EL TEATRO Y LOS NIÑOS

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Por Rosa Quinteros Ochoa

Profesora en el Colegio Alemán de Santiago (DS)

 

 

 

 

 

 

 

“Creo que, en una gran ciudad, o incluso en una pequeña ciudad o un pueblo, un gran teatro es el signo exterior y visible de una interior y probable cultura”

                                                                                                    Sir Laurence Oliver

 

El teatro es el gimnasio de nuestra imaginación. No es de extrañar entonces que en dicha arena, los niños sean grandes representantes.

Hace un tiempo atrás comencé un taller de teatro en el Colegio Alemán de Santiago, sede Vitacura. Con cierta incertidumbre respecto a su resultado, mas con infinitas ansias de probar algo nuevo.

Grande fue mi sorpresa, cuando me enteré que el taller había llenado todos los cupos; los niños se motivaron inmediatamente, ofreciéndose a cooperar en todo lo que fuese necesario desde la primera sesión. De igual modo, indispensable fue el apoyo del Colegio, que facilitó todos medios y dispuso la mayor ayuda posible. Así fue entonces como preparamos nuestra primera obra, “Looking for Mr. Papadopoulos” basada en la obra de teatro “Nadie puede saberlo”, de Enrique Bunster.

Uno de los aspectos que me maravilla del teatro, es que existe la posibilidad de salir brevemente de nuestra estructura. Cuando somos adultos,  ello resulta mucho más difícil (vaya que necesitamos teatro); cuando somos niños, si bien existe mayor espontaneidad, comenzamos ya a adquirir el temor a equivocarnos y hacer un poco el ridículo. He ahí donde radica precisamente el encanto: el teatro nos permite esa libertad. Nos permite utilizar aspectos dormidos de nuestras capacidades. Es un ejercicio de mejora constante para la personalidad.

Recuerdo a algunos de mis alumnos que eran más tímidos: sorprendieron tanto a los apoderados como a algunos profesores con su ímpetu en el escenario. Al terminar la obra, sonreían satisfechos por haber vivido una experiencia que en mucho de los casos, les significó enfrentarse a sus propios temores con la dificultad, además, de ser una obra de teatro desarrollada en idioma inglés.

El teatro, de igual modo, une. En el escenario se juntan todos aquellos que quieran ser parte y cooperar. Desde él o la más popular, hasta él o la más introvertido/a. Hay una sana convivencia que se extiende más allá del término de la obra. Se extiende a la sala de clases. Se extiende a la familia. Se extiende a la vida en sociedad.

Es sumamente relevante que este tipo de actividades sean aplaudidas y apoyadas por los Colegios. Ello permite, aparte de las estructuras básicas de educación, complementar con actividades que constituyen verdaderas herramientas para el desenvolvimiento de nuestros niños en sociedad, enseñándoles a pulir sus personalidades y también, a que de vez en cuando es necesario reírse un poco de uno mismo.

Parafraseando a Chaplin, al final, todos somos aficionados. Vale la pena ante nuestros miedos y fracasos, como dijera Beckett, intentarlo, caerse, reírse, intentarlo nuevamente y volver a levantarse.

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