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LA TRAVIATA

 

 

callas

 

Maria Callas como Violetta, en 1958

 

Prof. Dr. Haroldo Quinteros B

Doctor en Ciencias Sociales de la Universidad de Tubinga, Alemania. Se ha desempeñado como académico en la Universidad de Heidelberg (Alemania).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En agosto pasado hubo dos acontecimientos de interés para los amantes de la ópera. Desde luego, la temporada operática anual del Teatro Municipal, que nos emocionó durante ese mes con “La Traviata” de Giuseppe Verdi, una de las tres o cuatro óperas que gozan de más popularidad en el mundo; por cierto, es también una de las mejores que se hayan escrito. También en agosto se presentó en Santiago el tenor alemán Jonas Kaufmann.

Primero, y brevemente, unas palabras sobre Kaufmann:

Si bien Jonas Kaufmann es realmente un muy buen tenor, no puede decirse que sea “el mejor del mundo”, cual fue el lema de promoción de la empresa que lo trajo a nuestro país. Esto, porque, en primer lugar, es imposible hacer rankings de este tipo en el género operático, sobre todo tratándose de sus exponentes de mayor excelencia. El tema es demasiado complejo como para dejarlo a las vulgaridades de la propaganda comercial. En este caso, y dicho de manera simple, se trata más bien de gustos, si pensamos en los aficionados a la ópera. Si, por otra parte, atendemos a juicios de expertos, es mucho lo que puede discutirse sobre el genio de un intérprete de ópera, de las obras y roles que más calzan con su calidad y temperamento de actor e intérprete, cuestión que tiene relación directa con la naturaleza de su voz, calidad histriónica, formación profesional y origen patrio. El joven Kaufmann canta, por supuesto, bien, pero, por lo menos para el suscrito, no posee, por ejemplo, la belleza del natural registro de un Pavarotti, y de un tiempo más lejano, de un Corelli, un Di Stefano o un Gigli. Tampoco la cierta dureza en la tessitura de su voz, en verdad muy germánica, va mucho con el gusto de quien escribe estas líneas. Pareciera no acercase mucho a los italianos de especial coloratura en sus obras como Rossini o al sentimentalismo mediterráneo de Puccini. En fin, subjetivo el tema, y tanto, que me atrevo a declarar mi preferencia por Villazón y el propio Flórez; por lo menos, si se trata de óperas italianas, que cubren la mayor parte del género escrito hasta, por lo menos, el primer cuarto del siglo XX, cuando el género empieza a declinar en producción. En esta misma línea, no puedo dejar de consignar sobre el concierto de Kaufmann en el Movistar Arena, que debió interpretar más a autores alemanes que italianos y, por supuesto, aunque suene a broma, no debió elegir como pieza en uno de sus encores la bella canzone napolitana “Non ti scordar di me”, que popularizara en el mundo don Luciano, en una interpretación que, a pesar de los esfuerzos de muchos, ninguno, incluido Kaufmann, ha podido remotamente igualar.

En cuanto “La Traviata,” la presentación que vi el 20 de agosto me pareció de real excelencia. Hubiese sugerido más movimiento al inicio, con algo más de fantasía, colorido, luz y movilidad corporal, propia de los ambientes de fiesta, mas aun en una casa de licencia. Para la escena final de la obra, también hubiese querido, como contraste dramático entre principio y fin, impregnarla de mayor pathos en los instantes inmediatamente anteriores a la muerte de Violetta. No obstante, también esto es, por cierto, subjetividad pura, porque hay quienes prefieren los tonos más austeros y menos contrastivos, aunque se trate de la apasionada e italianísima “La Traviata.” En lo grueso, i. e., canto, actuación, escenografía – bien situada en los años decimonónicos- y orquesta, no hubo deméritos técnicos de ninguna especie. Todos los actores representaron brillantemente sus roles tanto en el canto como en lo histriónico; desde luego, partiendo de los tres principales, todos rusos: Violetta Valéry, la heroína, por la bella soprano Nadine Koutcher; Alfredo Germont, por el tenor Sergey Romanovsky; y Giorgio Germont, por el bajo Igor Golovatenko). En suma, fue una muy buena mis en scène de la obra más popular de Verdi.

“La Traviata,” su esencia, argumento e historia:

Verdi es un autor de óperas romántico. Vivió la época del Romanticismo, creyó y se imbuyó en ella, incluido en el plano político. Un espíritu así, no podía dejar de sentirse impresionado por la lectura de una de las novelas románticas más emblemáticas, La Dame aux Camelies de Alejandro Dumas (hijo). Tanto es así, que Verdi viajó a París a ver la teatralización de la novela, lo que, en definitiva, lo decidió a transformarla en ópera. No tanto por razones de derechos de autoría, sino más bien por el prurito individualista que acusa cualquier autor romántico, Verdi, aunque siguió muy de cerca el argumento, ordenó a su guionista Francesco Maria Piave cambiar los nombres de los personajes, más sin separarse de su vena humana netamente francesa, de los ambientes parisinos ni los de la campiña de la Francia del siglo XIX. En cuanto al argumento, sólo agregó situaciones que multiplican el dramatismo de la obra, lo que consiguió plenamente.

