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Chopin, café y tostadas.

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Por Jaime Andrés Valladares

“- ¿Qué va a pedir entonces-?”, irrumpe la ensayada melodía de mi interlocutor. “Café con tostadas, por favor”. El ventanal aún no revela a los transeúntes, y el frío compacto nubla toda posible visión. Es temprano en la ciudad. Mas el murmullo de pasos, autos, buses y bicicletas va in crescendo. De pronto la sinfonía citadina está lista, al igual que mi café.

Una música se alza tímidamente, y los pasos, los autos, las bicicletas y los buses van perdiendo autoridad. Le pregunto al Garzón por el compositor. “¡Chopin!”, exclama, mientras prepara un camino pavimentado de servilletas para la inminente llegada de las tostadas. “Krystian Zimerman”, murmura a continuación. “¿Perdón?”, “Krystian Zimerman es el intérprete, y la pieza es la Balada Nº1. Qué disfrute su desayuno”.

Y qué desayuno. Chopin escribió alguna vez que era necesario poner toda el alma en una composición.  Tocar, no solo de acuerdo a la técnica, sino además, de acuerdo a cierta sensibilidad. Posiblemente por eso difieren tanto las interpretaciónes de sus composiciones entre uno y otro interprete: Rubinstein, Horowitz, Arrau, Argerich o Zimerman, quienes desde su magnifica técnica, incorporan otro elemento que vuelve a la obra única. Lo que puede parecer aparentemente sencillo en la partitura, requiere de una habilidad extra. Pasión, dirían algunos.  El cuidado en los detalles sin esa forzosa obligatoriedad. Había bastante de este cuidado en la impecable atención y presentación de un simple café con tostadas.

La Balada Nº1, compuesta entre los años 1835 y 1836, es un tour de force. No solo para el virtuoso intérprete, sino para la audiencia. En sus nueve minutos (o diez, dependiendo del ejecutante), nos conduce por distintos estados a través de la música. Es, en otros términos, una experiencia.  Memorable es el uso de la misma en “El Pianista” de Polanski: en medio de las ruinas arquitectónicas – y humanas – suena de pronto una melodía que se eleva por sobre las circunstancias. Una suerte de idioma universal que no admite palabras; solo concurren la música y las expresiones en los rostros compungidos  en una actuación magistral de Brody y Kretschmann.

El café se ha enfriado. Pero no importa. El calor ha develado la transparencia de las ventanas, invitando a salir. Me despido de mi amable y versado interlocutor. Ha sido un gusto.  Al alejarse, se oye distante el acorde afable de un Nocturno.  En tanto, me uno al sonido de zapatos que golpean incesantes la vereda, y me vuelvo parte de la sinfonía.

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“AIDA” EN EL METROPOLITANO DE NUEVA YORK

Met_Logo_StackPor Haroldo Quinteros

Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Tübingen. Profesor invitado en las universidades de Heidelberg y Tübingen.

 

 

 

El Teatro Metropolitano de Ópera de Nueva York, el más importante del género existente en Estados Unidos, abrió su temporada 2015 el 10 de enero pasado, a las 13:00 horas. Lo hizo con la más importante de las óperas mayores que se han escrito, “Aída” de Giuseppe Verdi.  Estuve allí. No es poco decir, no sólo por la exclusividad del evento, sino porque, después de todo,  es difícil hacerlo para un chileno que vive en su país, y provinciano, además. En fin, aunque no tiene la menor importancia pública esta sensación personal,  me ha sido irresistible expresarla.  Al fin y al cabo, fui espectador directo et in situ de todo lo que puede ofrecer en el arte un país tecnológicamente superdesarrollado,  y justo con la ópera que, muy por sobre todas las demás,  ofrece la oportunidad de exhibir todo lo que el bel canto puede ofrecer,  desde solos en todas las voces, hasta coros masivos  y despliegue de gran orquesta, así como los sofisticados recursos materiales y técnicos que el genio humano ha creado en nuestros tiempos para ser dispuestos en el arte. Por cierto, fue una presentación magnífica; en verdad, perfecta.

“Aída” tuvo un origen de opera magnifique .Situémonos en la segunda mitad del siglo XIX, cuando Verdi, aunque ya se  había acogido voluntariamente a retiro, y, por lo tanto, ya no escribía, todavía era conocido universalmente como el compositor de óperas más conspicuo del mundo. Egipto, país entonces perteneciente al viejo Commonwealth inglés, se occidentalizaba aceleradamente.  Los ingleses habían ocupado el país militar y administrativamente en calidad de colonia, y, por supuesto, no podían dejar de introducir en él tanto su propia cultura nacional como, en general, la europeo-occidental. El virrey de la colonia, Ismail Pasha, había sido instruido para  construir un nuevo gran teatro de ópera en El Cairo, y para ello necesitaba una obra de estreno. Qué mejor, pensó, que ofrecer ese trabajo a Verdi. El compositor, en un principio, rechazó la oferta. Sin embargo, Pasha no se desanimó y recurrió a un poderoso recurso: acudir a la conciencia de ciudadano universal que Verdi, efectivamente, era. Envió a Italia al mayor egiptólogo de la época, el historiador y arqueólogo francés Auguste Mariette,  que como tal vivía y trabajaba entonces en Egipto, con la sola misión de entrevistarse con Verdi y conseguir su asentimiento.  Mariette había descifrado cientos de textos en tumbas y papiros del Egipto del Antiguo Reino (2000-3000 a. C.), entre ellos, mitos, fábulas e historias, de las cuales mostró una a Verdi. Era la de Aída, una princesa etíope, hecho prisionera por los egipcios luego de una de las tantas guerras -victoriosas, por supuesto- que el poderoso Imperio de los faraones había sostenido con uno de los tantos reinos medio-orientales y africanos de la época. Verdi aceptó, por fin, escribir “Aida,” obra que completó en 1871. Muy sugestivamente, ese mismo año, apenas terminada la construcción del magnífico teatro de estilo neo-clásico europeo, el Cairo Opera House, la ópera fue estrenada en su escenario el día más importante de la civilización occidental, la noche del 24 de diciembre.  El guión fue encomendado por Verdi a su amigo y dramaturgo italiano Guido Ghislanzone, quien bajo la directa supervisión de Mariette y del propio Verdi, lo escribió ateniéndose rigurosamente a la antigua historia de la princesa etíope.

De “Aída” se conocen en todo el mundo, y ampliamente, por lo menos la fina y emotiva aria “Celeste Aída,” que irrumpe en el primer acto (infaltable en el repertorio de concierto de cualquier tenor), y la Gran Marcha Triunfal que abre el segundo. Con fastuosos decorados, escenas de ballet y acrobacia, despliegue de masas de soldados, nobles y sacerdotes que constituyen los coros, y carros de guerra tirados por caballos reales, “Aída” es, sin duda y per se, la mayor grand operaconocida,  pródiga en efectos dramáticos, visuales y musicales.  En lo argumentativo es, simplemente, una historia de amor.

El general de las tropas egipcias, el joven Radamés, se enamora perdidamente de su prisionera Aida, hija del rey de los vencidos etíopes, que también ha sido hecho prisionero.  El amor de Radamés es correspondido de inmediato por la bella Aída. Amneris, la hija del faraón, está enamorada de Radamés, y el faraón, en virtud de las hazañas del joven héroe, ha ofrecido a él la mano de su hija. Radamés, sin advertirlo, en un encuentro nocturno con Aída, le revela la trayectoria de la marcha del ejército egipcio para ejecutar la destrucción definitiva de lo que ha quedado del ejército etíope. El padre de Aída, que ha seguido a su hija, escucha esta información y la transmite a sus hombres. Radamés es descubierto por la guardia imperial egipcia y condenado a muerte por alta traición, aunque el ejército etíope es igualmente aniquilado por los soldados del faraón. A pesar del despecho que siente Amneris hacia Radamés y su odio por Aída, trata en vano de salvar la vida del hombre que ama. Radamés, el valiente general,  marcha a la muerte por lapidación (encerrado de por vida en una celda bajo la tierra). Aída, conocedora del destino del joven, ha logrado escabullirse hacia aquella celda, decidiendo así morir con él.

El elenco de lo que fue esta presentación de “Aída” fue, por supuesto, espectacular, además de la perfecta dirección de la orquesta por el director italiano Marco Armiliato.  Actuaron la muy conocida soprano Tamara Wilson en el papel de Aida, Marcelo Giordani como Ramadés,  la mezzo-soprano lituana Violeta Urmana  como Amneris, el ruso-gerogiano  George Gagnidze como el sacerdote Amonasro, y el bajo estadounidense Howard Solomon como el faraón.

En fin, un espectáculo inolvidable. Les aseguro que no lo fue sólo para mí, sino para todos quienes ese día 10 de enero de 2015 estuvieron el Metropolitan Opera House de Nueva York.

 

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CONVERSANDO CON EDUARDO GATTI Y NITO MESTRE

Gatti & Mestre

Eduardo Gatti y Nito Mestre

Por Jaime Andrés Valladares

 

Sin música, la vida sería un error’

– Nietzsche

 

 

 

 

En 1817, el músico austríaco Franz Schubert, compuso ‘An die Musik (A la Música)’, un lied o canción para piano y voz inspirado en un poema de Franz von Schober, alabando el sublime arte de la música. Y es que la música posee un curioso efecto sobre nosotros: nos transporta a lugares y a tiempos remotos; nos evoca sentimientos y, de un estado de ánimo podemos pasar repentinamente a otro en cosa de segundos. La música toca en nosotros los hilos invisibles del alma, aquello que no vemos pero sabemos que existe, porque somos capaces de sentirlo. La música de igual forma es capaz de irrumpir lo establecido. Romper el statu quo con sus sonidos y sus silencios que de vez en cuando se unen a sueños e ideales. La música, por sobre todas las cosas, es una enorme y variada expresión cultural.

Hace algunas semanas, asistí a la presentación de dos grandes músicos, a propósito de la fiesta del vino, instancia organizada por la cámara de turismo de Pirque y la productora Corchos & Corcheas. Me refiero a Eduardo Gatti y a Nito Mestre

La historia musical de Gatti es de amplia y conocida trayectoria, pasando por Los Blops hasta su brillante carrera como solista. Nito Mestre en tanto, ha sido miembro de uno de los dúos que ha definido la historia del rock argentino y más aún, del rock latinoamericano, Sui Generis. Eduardo y Nito llevan más de 30 años tocando juntos, recorriendo Chile de norte a sur. Antes de su presentación tuve la oportunidad de conversar brevemente  con estos dos grandes de la música.

Nito Mestre

Nito Mestre

Nito y Eduardo,  ¿cuáles son las raíces del canto actual? ¿es meramente pop o sigue teniendo un trasfondo, sea político o cultural? ¿quedan aún ideales por los que cantar?

Nito: Lo que pasa es que a mi entender los momentos son absolutamente distintos. Ahora, con la globalización, los problemas se han convertido en económicos más que todo. Continuamos hablando de la libertad, pero desde otro punto de vista. Siempre quedan ideales por los que cantar. Tenemos la ecología por un lado, la educación, la igualdad económica, por mencionar algunos. Hay infinidad de cosas por las que escribir y seguir cantando.

Eduardo: Respecto a las raíces del canto actual son muchas, no es meramente pop. Yo creo que por primera vez en Chile tenemos una generación que mira al pasado sin necesariamente pisotearlo, como ocurrió en los noventa. Es una juventud, la de ahora, mucho más madura, con mucho más perspectiva histórica. Además, la historia musical está más y mejor documentada.Y siempre van a existir ideales por los que cantar. Siempre ha convivido la música comercial con aquella música que tiene algún trasfondo que  interpreta los anhelos de la gente.

gatti

Eduardo Gatti

¿Podemos continuar hablando entonces de un ‘movimiento cultural’?

Nito: Siempre, tanto en Chile como en Argentina. Puedo hablar mejor por lo que sucede en Argentina. Hay un movimiento cultural alternante. Aparece mucho grupo independiente y en música siempre es bastante fuerte. Desde hace un tiempo, la industria del cine ha crecido mucho.


Eduardo
: Por supuesto, un movimiento cultural distinto por cierto al que vivimos en nuestros días, ya que la historia no se puede repetir. Creo que en este momento hay una generación de músicos que están marcando una etapa importante, como Manuel García, Camila Moreno, Chinoy, que están haciendo la historia de mañana.

A propósito de que estamos en Pirque. Un escritor chileno, Pablo Huneeus, ha señalado que el campo es el gran reservorio de identidad nacional. ¿Qué piensan de esta afirmación? ¿vuelven  a ese reservorio de vez en cuando para componer’

         

Nito: El campo en Argentina es un enorme reservorio. Yo creo que es fundamental. Tenemos un potencial enorme en nuestro campo. Potencial tanto cultural como económico. Es nuestra obligación el defenderlo.

