ERWIN OLAF, O LA SOLEDAD DEL HOMBRE CONTEMPORÁNEO

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Erwin Olaf ©. Troy, 2007, de la serie “Grief”

 

Por  Jaime Andrés Valladares

 

“Hay una soledad tan grande en este mundo
que puedes verla en el lento movimiento
de las agujas de un reloj”
 
 –   Charles Bukowski 

 

 

Se termina la música. Se van los amigos. El vino restante, incoloro e insípido, continua   su rápido proceso de oxidación dentro de las copas. ‘Igual que yo’ , pienso, mientras distingo claramente un nuevo borde agrietado bajo los ojos. El tiempo, abstracto y todo, es un asunto bastante real.

He estado pensando últimamente y de forma bastante periódica, en la soledad.

Y es que hace algunos días atrás fui a la exhibición, “El Imperio de la Ilusión”, del fotógrafo neerlandés Erwin Olaf, una colección de veinte fotos y diez videos que se exponen en el museo de arte contemporáneo de Santiago desde el 5 de septiembre hasta el 9 de noviembre del año en curso.

El día 6 de septiembre, el curador y critico de arte, Paco Barragán, realizó una conferencia y posterior visita guiada por la muestra.

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Paco Barragán, en Museo de Arte Contemporáneo (MAC).   De Fondo: “Logia Francmasona Dalem, de la serie ‘Berlin’, 2012”

 

Señala Paco Barragán, que la obra de Erwin Olaf bien puede definirse como “la soledad del sujeto en la sociedad contemporánea”. Y la exposición, el Imperio de la Ilusión, muestra precisamente esa alienación – intencionada – del individuo de la realidad hacía la fantasía, hacía lo ilusorio, en una evidente critica a las estructuras de la sociedad moderna.

Las fotografías de Erwin Olaf son increíblemente sofisticadas; nada en ellas es al azar. Todo se encuentra perfectamente cuidado, y la estética es deslumbrante. Posiblemente, el contraste necesario entre lo ilusorio y lo real, dónde el conflicto y tensión está dado  por una dualidad incómoda donde nada es lo que parece ser.

En El Imperio de la Ilusión, las escenas transcurren en lugares privados, tales como oficinas (Troy, 2007), habitaciones de hotel (Hotel Kyoto, Room 211, 2010), sala de clases (The Class Room, 2005);  ambientes cerrados dónde se concentra la tensión, en una interpelación directa al espectador que le conduce a la intimidad de historias fragmentadas.

Así es como en Keyhole, por ejemplo, debemos mirar a través de una cerradura cual voyeur, para descubrir escenas, que en palabras de Paco Barragán, “nos recuerdan sentimientos de vergüenza y humillación”.

Hay un distanciamiento, bastante propio del mundo contemporáneo,  entre los personajes que componen las escenas de Erwin Olaf.En el video Separation  (2003), vemos como una madre habla con su hijo, con la peculiaridad que ambos están vestidos con trajes de cuero, en directa alusión a la soledad  e incomunicación que existe entre ambos.

Sin lugar a dudas la visita a la exhibición es toda una experiencia. No se puede quedar indiferente ante el impacto visual que generan las fotografías de Olaf. Posiblemente, y dicho aquello, es que una suerte de vaga tristeza me ha recordado últimamente la fugacidad de ciertas cosas, y la aparente  ilusión de un mundo conocido que se desvanece en cada sonrisa pasajera.  Recuerdo ahora las últimas palabras de Jep Gambardella en “La Grande Bellezza” de Sorrentino:

“En el fondo, es sólo un truco. Sí. Es sólo un truco”.

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