Polémica fue “La Traviata” en sus tiempos. Aunque parezca increíble, el estreno de la ópera en 1853, escrita en la época de mayor prestigio y madurez artística de Verdi, fue un estruendoso fracaso. Verdi ya era el autor de las óperas más populares de su tiempo; esto, especialmente, porque su mayor contendor artístico, el gran Gaetano Donizetti, había muerto algunos años antes, completamente loco. A poco del estreno de “La Traviata” Verdi ya había triunfado ampliamente con magníficas obras, como “Rigoletto” y “El Trovador,” y su trabajo era admirado y conocido en los mejores escenarios de Europa. El fiasco inicial que sufrió aquella su última obra tiene, sin embargo, una explicación: la mojigatería e hipocresía existente en la ultra-religiosa y conservadora Italia de esos tiempos. En efecto, los artistas que la estrenaron, intimidados por el tóxico ambiente conservador vigente, cantaron desconcentrados, sin inspiración alguna, mientras la orquesta hacía lo mismo. La propia novela de Dumas, que inspiró a Verdi, ya había sido catalogada como inmoral en algunos círculos eclesiásticos franceses, y ni hablar, en los italianos. En los púlpitos de la pudorosa Roma no se recomendaba su lectura. Para comprender mejor todo, es preciso, brevemente, ir al argumento de la obra:

Alfredo Germont, un joven parisino, vástago de una familia burguesa de cierto rango, asiste, por invitación de amigos, a una fiesta en un lujoso lenocinio, en que descollaba la belleza de la joven cortesana Violetta Valéry. Alfredo se enamora perdidamente de ella, y le declara su amor. Violetta, aunque frívola amante transitoria de nobles y magnates, también se siente atraída por el apuesto joven, y aunque se resiste a abandonar la libertad y los bienes que le garantiza su profesión, finalmente cede a los avances de Alfredo. En ese instante de duda, irrumpe la soberbia aria Sempre libera, uno de los mayores desafíos para una soprano:

Sempre libera folleggiare di gioia in gioia, Vo´che scorra il viver mio, pei sentieri del piacer, nasca il giorno, o il giorno muoia, sempre lieta ne´ ritrovi, a diletti sempre nuovi, de volare il mio pensier.

(Siempre libre quiero ir de alegría en alegría, quiero que así transcurra mi vida para así sentir placer. Nazca o muera el día, siempre alegre quiero encontrarme con nuevas alegrías, haciendo volar mi pensamiento).

Sin embargo, Violetta, comprendiendo por fin la vaciedad de aquella vida, decide abandonarla y seguir al joven. Invierte sus ahorros en una modesta casa en la campiña, en la cual vivirían juntos para siempre. Alfredo descubre que el cortijo no era de propiedad de Violetta, y decide volver a París a realizar los trámites bancarios necesarios para también contribuir, con su propio pecunio, en la adquisición de la propiedad. En ese intertanto, llega al lugar el padre de Alfredo, Giorgio Germont para solicitar a Violetta que se separe de su hijo. La razón es que el noviazgo de la hermana menor de Alfredo ha sido condicionado por la familia del novio, de modo que la niña no será admitida en ella mientras su hermano, Alfredo, tenga relación con la cortesana más conocida de París. Violetta se resiste, pero finalmente cede, y a instancias de don Giorgio, escribe una carta a Alfredo en que le dice que no lo ama y que su verdadero amor es el barón Douphol. Alfredo, al recibir la carta, parte a París enceguecido de ira, para enfrentar a Violetta. La encuentra en un casino, participa en un juego de ruleta, gana mucho dinero, y luego de insultar a Violetta delante de todos, lanza sobre ella el dinero ganado. Giorgio Germont, en busca de su hijo, sabiendo que puede cometer una locura, llega al lugar e increpa a su hijo por aquella acción. Lo mismo hace el barón Douphol, quien lo desafía a duelo. Producido el duelo, Alfredo hiere gravemente al barón, y como tales lances estaban prohibidos en Francia, debe huir del país. Poco tiempo después, Violetta, arruinada, abandonada por sus amigos, mientras su belleza desvanece, contrae una mortal tisis. A su lecho de muerte, llegan, arrepentidos, Alfredo y su padre. Ya es tarde, y la joven muere. Es en esta escena en que tenor y soprano, Alfredo y Violetta, interpretan uno de los duetos tenor-soprano más bellos de la historia de la ópera, la diáfana aria Parigi, o cara, que sigue

noi lasceremo, la vita uniti trascorreremo, de’ corsi affanni compenso avrai, la tua salute rifiorirà… Sospiro e luce tu mi sarai, tutto il futuro ne arriderà.

(Querida, dejaremos París, la vida recorremos unidos. Te resarcirás de los sufrimientos pasados y tu salud volverá a florecer. Esperanza y luz serás para mí, todo el futuro reirá para nosotros).

Con leves cambios, este es, grosso modo, el argumento de “La Dama de las Camelias,” que tanto impresionó a Verdi. Mas, no sólo eso. La joven cortesana de la novela, Margarita Gauthier, realmente existió, y estuvo ligada a la vida sentimental más íntima de Dumas. Tanto es así, que toda la historia no es sino la historia de amor que vivió Dumas con ella. Es aquí donde no puedo dejar de evocar la figura de la mujer que realmente inspiró la novela y la ópera, la joven Marie Duplessis.

Marie Duplessis, cuyo nombre real era Rose-Alphonsine Plessis, era una joven provinciana de origen muy humilde que llegó a Paris, a los 15 años, en 1839. Cuenta la historia que era una joven bellísima, belleza que varios pintores de la época, entre ellos Edouard Viénot, inmortalizaron en conocidos retratos. No fue difícil para la joven conseguir trabajo. El primero fue en un restaurante y más tarde en una lujosa tienda de lencería, hacia donde llegaban las mujeres de la más alta y exquisita sociedad. Por su refinamiento y ambición, pronto se convirtió en la más deseada cortesana de París, llegar a ser mantenida por nobles, aristócratas y pródigos millonarios. Su mayor identidad era llevar siempre en su escote dos o tres camelias; de allí, por supuesto, el apelativo que la hizo conocida, “La Dama de las Camelias.” Obviamente, de allí también el nombre de la novela. Tuvo su propia casa de licencia en la grande ville, y fue allí donde la conoció Dumas. Como en la novela, los dos jóvenes, a la sazón ambos de veinte años, iniciaron un apasionado idilio. También, como el relato novelístico, Marie renunció a su disipada vida y partió con Dumas a su casa de campo. Sin embargo, por razones que no se conocen a cabalidad, Dumas la abandonó, de manera que aquella relación sólo duró un año. La joven, abandonada por su amante, volvió a su antigua vida en París. Poco después casó con un noble, el conde Perregaux, un anciano que según cuenta la historia, veía en ella a su hija muerta de tisis; es decir, Marie ya acusaba entonces los síntomas de la enfermedad que la llevaría a la muerte. Fue abandonada por Perregaux, casó luego con otro hombre de fortuna, y tal como relata la novela, poco tiempo después murió de tisis, a los 23 años.

Indirectamente aquel singular y romántico personaje, también estuvo ligado a Verdi. El compositor enviudó muy joven, a los 27 años, y poco tiempo después de la muerte de su primera mujer, inició una apasionada relación con una de las sopranos mejores de aquellos tiempos, Giuseppina Streponi. En los comienzos de su relación decidieron no casarse, aunque ambos podían hacerlo. Esto significó el rechazo de amigos, familiares de ambos, y desde luego, del público y el cominillo social, que tenía graves reparos a la vida personal de Giuseppina. El que fuera el suegro de Verdi, Antonio Barezzi, se lanzó públicamente contra Verdi.

En verdad, no había mucha distancia entre Marie Duplessis y Giuseppina. A ésta se la acusaba de ser una mujer inmoral, de haber tenido muchos amantes de los cuales tuvo varios hijos ilegítimos, todos muertos de pequeños, etc. Ante la pública representación que hizo Barezzi de aquel “escándalo” y sobre todo en respuesta a los ataques que pronunció sobre Giuseppina, Verdi no vaciló en responderle, también de manera pública. La misiva dice en algunas de sus líneas:

Una mujer habita en mi casa. Es libre, independiente, y ama, como yo, una vida solitaria. ¿Quién sabe cómo son nuestras relaciones, nuestros asuntos, nuestros vínculos, los derechos que yo tengo sobre ella y los que ella tiene sobre mí? ¿Quién sabe si actuamos bien o mal? Incluso, si estuviera mal, ¿quién tiene derecho a lanzar una condena? En mi casa se le debe a ella un respeto tan grande como el que a mí se debe, y a nadie le está permitido faltarle ese respeto.

No mucho tiempo después, Verdi y Giuseppina se casaron, y vivieron juntos hasta la muerte de ella, en 1887. Sólo poco más de tres años después, en enero de 1901, falleció el autor, en su conjunto, de las óperas más populares y conocidas, Giuseppe Verdi, el genial creador de “La Traviata.”