Eduardo: Absolutamente. Aunque lo veo más por el lado de que nuestra supervivencia está en este paradigma, no en el paradigma de la ciudad. Cada vez el campo va a adquirir más respeto e importancia. Dependemos de la naturaleza, y debemos aprender de ella.

Es hora de subir al escenario. Nos despedimos y me convierto en espectador. ‘Confesiones de Invierno’, ‘Aprendizaje’ y otras inmortales canciones de Sui Generis comienzan a sonar en la voz y guitarra de Mestre. Más tarde sube Gatti.  Se escuchan los primeros acordes de ‘El navegante’. Luego ‘Quiero paz’.  Poesía en forma de canciones. Al final todos coreamos ‘Rasguña las piedras’. El frío no es impedimento cuando se trata de recuerdos. Estos últimos son implacables. Se abren espacio a través de las notas y te alcanzan Se termina el espectáculo y se apagan las luces. Hemos cenado música esta noche. Y ha sido un glorioso e inolvidable banquete para el alma.

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Las Cinco Excelencias: ¿Por qué vivo mi vida de la forma que lo hago?

 

Fiona

 

Por Fiona Troon

Miembro de la Orquesta Filarmónica de Santiago.

 

 

 

 

 

 

 

 

Puesta en escena

Es Enero del 2002, y tengo 24 años de edad. Soy una ambiciosa y atrevida joven estudiante de posgrado del Royal College of Music de Londres.Tengo un pasado con altibajos y he luchado con todo tipo de desafíos en la vida, sin embargo, estoy de pie. Soy inteligente, astuta, y fuerte, pero también soy sensible, creativa y vulnerable. Mi madre tiene cáncer de mama terminal. Mi padre alcohólico está acostado en una cama de hospital en el norte de Londres con cáncer de pulmón terminal. A finales de este mes, estará muerto. Tengo la suerte de tener un hermano mayor que goza de buena salud, y juntos estamos viviendo esta pesadilla. Es sólo el comienzo.

 

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Médicos descalzos

No estoy en busca de religión o de un mapa pre-designado por la vida, pero me encanta leer y tengo un interés algo inevitable en la curación, la meditación y la espiritualidad. Un día me encontré con un libro de un hombre que se hace llamar Barefoot Doctor (‘Doctor Descalzo‘). Estoy inmediatamente enganchada

Chile.

Ahora es diciembre de 2011 – casi diez años después – y tengo 34 años de edad. Vivo en Santiago, Chile, y trabajo en la Orquesta Filarmónica. Me encanta ser músico profesional. Estoy en una posición privilegiada para perseguir todo tipo de  intereses fuera del trabajo. Escribo música, y poesía. Entreno kickboxing. Medito.  Practico Reiki. Leo,  y viajo. Algunas personas me han preguntado por qué, y yo también me hice la misma pregunta. ¿Por qué elegir una profesión tan absorbente y luego optar por dedicarse a otras tantas fuera de ella que demandan el máximo de mí?

Las Cinco Excelencias

Barefoot Doctor habla de cinco excelencias en su libro, “Manual para héroes”, y compara cada una de forma individual con cada uno de los cinco elementos:

Tierra – Meditación.
Metal – Artes Marciales.
Fuego – Presentación
Madera – Composición / creatividad.
Agua – Curación

Él describe cómo la búsqueda de la excelencia en cada uno puede permitir el desarrollo personal y ofrecer numerosas herramientas de supervivencia en diversas situaciones. Explica las técnicas y beneficios de cada uno, y cómo se pueden apoyar de manera interdependiente entre sí. No es un líder religioso y yo no soy su sujeto. Pero creo que podría llevarnos a algo…

El Círculo Energético: Mis Cinco Excelencias y su interconexión.

Meditación: La Tierra

Me siento con las piernas cruzadas en el suelo donde quiera que me encuentre. Cierro los ojos. Respiro profundamente desde abajo del ombligo y poco a poco visualizo una conexión que surge entre los principales centros de energía de mi cuerpo. Cuento de manera constante en cada inhalación y exhalación  y permito a la respiración profundizar y alargarse. Siento que mi energía involuntariamente se expande como una sensación de hormigueo en los dedos de los pies, los brazos, y el vientre. Poco a poco se empuja hacia el exterior, envolviendome como un mundo discreto. Soy capaz de encontrar la paz dentro de mí y de emitir esta sensación como un radiador. Cuando salgo me siento equilibrada, llena de energía y centrada.

