la vida. Son muy lógicos pero no hay manera de averiguar cómo funcionan.”

Mark Haddon, El Curioso Incidente del Perro a Medianoche

 

Cuando niños nos educan para ser perfectos. La máxima calificación es un número primo del que poco sabemos. Y nos obstinamos para lograr el máximo puntaje, no un cinco, no un cuatro, ni pensar correr el riesgo de bajar del umbral mínimo de calificación. No debemos fallar. No hay espacio para el error. Luego creces, si sigues la senda rectilínea del éxito irás a la Universidad y luego obtendrás un trabajo del que harás gala en LinkedIn.

Es un escenario perfecto.

Pero, ¿qué ocurre cuando no eres el mejor de la clase? ¿cuándo no te aceptan en la Universidad? ¿cuándo no encuentras trabajo? ¿cuándo el rectilíneo camino del éxito se torna curvilíneo?. Te aterrorizas. Porque te enseñaron a ser perfecto. A ser el mejor de la clase. A no decir “malas” palabras. A ser fuerte. A sonreír, a pesar de todo.

Mas, la verdadera fortaleza proviene de los fracasos. De las notas rojas. De los cuatros. De las expulsiones de clase. De las incontables pérdidas para las que nadie se encuentra preparado.

Los japoneses ocupan una técnica de reparación de céramica denominada Kintsugi, que consiste en la reparación de los objetos rotos con una resina de oro: en vez de ocultar las fracturas o roturas, se embellecen, puesto que son parte de la historia del objeto.

Las heridas nos fortalecen.

Esa es la belleza del error. Porque lo que debe ser se asocia a una estricta pauta que nos compele a actuar de determinada forma. El errar, en cambio, te enseña que las variaciones de pauta son inevitables; existe cierta libertad en ello. En saber, que puedes equivocarte, aprender y seguir.

Hace poco tiempo atrás fui padre. No quiero que mi hijo sea perfecto. Quiero simplemente que sea ÉL, y tener la capacidad de entenderlo en su camino, con todas las esquinas y curvas que traiga el recorrido.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Anuncios
A %d blogueros les gusta esto: