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CAMINANDO POR FOTOGRAMAS ANIMADOS

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                         Por Ernesto León Moreira

                                 Director y Animador

 

 

 

 

 

 

 

 

Creo que las mejores ideas del hombre provienen del baño, por lo menos para mí, el retrete siempre ha sido mi musa eterna. Inmerso en un placentero silencio, concentrado y haciendo mi último esfuerzo proveniente de lo más hondo de mis intestinos, pensaba en lo mucho que anhelaba hacer algún día una película animada (o al menos tener la oportunidad). Aquella pregunta me bombardeó mentalmente y, mientras terminaba de hacer aquel deber privado, salí con mucho exalto, (amablemente) hablé con mi jefa y de esa forma renuncié a mi trabajo como Analista de Sistemas.

El año 2013 ingresé a la Universidad para estudiar Animación Digital.

Amante del humor absurdo e influenciado por películas de Satoshi Kon o series de Shinichiro Watanabe, siempre mi motivación fue contar historias serias con tinte adulto por medio de dibujos, ya que el contraste mismo me fascinaba. Con tan solo ver una surreal caricatura preocuparse por temas similares a los nuestros y no burlarse directamente de los mismos, era algo que me motivaba abordar.

En la universidad se  nos pidió crear un cortometraje de diagnóstico de menos de un minuto. – ¿Un minuto? – me dije – ¿No será muy poco? -.  En ese momento (inocentemente) me acerqué a mi profesor y cuestioné la duración máxima… ¡yo quería hacer más!.

Mi profesor advirtió el desgaste que es animar cinco segundos de animación (piensen que cada segundo de animación son doce o veinticuatro dibujos nuevos en promedio), por lo que me aconsejó e insistió en no realizar algo más largo que lo indicado.

 A pesar que mi profesor tenía razón, agradecí no oírlo.

Inmerso en la tranquilidad del baño, pensaba en qué trataría mi primera historia, fue entonces cuando recordé las palabras de mi hermana pequeña, Leonora León, que me hablaba de lo triste que era ver pescaditos ahogarse en el bote de algún pescador y como su asesino no les disparaba para apresurar su agónica muerte.

“Sin pescados no hay amor” fue mi primer cortometraje (el link para visualizarlo está abajo).  Un trabajo de dos minutos de humor absurdo, con dibujos sencillos, pero funcional y entretenido.

https://vimeo.com/144693571

Ese mismo año se nos pidió realizar dos cortometrajes más, de dos minutos máximo de duración. Motivado por mi primer resultado, quise contar historias más extensas.

“Años por segundo” fue mi siguiente cortometraje, que aborda la vida y muerte de una pequeña gota de agua en constante precipitación y “La nota muda”, historia que trata del azar de un hombre sordo devenido en pianista.

Ambos cortometrajes tuvieron la suerte de ser seleccioandos en múltiples festivales nacionales y extranjeros, mencionando “El festival de cine de la Habana”, “Expotoons argentina”, “Chilemonos”, “Feclac” “Ficil Bio-Bio”, “Festival Lapacho Argentina”, “Fenacies Uruguay”, “Mica Film festival Brasil”, “Festival del cine Chileno”, etc…

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El resultado de aquellos cortometrajes me hizo reflexionar sobre la “facilidad” que disponemos hoy “la gente común” para hacer cine animado. En mi caso, con pasión y mucha motivación conseguí crear dos cintas que lograron salir y mostrarse en otros lugares. ¡Las herramientas ya las tenemos y están disponibles!. (sólo necesitas un computador).

El año 2014, mi segundo año de animación, se nos dio a cada uno de los estudiantes un año completo para crear un cortometraje. Al haber realizado un relato de humor absurdo y dos dramas, quise probar con algo más denso, realista y trágico.

Sin estar seguro específicamente que quería contar esta vez, decidí indagar temas bélicos y a través de muncha búsqueda, logré toparme con una imagen desgarradora de un niño apuntando con un AK-47 con un pequeño peluche colgando en su espalda.

Aquella famosa imagen me provocó el contraste inmediato, ya que mostraba a  un pequeño muchacho convertido en herramienta de guerra, pero al mismo tiempo conservando lo poco que le quedaba de niñéz con el osito de peluche a cuestas.

“Raíces de pólvora”, fue uno de las narraciones más difíciles que tuve que desarrollar como estudiante, ya que al ser un cortometraje coral, debí relatar la historia de dos niños protagónicos, mostrando paralelamente como son víctimas de aquel sistema bélico, el cual  desvanece poco a poco su inocencia, hasta ser convertidos, finalmente, en niños soldado.

“Raíces de pólvora”, fue mi primer cortometraje seleccionado en ganar un festival de cine, siendo “El festival de cine de la Universidad de Santiago” quién me otorgó aquel logro, quedando también seleccionado en otros festivales, como “Noida Internation Film Festival” (India), Festival de Cine de la Habana (Cuba), Festival de cine del Bío Bío (Chile), Festival de cine del Cajón del Maipo y Chilemonos (Chile).