Artes Marciales: Metal

He tenido un largo día de práctica y  desempeño, y estoy estresada. O he estado escribiendo hasta tarde y mis ojos y mi cuerpo están cansados. Tal vez estoy harta de hacer frente a los desafíos emocionales de hoy. Acepto la dificultad, cambio, entreno. Sé que veré a mi entrenador pronto y tengo que trabajar en algunas combinaciones que me ha enseñado. Necesito estar en forma. Necesito liberar mi estrés, la ira y el dolor, y convertirlo en algo constructivo. Me estiro,  hago algo de cardio, combinaciones de trabajo, entrar en la bolsa,  re-combinaciones de trabajo, analizar mi técnica, repetir una y otra vez, enfocarse, visualizar, y sudar. Sé que estoy aprendiendo una disciplina y que siempre debo esforzarme para ser mejor. Ser músico me ha dado las herramientas para hacerlo. La práctica de las artes marciales mantiene mi cuerpo fuerte, mis sentidos afilados,  mi mente enfocada, y mi espíritu a tierra. Esto mejora cada aspecto de mi trabajo musical y el rendimiento. La meditación me da la paciencia, concentración y conciencia de la energía en esas dos disciplinas.

Músico profesional: Fuego

Es la parte más concurrida de la temporada y la orquesta está tocando música atrevida y llena de emociones. Estoy en el teatro todos los días preparandome, al igual que muchos otros. Como contrafagotista,  soy el bajo de la sección de viento, y también tengo el doble en el fagot. Es esencial que mantenga mi técnica en ambos instrumentos. Así que práctico religiosamente, asegurandome que pueda hacerlo siempre bien. Me canso  físicamente, pero soy capaz de soportarlo, ya que mi entrenamiento en artes marciales mantiene el cuerpo fuerte y resistente.Durante los momentos de estrés en el trabajo, la meditación me da la perspectiva y la paciencia que necesito encontrar a través del camino. Ambas prácticas me permitien centrarme antes de una actuación, y esto a su vez me permite dar lo mejor de mi. Prospero en la auto-disciplina, la responsabilidad individual, la auto-expresión, el trabajo en equipo y la adrenalina que me da una presentación. Llego a jugar y maravillarme con la increible música escrita por genios. Esto inspira a mi creatividad y me dan ganas de escribir.

Creatividad: Madera

Tengo una preocupación desde siempre con el ritmo y el sonido. Siento que las palabras y la música son más o menos lo mismo. Me gusta analizar las relaciones sociales y los conceptos emocionales y reproducirlos en palabras. Me encanta la forma en que las palabras se pueden juntar para comunicar el significado en una forma que tiene una estructura inherente. Las palabras se despliegan en mi cabeza y en la página. Es como un sueño despierto, y una vez que empiezo, no puedo parar hasta que termino. O tengo una melodía, un riff, o una estructura en mi cabeza y tengo que bajarla. Así que tomo mi computador y escribo, o bien  me voy al piano y toco. Es tan natural y satisfactorio. Realmente me agarra así que las horas pasan y yo ni siquiera lo he notado. Mis procesos mentales tienen la claridad de la meditación y esto me ayuda a ser concisa en mi trabajo. El rendimiento me enseña sobre todos los aspectos de la música y esto me inspira para componer. Mi vida está ocupada y fascinante, así que tengo que ponerlo en palabras. Las artes marciales me permiten controlar mis emociones, entonces, cuando soy creativa, tengo auto-conocimiento y comprensión. La creatividad me permite poner la estructura en el mundo que me rodea y participar en un diálogo de la subjetividad versus la objetividad.

Curación: El agua

Después de todas mis otras actividades, necesito algo de tiempo para practicar un poco de auto-sanación. Esto me permite afrontar cada nuevo reto recargada, y con mayor conciencia de mi misma.
También soy capaz de ayudar a otros a sanar. Puedo enviar la curación en la meditación o entregarla en una sesión de práctica. Mis manos se calientan y  la energía llega a través de mí como si yo fuera un receptor. Es una sensación maravillosa, cálida. Me hace feliz ser capaz de compartir una profunda sensación de bienestar con otra persona y, al hacerlo, recibir un poco de energía buena a para mi también. Es gratificante que me inviten a acompañar a otro ser humano en su proceso personal. Lo que sea que experimenten – una colorida, psicodélica, una liberación emocional expresada en lágrimas, o simplemente una cálida y tranquila sensación de paz – ambos ganamos en experiencia. Aprender a practicar la curación me ha dado un sentido más profundo de conexión con el mundo que me rodea, y la empatía hacia la vida y los desafíos de los demás como los míos propios. Esto me da más inspiración para entablar un diálogo creativo. Complementa la meditación manteniendome en contacto con mi espíritu, y aumenta mi comprensión y conciencia de la energía para ayudarme en mi entrenamiento en las artes marciales. Las tres disciplinas me dan una nueva perspectiva de la actuación en la orquesta como un fenómeno energético, y ayudan a aumentar mi sensibilidad al sonido.

