Archivo de la categoría: Poesía

Despiértate, niño (Discurso de cuna)

JT

 

Por Joaquín Trujillo Silva

 

Abogado. Investigador en Centro de Estudios Públicos (CEP). Académico en la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile.

 

 

 

 

 

 

Despiértate, niño

(Discurso de cuna)

 

 

No te quedes dormido, niño

que puede madurar tu corazón,

hacerte como el rey puesto

al niño muerto

que va con su sombra de la mano.

No es fácil dormir entre altares

de dioses que no creen

en tu tristeza ni tu alegría.

 

Por eso,

quédate despierto

los ojos más abiertos

como el búho en su sabio contar,

Juega y escápate

al caos de la noche

donde todo está más claro

bajo el orden de la luna.

 

Y si gobiernan las nubes,

que te moje la lluvia

y te seque el alba

como a insectos verdes.

Y por sobre todo, en sueños o despierto,

grita,

grita tanto

para que nadie duerma

nunca más.

 

 

 

 

 

 

Anuncios

EDUCACIÓN PÚBLICA (Desfile)

JoaquinPor Joaquín Trujillo Silva 

Escritor, abogado y profesor en la Universidad de Chile. Ha publicado teatro, poesía y ensayo.

 

 

 

 

 

 

Van niños morenos

camisas blancas

guantes blancos

niñas de cabellos

remojados en linaza

estirados por cintas

más blancas

que las nieves de fondo

Escuadrón del club

de huasos a caballo

trotando sobre alfileres

Banda de bronces

y percusiones

bloquea el callejón

El kinder y el prekinder

circulan de la mano

Brigada del tránsito

con brazaletes azules

las piochas azules

del tránsito en carmesí

correas amarillas

hebillas doradas

y oxidadas

Cruz roja internacional

de niñas como de primera

comunión enfermeras

mancha de sangre

en cruz cual la marca

dejada por vacuna

Acacias forrajeras

podadas

al límite de la muerte

troncos pintados

hasta el esternón

Profesores públicos

en sus galas

como duques pobres

marcan el paso

a mil redobles de pasos

Apoderados al margen

con las manos ocupadas

por disfraces del teatro

disuelto en ovación

Mundo atrás por la marcha

se remueve paulatina

como un río sin pendiente

Estandartes elevados

autoridades que saludan

al sol bajo el sol

sin sombras protectoras

 

Un jeep se abre camino

rompe las filas

discretamente maniobra

se dispersa la brigada

se divide la cruz roja

se retrasa el sexto básico

el prekinder grita

rezagado queda un niño

marcando el paso

aislado contra el motor

Y redoble de tambores

recompónese el desfile

avanzan los caballos

y el auto desaparece

con sus bicicletas

invertidas sobre el techo

asi tal si buscasen

la gravedad de otro planeta.

SONETO DEL TEMOR

Joaquin

Joaquín Trujillo Silva

Por Joaquín Trujillo Silva

Escritor, abogado y profesor en la Universidad de Chile. Ha publicado teatro, poesía y ensayo.

 

 

 

 

 

 

 

Bienvenidos al nos temor de cada día.
Nosotros, que ya no somos ninguna rosa,
recibimos con pétalos de cortesía
a quienes vieron en botón abrirse fosa.

Supisteis con una lección que es un demonio
el que os cuida del diablo y que es, por tanto, idiota
así olvidarse pues, de ángeles custodios,
besar cabros malos cual madre pretenciosa.

Siempre todos fuimos de un mismo coro niños,
malheridos por viejos conceptos de griegos.
La cámara se impregna de aroma de flores

y bajo la apertura de cielo prohibido
el toro gime como un dios contra los pliegos
y el rojo emerge de entre tantos ruiseñores.

Cimiento o el perro y el gato

Joaquin

Joaquín Trujillo Silva

 

 

Por Joaquín Trujillo Silva 

Escritor, abogado y profesor en la Universidad de Chile. Ha publicado teatro, poesía y ensayo.

 

 

 

 

 
¿Padre, qué hacen todavía aquí
el gato y perro
cuando tantos animales
cazados antes de las lluvias
han vuelto a sus alcobas
y jardines en la tierra,
a pesar que el lodo
aun no seca y las pozas
de agua son como mares?

El león volvió a sus grutas,
el lobo a sus estepas,
las aves a sus aires y ramas,
los caballos a sus pastizales,
los zorros a sus montañas.

¿Por qué insisten en quedarse,
no abandonan el arca
y tú, yo y mis hermanos
debemos alimentarlos
como a dioses falsos
o a muertos verdaderos?

He puesto carnadas
más allá del arca
para que la dejen,
pero vuelven
a dormir y buscan
la caricia que el hombre
les da como si fuese mujer.

Se odian entre sí pero,
pero están dispuestos
a verse cada día
en el mismo recinto
del pesebre
que la misma agua destructora
acercó a los cielos.

Se quedan y el arca
no podemos dejar atrás,
a ella volvemos
porque ellos
se alegran tanto,
el uno bailando,
el otro más quieto.

Debimos dejarlos morir
entre las aguas
como a tantos monstruos
del viejo peligro.
Ninguno pensó
que el perro y el gato
nos harían fijar
el arca sobre la tierra.