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HOUSE, TECHNO & DJS

mPor Mato Gutmeister

 

DJ, productor musical y diseñador gráfico.  Forma parte del Crew de Djs “Future Bass” junto con Andy, FLow, y Vj Soltao.

 

 

 

 

 

 

 

In the beginning, there was Jack, and Jack had a groove.
And from this groove came the groove of all grooves.
And while one day viciously throwing down on his box, Jack boldy declared,
“Let there be HOUSE!” and house music was born.   
– “My House” Chuck Roberts

 

Cuando niño, el primer sentimiento, por lo menos en mi caso, que soy modelo 85, fue sentir los latidos del kick retumbar con intensidad en mi pecho. Más precisamente, en el área del corazón. Esa fue, la primera vez que escuché música electrónica techno en un sistema grande de sonido. De inmediato pensé y sentí “esto es de lo más emocionante que me ha pasado en la vida” y, también, ese latido, esa vibración, me contactó mucho con mi yo interno hasta imaginarme primitivo. Desde ese momento, supe que la música techno iba a ser muy importante para mí.

Muchas personas dicen que es una sensación bastante intensa y hasta violenta, si se puede llamar así. Están en lo cierto, ya que este latido o beat nos recuerda el primer sonido que escuchamos cuando nuestras células alcanzan el mínimo nivel de conciencia auditiva: el latido del corazón de nuestra madre. No en vano, los tambores y sonidos percutidos graves nos conectan con este mundo interno, en donde, incluso, perdemos “la razón” y entramos en la zona de sentir y recordar esa etapa lejana.

Este artículo explicará brevemente un fragmento de la música electrónica de la rama house y techno. Conforme un tema crece, se va especificando cada vez más. Es el caso de la música electrónica, la cual nunca ha podido ser “encasillada”, ‘metida en un solo recipiente’. Iremos por la rama de la música bailable de club o discoteque.

La música grabada cambió al mundo. Durante la Segunda Guerra Mundial, no era posible reunirse a escuchar bandas o músicos en vivo. Por lo tanto, comenzaron a proliferar los “pone discos” tanto en fiestas como el en lugares públicos.

En Francia se acuñó el término discoteque, proveniente del neologismo ‘discoteca’, acuñado para significar ‘donde se pueden encontrar colecciones de vinilos (discos)’. Sin embargo, no era un lugar fashion ni de moda, más bien, eran centros de reunión de la resistencia. Eran clandestinos, no se requería una entrada costosa o trajes de diseñador para pertenecer al “club”. Poco a poco, la idea de celebrar esas reuniones se fue sofisticando y transformando más hacia el sentido de un lugar de fiesta. Varios dueños de bares comenzaron a introducir más elementos festivos. Entonces, la gente comenzó a vestirse a la moda para ir a las discoteques. Este fenómeno se dio paulatinamente en Inglaterra y otros países de Europa.

La idea de bailar con discos reproducidos, escogidos por cualquier persona que trabajara en el bar, incluso el electricista o el conserje, comenzó a hacerse muy popular. Tal es el ejemplo del lugar en París Chez Regine, cuya dueña, durante las primeras noches, ponía letreros de “no hay espacio, agotadas las entradas”, para que, en ocasiones venideras tuviera full house.

El jazz fue el principio de toda la movida. En Nueva York el jazz proliferó con locura. También comenzaron a llenarse los lugares de moda; súmese a esto, la incursión de la radio como medio difusor de la música popular, pues, en Europa recuérdese que ese medio se utilizaba principalmente con fines políticos.

Como en Estados Unidos la radio continuó con esta orientación (a pesar de las muchas demandas y los pleitos legales de las disqueras, porque no les parecía buena idea sonar sus tracks en la radio), la industria de la música se desarrolló de manera más fluida. Aunque no tanto, las discoteques como en el inicio en Europa.

Sea por el medio que fuere, el público reaccionó desesperadamente por más música bailable, más fiestas, más lugares clandestinos y más records. Resultaba sorprendente cuán importantes se volvieron los coleccionistas de discos. Aquel que tuviera las piezas más raras, era aclamado por la audiencia. “Vamos esta noche a … porque tal persona estará poniendo su colección de discos”.

Esto fue así alrededor de los años 50. Ya en los 60, con la aparición del twist, hubo aún más furor, puesto que este nuevo baile (visto muy mal por los ingleses, al principio) impasible y vulgar, proveniente de los barrios bajos del Nuevo Mundo, se volvía cada vez más popular entre la gente joven.

Como siempre los lugares iban y venían, pasaban de moda y otros aparecían. Pero la figura de esa persona que ponía discos, cada vez más comenzaba a dominar las escenas. Además, se había liberado el baile con el twist, en el cual no se necesita pareja de baile ni saberse ningún paso.