Mi Outro.

Estas son mis cinco excelencias. Ellas me proporcionan un círculo infinito de la energía que me mantiene viva y feliz. Me permitirán luchar constantemente para mejorar física, emocional, psicológica, social y profesionalmente. Ellas me mantienen ocupada e informada para que no caer en cualquiera de las trampas de la sociedad moderna, como drogas, alcohol o a largo plazo relaciones disfuncionales.Ellas me mantienen con respeto y admiración del mundo, como un niño pequeño, ya que cada día aprendo más acerca de las interconexiones entre toda la vida. Por último, me dan una amplia gama de opciones para la supervivencia y el progreso donde quiera que esté.

Excelencia.

Cada una de mis cinco excelencias me nutre en un intercambio de dar y recibir energía. Este cambio refleja muy bien el diálogo humano fundamental entre el individuo y el mundo exterior. La verdadera excelencia no radica en la consecución de cualquier objetivo externo, sino en entregarse a sí mismo en el proceso de su búsqueda. Si somos capaces de abrirnos a este proceso universal que hace de espejo a nuestra humanidad, nuestra verdadera naturaleza, las recompensas pueden ser  múltiples y profundas.

Why I live my Life the way I Do? 

Setting the scene.

It’s January 2002 and I am 24 years old. I am a driven and ambitious young postgraduate student at the Royal College of Music in London. I have a chequered past and I have wrestled with all sorts of life challenges, but I am still standing. I am intelligent, shrewd and strong, but I am also sensitive, creative and vulnerable. My mother has terminal breast cancer. My alcoholic father is lying in a hospital bed in North London with terminal lung cancer. By the end of this month, he will be dead. I am fortunate enough to have a healthy older brother, and we are living this nightmare together. This part of it has only just begun.
By Fiona Troon

Barefoot Doctor.

I’m not looking for religion or a pre-designated map for life, but I love reading and I have a somewhat inevitable interest in healing, meditation and spirituality.  One day I come across a book by a guy who calls himself Barefoot Doctor. I am instantly hooked.

Chile.

It’s now December 2011 – almost ten years later – and I am 34 years old. I live in Santiago, Chile and I work in the Orquesta Filarmonica. I love being a professional musician. I am also in the very privileged position of being able to pursue all sorts of other interests outside of my work. I write music and poetry. I train in kickboxing. I meditate. I practise Reiki. I read and I travel. Some people have asked me why, and I have also asked myself the same question. Why choose such an engrossing profession and then also choose to pursue so many other interests outside of it that demand the utmost of me?

The Five Excellences.

Barefoot Doctor speaks of five excellences in his book “Handbook for Heroes,” and matches them each individually with one of five elements:
Earth –  Meditation.
Metal – Martial Arts.
Fire –    Presentation
Wood – Composition/creativity.
Water – Healing
He describes how the pursuit of each excellence can enable self-development and provide numerous survival tools in a multitude of human situations. He explains the techniques and benefits of each, and how they can interdependently support each other. He is not a religious leader and I am not his subject. But I reckon he might be on to something…

The Energetic Circle: My Five Excellences and their Interconnection:

Meditation: Earth

I sit cross-legged on the floor wherever I may be. I close my eyes. I breathe deeply from below my belly button and I slowly visualise a connection arising between all the main energy centres in my body. I count steadily on each inhalation and exhalation and allow the breath to deepen and lengthen. I feel my energy involuntarily expand as a tingling sensation in my toes, arms and belly. It gradually pushes outwards, surrounding me like an inconspicuous globe. I am able to find peace within myself and to emit this sensation like a radiator. When I emerge I feel centred, full of energy and focused.

