DIATRIBA DE LA EMPECINADA

Magda

 

Por Magdalena Fuentes García
Actriz. Licenciada en actuación. Maestranda en Gestión Cultural, Universidad de Buenos Aires.

 

 

 

 

 

 

Fue en febrero de 2014 que llegué como un pollo a esta hermosa ciudad, Buenos Aires. Cuando digo “como un pollo” es, “como un pollo”, literalmente, a pesar de los años que tenía y que hoy tengo: “valga la juventud siempre”. Y es que llegar sin haber viajado antes a una ciudad tan grande es realmente impactante.

El viaje fue a razón de realizar estudios de posgrado, luego de haberme licenciado como actriz. Tenía deseos de dedicarme a la cultura más allá de lo que estrictamente se vincula a mi profesión, por esa razón decidí realizar la Maestría en Gestión Cultural. Luego de haber sido admitida por la Universidad de Buenos Aires, estaba todo listo para llegar y hacer, vivir.

Los años de cursada fueron intensos y a pesar de eso, pasaron volando, una vez concluida la cursada, no tenía ganas de regresar a Chile, a pesar de la crisis económica y las grandes demandas sociales que cada vez se intensificaban, sentía que había muchas cosas que seguir realizando y conocer antes de volver. Por eso decidí quedarme un rato más, tiempo que se fue extendiendo sin darme cuenta. Primero fueron las ganas de realizar otra carrera, la danza fue siempre algo que me atrajo, así que postulé a la Universidad Nacional de las Artes, y para mi felicidad, quedé en la selección. Ese año fue toda una nueva experiencia, volver a la universidad, a una carrera de pregrado, a mis treinta y tantos, y redescubrirme por completo con experiencias a gusto y otras no tanto. Estaba feliz, de tener el privilegio de estudiar una carrera en forma gratuita, sin la inquietud ni el estrés de juntar la innombrable suma como la que acostumbramos a pagar en Chile a la universidad o al banco. En la UNA, teníamos el honor de tener en cada sala un piano y contar con la presencia de uno o dos músicos que tocaban en vivo para nuestra inspiración en las clases, que eran dirigidas por un profesor titular de cátedra, más un ayudante. Toda una experiencia de felicidad que me hacía cantar mientras conducía la bicicleta que amablemente me llevaba de ida y regreso a la Escuela de Movimiento ubicada en el Barrio Boedo.

La ciudad cada vez me envolvía con mayor fuerza, los teatros, los conciertos de bandas locales, los parques inmensos, la cantidad enorme de museos, el río de La Plata y la multiculturalidad que Buenos Aires ofrece y su propia gente. Es increíble como revivo todo mientras escribo esto, debo manifestar en este momento que siento una profunda admiración por el pueblo argentino, son personas muy amables -muy distinto a lo que muchas veces se ha comentado- y accesibles, muy libres.

Luego de toda esa inspiración, me decidí a realizar una obra teatral. Siempre me gustaron los monólogos, como así también los textos del gran autor chileno Juan Radrigán. Por esa razón comencé a buscar un director joven que se entusiasmara con la idea del proyecto. Fue así, que gracias al dato de una amiga bonaerense me contacté con Miguel Mango, un actor argentino de gran formación, estudiante avanzado de la carrera de Dirección Escénica que estaba por finalizar su carrera en la UNA, y con Andrea Aguirre, una ecuatoriana con formación en danza y gran dominio corporal, también estudiante de la carrera de Dirección. Así formamos un pequeño gran grupo trinacional.

Luego de un año de intenso trabajo, concluimos nuestro proyecto, al que se fueron sumando profesionales de otras áreas, los que finalmente llegamos a formar un equipo de diez personas, la mayoría, estudiantes, egresados y docentes de Universidades Públicas de Argentina. Una gran noticia para el grupo y que facilitaba las posibilidades de montarla, fue el ganarnos el Fondo de Proteatro, un programa del Ministerio de Cultura de la Nación que subsidia la producción de obras del circuito independiente en Capital Federal. Así fue como nos preparábamos para el estreno de la obra “Diatriba de la Empecinada”, un monólogo que reclama la búsqueda del desaparecido en el contexto de dictadura militar en Chile, que reflexiona sobre la perdida de amor en el mundo, apelando al amor como la figura de este que no está presente hoy, o al menos muy oculto, considerando el sistema actual que nos tiene inmersos en un individualismo de proporciones. Un texto lleno de poesía y realidad más allá del contexto político, que cala profundamente el sentir quien la presencia, no sólo por el contexto político, sino por sus grandes reflexiones humanas, con la particular impronta de este agudo escritor.

En junio de este año fue el estreno en la Sala Delborde, un espacio ubicado en el turístico barrio de San Telmo, fue neta coincidencia que estuviese ubicado en calle Chile. Una obra de autor chileno, interpretada por una actriz chilena, estrenada en calle Chile …. ¡qué cosas de la vida!   Tuvimos una muy buena temporada, a la que acudió la familia, amigos y los amigos de los amigos, y personas que llegaron por los buenos comentarios.

Hoy día preparamos la producción de otra temporada en otro barrio, ciclos y festivales.
Debo decir que me enorgullece profundamente haber realizado esta pequeña gran obra, y junto a eso haber movilizado a un grupo tan grande de trabajo para el proyecto sin haber conocido a nadie, es muy alentador saber que el arte convoca. Mis agradecimientos a Argentina y su gente de capital, la ciudad de la furia.

En tierras lejanas, siendo muy feliz.

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