Con la llegada de los 70, el disco hizo su aparición: esferas de espejos, plataformas y colores intensos. Todos hemos querido bailar, alguna vez, en el suelo de mosaicos de luces.

La cultura gay ha sido pionera en el surgimiento de las discoteques, Djs, y clubes. Como dijimos anteriormente, todo comenzó por los records de jazz, hechos por afroamericanos, en su mayoría. Añádase, ahora, la aparición de los lugares gay, que comenzaron a hacerse populares. Muchas celebridades visitaban frecuentemente los clubes. Tenían un ambiente mucho más liberado, menos hostil y “podías ser tal y como vos eras”.

La escena gay continuaba marcando tendencias. En estos lugares la gente coreaba las canciones, gritaba, bailaba y vivía un ambiente que era difícil de encontrar en otro tipo de lugares. Entonces, los clubes comenzaron a ponerse aún más de moda, como es el caso de Paradise Garage en Nueva York.

Había un público mayoritariamente masculino y afrodescendiente. También varias drogas, como el alcohol y los ácidos, se unieron al furor en la ciudad de la gran manzana.

El origen de esta revolución urbana se descubre, sin embargo, no en las calles sino en el laboratorio de sonido, con la invención del oscilador de ondas, aparato que genera infinitamente una onda de sonido. La onda más básica es la curva o sinusoidal y suena parecido a un clarinete. Luego, estos osciladores se unieron con otros para crear diferentes ondas, al mismo tiempo, en diferentes frecuencias y, así pudieron reproducir acordes y armonía. Se “complicaron” o se enriquecieron un poquito más, uniéndose a un teclado, que tenía filtros como Hi pass y Low pass, efectos que desfasan la onda (flanger, phaser), un control de volumen con “attack, decay, sustain y release”… Y ¡boom!, obtuvimos el sintetizador.

La llegada del “house o “warehouse

Temas como Your Love de Frankie Knuckles (1955-2014), Pump up the Volume de MARRS, o Theme from S’Express de S’Express marcaron el inicio de la música house. Este género tiene influencias de estilos como el synthpop, el electro, el disco, R&B, soul, jazz, etc. Se basa en la estructura rítmica del disco, con el bombo marcando cada tiempo, pero más minimalista y electrónico. Se caracteriza por líneas de bajo predominantes, teclados y sintetizadores, voces o samples, efectos y sonidos como white noises, reverbs, delays y flangers.

En Detroit se estaba desarrollando paralelamente el estilo techno, acuñado desde la frase techno rebels, proveniente del libro ‘La Tercera Ola’ del sociólogo estadounidense Alvin Toffles, 1979. No en vano, el autor explica que la tercera oleada está basada en computadoras, tecnología, sistemas y formas de vida.

La ciudad de Detroit posee ciertas características industriales, ello propició la aparición de la música techno, que se diferencia del house por ser más “minima”, más oscura y con un sonido menos disco.

En Berlín se desarrolló el techno enormemente, casi en paralelo con Detroit. Mientras que, en Inglaterra, surgían los animadores “MC’s”, el house garaje y el drum & Bass, proveniente de la mezcla con música jamaiquina y sus soundsystems. Kraftwerk, Juan Atkins, Cybotron, Uderground Resitance son exponenetes importantes del primer techno estilo Detroit.

No duró mucho en exportarse a Europa, donde también fue un boom y comenzó a mezclarse con otros estilos, en distintas ciudades. Así surgen géneros como el UK garage”, drum & bass, minimal Techno, hardcore, etc. Inglaterra, Alemania y Bélgica fueron países donde las discotheques marcaron historia.

El sonido de Bélgica tiene un gran protagonismo en el techno de los 90. Se basa en sintetizadores con sonidos tipo hoover, con stabs pesados y estridentes, más la percusión típica del techno. Esto era el tiempo del “rave”.

Actualmente, es un movimiento mundial que posee cientos de géneros y estilos. Desde los bailables hasta otros no tanto. Tenemos la rama tropical-latina como la cumbia electrónica, el techno latino, el tropical bass, etc.

El surgimiento de la música house fue un boom. Con pocos elementos se puede hacer un excelente track de house o techno. No es necesario hacer virtuosismos rítmicos o armónicos. Lo más importante es el manejo de la energía en la pista de baile. Por estas y otras razones, mucha gente comenzó a hacer records de house. Ya que podías conseguir tu máquina de ritmos o drum machine (Roland 808, 909, 707), un bassline synth (clásico Roland TB303), sumarlos a un teclado, conseguir unos cuantos samples (provenientes de otros cds o discos) y comenzar a hacer un track.