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Gracias a aquellas selecciones en festivales, la Universidad Mayor me dejó trabajar, en mi último año como estudiante, en un proyecto como Director general.

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Motivado con la ciencia ficción, desarrollé, con un equipo, el teaser trailer de una serie animada adulta llamada “Back Sun-Day”. Por el momento, no puedo comentar de qué trata específicamente, pero si puedo dejar el teaser para quién quiera verlo:

https://youtu.be/KZVQQN_CfWA

Actualmente, me encuentro en período de titulación, realizando un cortometraje coral como Director y con Valentina Suazo como directora de arte. Este nuevo cortometraje es coral, ya que aborda tres protagonistas distintos, y además separados en tiempo y espacio, unidos únicamente por un solo objeto que estará presente en las tres épocas de cada uno. “Los alas grises” es un cortometraje animado, con el cual pretendemos llegar a más festivales, y si es posible, relatar una historia que encante y haga empatizar al espectador con aquellos tres personajes hasta el final.

 

 

 

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UN TREN HACIA EL RENACIMIENTO

Por Paloma Olivares 

Periodista. Universidad Católica de Chile


Cartel_Tren_de_noche_a_Lisboa_05De los estrenos del año pasado, “Tren nocturno a Lisboa” apenas hizo ruido en la taquilla chilena. Con el objetivo de rescatar cintas que muevan nuestros sentidos y que valga la pena descubrir, más allá de la calificación positiva o negativa que podamos hacer, en esta edición recomiendo la última película del director danés Bille August.

“Sólo gracias a la muerte, el tiempo es algo vivo” dice el joven Amadeu de Prado durante su graduación frente a los conservadores apoderados de su colegio en Lisboa. Esa frase sale de los labios del aguerrido e intelectual personaje ambientado a fines de los ‘50, mientras la ceguera del profesor Raimond Gregorius (Jeremy Irons), se aclara para que él se de cuenta que su vida estaba muerta en la época actual.

La trama se basa en el cambio de vida de este profesor de latín, quien tras salvarle la vida a una joven que pretende suicidarse en un puente en Berna, Suiza, recibe el único libro publicado por Amadeu de Prado, médico que colaboró con la resistencia durante la dictadura de Salazar en Portugal. Al bajarse del tren en Lisboa, Raimond finamente comienza a dejarse a llevar por una historia que salvara su propia vida para siempre. El libro “El orfebre de las palabras” del joven y guapo médico Amadeu de Prado, interpretado por Jack Huston, plasma toda la inquietud reflexiva de una vida que no le pertenece, con palabras y frases que nos hacen reflexionar sobre nuestros propios pensamientos.

A través de racontos, Bille August le pone rostro y ambientación a la aclamada novela homónima del suizo Pascal Mercier. Entre luces y sombras, que generan los dos países donde se rodó la película: Suiza y Portugal, August cuenta estas dos historias, las que se entrelazan gracias al existencialismo tímido que une a un profesor tan poco tibio como un sol de invierno, con el existencialismo intelectual y revolucionario de un médico que encuentra el amor junto a la fuerza que le da la razón de actuar contra la represión de una dictadura. La belleza se la da la maravillosa música de la compositora alemana Annette Focks y la luz que traspasa las angostas calles de Lisboa.

Las primeras escenas de esta película están cargadas de una pesada y gris melancolía; melancolía por algo que no se conoce, que ni siquiera se identifica, por lo tanto no alcanza a ser un anhelo. Una melancolía tan abúlica como los movimientos del protagonista, quien por una causa desconocida e impensada, salta del puente del aburrimiento al río profundo de una nueva vida. Al llegar al sol de Lisboa, Raimond rompe sus gruesos anteojos, lo que lo lleva a conocer a una oftalmóloga que junto con hacerle lentes nuevos, poco a poco le ofrece una nueva mirada. El profesor se introduce en la historia de un grupo de jóvenes revolucionarios de la década de los ’60 y al mismo tiempo, escudriña entre la vida de Amadeu de Prado, quien, como Raimond menciona en la película, “habla de todo lo que le ha atormentado siempre”.

Con potentes personajes, August muestra la soledad de una familia aristócrata donde nace el inconformismo de Amadeu y la dependencia emocional, casi enferma, de su hermana Adriana. El resentimiento social de Jorge O’Kelly, interpretado en su juventud por August Diehl y en la vejes por Bruno Ganz, que explota en envidia cuando la mujer que ama, la bella y seria Estefanía, se enamora de Amadeu rompiendo una amistad de toda la vida.

Al plantearse el cuestionamiento principal, al final de la última escena, la melancolía que evoca esta cinta se transforma en esperanza. El tren a Lisboa, aunque sea de noche, es una vía al renacimiento que siempre para bien, nos invita a cambiar la monotonía de nuestros días.

Título original: Night Train to Lisbon

Año: 2013

País: Alemania

Director: Bille August

Guión: Ulrich Herrmann, Greg Latter (Novela: Pascal Mercier)

Música: Annette Focks

http://www.nighttrain-film.com/