Martial Arts: Metal

I’ve had a long day of practise and performance and I’m stressed. Or I’ve been up late writing and my eyes and body are tired. Perhaps I’m tired of facing today’s emotional challenges. I bite the bullet, get changed and get training. I know that I’m seeing my trainer soon and I need to work on some combinations that he has taught me. I need to get fit. I need to release my stress, anger and pain and make it into something constructive. I stretch, shadow box-some basics, do some cardio, work combinations, get on the bag, re-work combinations, analyse my technique, repeat over and over again, focusing, visualising and working up a sweat. I know that I am learning a discipline and that I must always strive to be better. Being a musician has given me the tools to do that. Practising martial arts keeps my body strong, my senses sharp, my mind focused and my spirit grounded. This enhances every aspect of my musical practise and performance. Meditation gives me patience, focus and awareness of energy in both of those disciplines.

Professional Musician: Fire

It’s the busiest part of the season and the orchestra is playing challenging and emotionally charged music. I am at the theatre every day preparing, as are many others. As the contrabassoonist I am the bass of the woodwind section, and I also have to double on the bassoon. It is essential that I keep up my technique on both instruments. So I practise religiously, ensuring that I can produce the goods every single time. I get physically tired but I am able to withstand it because my martial arts training keeps my body strong and resilient. During stressful times at work, meditation gives me the perspective and patience I need to find my way through. Both of these practises enable me to centre myself before a performance, and this in turn enables me to give my best. I thrive on the self-discipline, individual responsibility, self-expression, teamwork and adrenalin that performing gives me. I get to play and marvel at unbelievable music written by geniuses. This inspires my creativity and makes me want to write.

Creativity: Wood

I have a lifelong preoccupation with rhythm and sound. I feel that words and music are pretty much the same thing. I like to analyse social relationships and emotional concepts and reproduce them in words. I love the way that words can be put together to communicate meaning in a way that has inherent structure. The words unfold in my head and onto the page. It’s like a waking dream and once I start, I can’t stop until it’s done. Or I have a melody, a riff or a structure in my head and I have to get it down. So I get on my computer and write, or I get onto the piano and I play. It’s so natural and so satisfying. It fully engages me so that hours pass and I haven’t even noticed. My mental processes have clarity from meditation and this helps me to be concise in my work. Performance teaches me about all aspects of music and this inspires me to compose. My life is busy and fascinating so I have to put it down in words. Martial arts enable me to control my emotions so that when I am creative, I have self-knowledge and insight. Creativity enables me to put structure onto the world around me and engage in a dialogue of subjectivity versus objectivity.
 

HealingWater

After all my other activities, I need some time to practise some self-healing. This enables me to face each new challenge recharged, and with greater self-awareness.
I am also able to help others heal. I can send healing in meditation or give it in a hands-on session. My hands heat up and the energy comes through me as if I am a receptor. It’s a wonderful, warm feeling. It makes me happy that I am able to share a profound sense of wellbeing to another person and in doing so, receive some good energy myself. It’s rewarding and humbling that I am invited in to accompany another human being in their personal process for a short while. Whatever they experience – a colourful, psychedelic high, an emotional release expressed in tears, or just a warm and rested sense of peace – we both gain from the experience. Learning to practise healing has given me a deeper sense of connection with the world around me, and empathy towards other people’s life challenges as well as my own. This gives me more inspiration to engage in creative dialogue. It complements meditation by keeping me in touch with my spirit, and increases my understanding and awareness of energy to assist me in my martial arts training. All three of these disciplines give me a fresh perspective on orchestral performance as an energetic phenomenon, and help to heighten my sensitivity to sound.

My Outro.

These are my five excellences. They provide me with an infinite circle of energy that keeps me alive and happy. They enable me to strive to constantly better myself physically, emotionally, psychologically, socially and professionally. They keep me occupied and informed so that I don’t fall in to any of the traps of modern society, like compulsive drug or alcohol use or long-term dysfunctional relationships. They keep me in awe of the world like a small child, as every day I learn more about the interconnections between all of life. Finally, they give me a broad range of options for survival and progress wherever I may be.

Excellence.

Every one of my five excellences nourishes me in an exchange of giving and receiving energy. This exchange beautifully mirrors the fundamental human dialogue between the individual and the world outside. The true excellence lies not in the attainment of any external goal, but in surrendering oneself to the process of its pursuit. If we can open ourselves to this universal process it mirrors back our humanity, our true nature, to us and the rewards can be profound and manifold.
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