La eficacia de la música house, y especialmente el techno, se basa en la simpleza de elementos. Cuando las personas están en una pista de baile, no solamente están escuchando la música, están (preferiblemente) bailando, socializando, tomando, etc. Hay muchos elementos que coinciden al mismo tiempo, por lo cual, un buen track tiene que ser claro, simple pero fuerte. Con un gancho o hook que sea fácil de reconocer, para que, en pocos compases y pocos segundos, la audiencia pueda hacer “suyo” el tema y bailar, en espera del próximo track y, así, sucesivamente, hasta alcanzar niveles extáticos.

No en vano, muchos músicos convencionales, han criticado estos estilos de música con juicios de valor como “es música muy sencilla”, “no tiene elementos, no tiene armonía” o “la computadora hace la música, no el humano” y, en fin, tantos otros prejuicios basados en una idea de música más rebuscada o virtuosa.

Lo cierto es que esta música ha sido un fenómeno histórico y mundial que parece no pasar de moda, y que está ocurriendo en este preciso momento.

“At this very moment people are still having sex”

La tour.

* (Tracks de Mato Gutmeister en https://soundcloud.com/gutmeister_and_mato)

CONVERSANDO CON ROBERTO BARAHONA

RB barba

Roberto Barahona

Por Jaime Andrés Valladares 

 

 

“Una de las cosas que me gusta del Jazz, chico, es que no sé que es lo que va a suceder a continuación. ¿Tú sí?”

– Bix Beiderbecke 

 

 

 

 

Estaba leyendo hace poco un texto de Enrique Vila-Matas en el que rememora a Chet Baker. Y cuando Vila-Matas quiere hablar de Chet habla también de la ciudad, porque el jazz y lo urbano están íntimamente ligados. “Me dije que también la vida en el campo es estupenda, hay animales que no se ven en las ciudades, se hace fuego en las chimeneas, pero el campo tiene una belleza soporífera. La ciudad, en cambio, es la poesía misma. Un poeta de Nueva York, un amigo de Paul Auster, escribió estos versos sobre la belleza urbana: ‘Esta brumosa mañana de invierno/ no desprecies la joya verde entre las ramas/ sólo porque es la luz del semáforo‘ “.

Me acordé hoy del escritor barcelonés cuando caminaba por Providencia. Iba al encuentro de uno de estos seres urbanos por excelencia. Roberto Barahona. Roberto es conductor y director del programa radial ‘PuroJazz’ que se emite por radio Beethoven, además de ser uno de los curadores del festival internacional de  jazz de Providencia junto a Pepe Hossiason. Subo en ascensor hasta el piso correspondiente y el sonido es inconfundible. ‘So What’, de Miles Davis. Una briosa versión del Collector’s Edition. Sin duda alguna es el departamento de Roberto. Nos damos los saludos pertinentes y comenzamos la entrevista.

 

En 1970, para la revista Jazz Magazine, se le preguntó a Thelonious Monk, ‘¿Qué opina de la palabra Jazz?’. A lo que Monk respondió: ‘No lo sé, para mi es una palabra como cualquier otra’. ¿Qué opina de la palabra Jazz Roberto Barahona?.

Roberto: Hay muchas opiniones y discusiones en torno a la palabra jazz. La palabra propiamente tal nace en los prostíbulos de nueva Orleans. Tiene una connotación sexual como sinónimo de copulación. El jazz es un estilo de música fácil de identificar, pero muy difícil de definir.  Duke Ellington por ejemplo no hablaba de jazz, sino de buena o mala música. Podemos decir que el jazz tiene algunas características propias, una es la sincopa, y otra la  improvisación. Mas sucede lo mismo que con el arte, es muy difícil definir que es y que no es arte.  Mi definición de jazz se ha ampliado con el tiempo. He descubierto más jazz.

Hay una frase de Camila Meza que me gusta bastante. Ella dice que ‘el jazz no tiene la certeza de nada, encuentra la belleza en la creación instantánea’. ¿Es esa creación instantánea, la improvisación, el momento presente, lo que define la esencia del jazz?.

R: Absolutamente. De hecho tu puedes escuchar a un grupo una semana seguida tocando los mismos temas y cada uno va a ser distinto. Es imposible recrear una improvisación. Es instantáneo, simplemente sucede. Lo decía Eric Dolphy, una vez que tu tocas algo se fue y nunca más lo vamos a escuchar.

Hábleme de PuroJazz. ¿Cómo se proyecta el programa en el futuro?

R:   PuroJazz es como el jazz, una improvisación. Nunca sé que es lo que voy a tocar. Descubro, voy anotando, leo. Estoy constantemente renovando mi discoteca. Trato que la selección sea interesante. No tocar exclusivamente un trío de piano toda la noche, sino agregar una trompeta o un trombón, ir variando un poco. Todo lo que programo es música que me gusta a mí. Respecto al futuro no tengo la más mínima idea. Vamos improvisando sobre la marcha.

Hace pocos días falleció el gran contrabajista Charlie Haden. En una entrevista, y a propósito de una pregunta sobre la Liberation Music Orchestra, señaló que ‘seguimos viviendo en un mundo donde reina la crueldad, la avaricia y la devastación; un mundo gobernado por mentalidades cerradas. Por eso, ahora más que nunca, necesitamos de la belleza’. ¿Hacen falta más programas como PuroJazz?. ¿Hace falta mayor divulgación de este género?. ¿Cómo se promueve el jazz en Chile?

R: Le tengo mucho respeto a Charlie Haden. Lo conocí en dos ocasiones. Además de ser un músico excepcional, era una buena persona. Cuando lo vi la última vez, en un dúo con Kenny Barron,  habló de la crueldad del hombre contra el hombre, unas breves palabras en las que dijo que debíamos tener respeto los unos con los otros. Cuando terminó el concierto se paró en la puerta del Blue Note y se despidió de cada persona. Yo le dije que venía de Chile , y me dijo que sentía mucho respeto y cariño por la gente de Chile. Volviendo a la pregunta. Sí, faltan más programas como PuroJazz. De hecho sería más útil si se trasmitiera en otro horario, mas el espacio que tenemos es muy pequeño. El jazz no es una música fácil. Es una música que requiere compromiso y atención. Respecto a la divulgación, tenemos por un lado los programas radiales y por otro los festivales.

Hábleme de su participación en el festival internacional de jazz de Providencia y la relevancia del mismo para la difusión del jazz.

R. El festival hasta entonces no era propiamente un festival de jazz. La Municipalidad habló entonces con Pepe Hossiason y conmigo para que les asesoráramos con el efecto  de  seleccionar a los músicos que consideramos representan el verdadero jazz . Les dije que si querían tener impacto debían traer un nombre importante, para darle seriedad y respeto al festival: Phill Woods. Otra cosa fue tener la mitad de músicos chilenos.  Hay otro festival, que se llama Jazz a la Vega, un festival de tres días, magnifico.Esta es una gran forma de divulgar el jazz.

¿Qué proceso o momento está viviendo el jazz en nuestro país en la actualidad?

R: En este momento yo creo que está estancado. El siglo XXI arrojó una gran cantidad de buenos nuevos músicos. Desde esa época es muy poco lo que ha surgido. No veo nuevas generaciones que estén reemplazando a esa camada que hoy día tienen 30 años. Quizás sea ignorancia mía, mas no veo que surjan nuevos Claudios Rubios o Félix Lecaros.

 ¿Hay un estándar o canon para definir a un buen músico de jazz en un genero que principalmente se caracteriza por su libertad interpretativa?

R: Mira, ¿puedes definir y determinar que hace que una mujer sea linda?. No. No puedes decir está o aquella es la mujer más linda del mundo. Como tampoco puedes decir este o aquel es el mejor saxofonista del mundo. ¿Qué es entonces lo que hace que tal o cual saxofonista sea especial?. Depende de lo que el público perciba. Hay músicos que te emocionan y otros que te dejan impávido. ¿Por qué es bella una sinfonía de Mahler?. No creo que se pueda decir. Es muy difícil describir ciertas cosas. Ha ciertos parámetros como la originalidad, el sonido, las composiciones que tenga, pero aún así es una pregunta muy compleja. Un mal músico de jazz por el contrario, es aquel que no tiene swing, que no tiene ideas, y que tiene un mal sonido.

¿Qué hace Roberto Barahona en la actualidad?. ¿Cuales son sus proyectos? Hablemos del Roberto músico.

R: Mi actividad principal es mi programa, que lo hago todos los días. Me dedico también a otras actividades. Estoy vinculado a un sello discográfico ‘Discos Pendiente’, con el cual proporcionamos a músicos emergentes la posibilidad de hacer un disco con ayuda técnica y financiera de nuestro grupo. Ya tenemos 30 números en nuestro catálogo. También estoy en el festival de Providencia, que implica harto tiempo. Y una vez al mes me presento en el club de Santiago, lo que me proporciona gran satisfacción y me obliga a estar preparado.

Si tuviese que elegir a un músico de jazz. Quién, y por qué.

R: Yo te diría que los músicos que más satisfacción me han dado, han sido Coltrane, Miles Davis, Ornette Coleman… debido a esa individualidad, esa entrega, el total compromiso con la música; la diversidad de su enfoque hace que sean diferentes.

Si tuviese que elegir un álbum de jazz. Cual, y por qué.

R: Kind of Blue. Definitivamente.

CONVERSANDO CON EDUARDO GATTI Y NITO MESTRE

Gatti & Mestre

Eduardo Gatti y Nito Mestre

Por Jaime Andrés Valladares

 

Sin música, la vida sería un error’

– Nietzsche

 

 

 

 

En 1817, el músico austríaco Franz Schubert, compuso ‘An die Musik (A la Música)’, un lied o canción para piano y voz inspirado en un poema de Franz von Schober, alabando el sublime arte de la música. Y es que la música posee un curioso efecto sobre nosotros: nos transporta a lugares y a tiempos remotos; nos evoca sentimientos y, de un estado de ánimo podemos pasar repentinamente a otro en cosa de segundos. La música toca en nosotros los hilos invisibles del alma, aquello que no vemos pero sabemos que existe, porque somos capaces de sentirlo. La música de igual forma es capaz de irrumpir lo establecido. Romper el statu quo con sus sonidos y sus silencios que de vez en cuando se unen a sueños e ideales. La música, por sobre todas las cosas, es una enorme y variada expresión cultural.

Hace algunas semanas, asistí a la presentación de dos grandes músicos, a propósito de la fiesta del vino, instancia organizada por la cámara de turismo de Pirque y la productora Corchos & Corcheas. Me refiero a Eduardo Gatti y a Nito Mestre

La historia musical de Gatti es de amplia y conocida trayectoria, pasando por Los Blops hasta su brillante carrera como solista. Nito Mestre en tanto, ha sido miembro de uno de los dúos que ha definido la historia del rock argentino y más aún, del rock latinoamericano, Sui Generis. Eduardo y Nito llevan más de 30 años tocando juntos, recorriendo Chile de norte a sur. Antes de su presentación tuve la oportunidad de conversar brevemente  con estos dos grandes de la música.

Nito Mestre

Nito Mestre

Nito y Eduardo,  ¿cuáles son las raíces del canto actual? ¿es meramente pop o sigue teniendo un trasfondo, sea político o cultural? ¿quedan aún ideales por los que cantar?

Nito: Lo que pasa es que a mi entender los momentos son absolutamente distintos. Ahora, con la globalización, los problemas se han convertido en económicos más que todo. Continuamos hablando de la libertad, pero desde otro punto de vista. Siempre quedan ideales por los que cantar. Tenemos la ecología por un lado, la educación, la igualdad económica, por mencionar algunos. Hay infinidad de cosas por las que escribir y seguir cantando.

Eduardo: Respecto a las raíces del canto actual son muchas, no es meramente pop. Yo creo que por primera vez en Chile tenemos una generación que mira al pasado sin necesariamente pisotearlo, como ocurrió en los noventa. Es una juventud, la de ahora, mucho más madura, con mucho más perspectiva histórica. Además, la historia musical está más y mejor documentada.Y siempre van a existir ideales por los que cantar. Siempre ha convivido la música comercial con aquella música que tiene algún trasfondo que  interpreta los anhelos de la gente.

gatti

Eduardo Gatti

¿Podemos continuar hablando entonces de un ‘movimiento cultural’?

Nito: Siempre, tanto en Chile como en Argentina. Puedo hablar mejor por lo que sucede en Argentina. Hay un movimiento cultural alternante. Aparece mucho grupo independiente y en música siempre es bastante fuerte. Desde hace un tiempo, la industria del cine ha crecido mucho.


Eduardo
: Por supuesto, un movimiento cultural distinto por cierto al que vivimos en nuestros días, ya que la historia no se puede repetir. Creo que en este momento hay una generación de músicos que están marcando una etapa importante, como Manuel García, Camila Moreno, Chinoy, que están haciendo la historia de mañana.

A propósito de que estamos en Pirque. Un escritor chileno, Pablo Huneeus, ha señalado que el campo es el gran reservorio de identidad nacional. ¿Qué piensan de esta afirmación? ¿vuelven  a ese reservorio de vez en cuando para componer’

         

Nito: El campo en Argentina es un enorme reservorio. Yo creo que es fundamental. Tenemos un potencial enorme en nuestro campo. Potencial tanto cultural como económico. Es nuestra obligación el defenderlo.

Eduardo: Absolutamente. Aunque lo veo más por el lado de que nuestra supervivencia está en este paradigma, no en el paradigma de la ciudad. Cada vez el campo va a adquirir más respeto e importancia. Dependemos de la naturaleza, y debemos aprender de ella.

Es hora de subir al escenario. Nos despedimos y me convierto en espectador. ‘Confesiones de Invierno’, ‘Aprendizaje’ y otras inmortales canciones de Sui Generis comienzan a sonar en la voz y guitarra de Mestre. Más tarde sube Gatti.  Se escuchan los primeros acordes de ‘El navegante’. Luego ‘Quiero paz’.  Poesía en forma de canciones. Al final todos coreamos ‘Rasguña las piedras’. El frío no es impedimento cuando se trata de recuerdos. Estos últimos son implacables. Se abren espacio a través de las notas y te alcanzan Se termina el espectáculo y se apagan las luces. Hemos cenado música esta noche. Y ha sido un glorioso e inolvidable banquete para el alma.

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