I DO CARE

 

arist

                 Por Jaime Andrés Valladares

 

 

“Nada importa realmente, cualquiera puede darse cuenta, nada es realmente importante para mí”

– Bohemian Rhapsody / Queen

 

 

 

 

 

Otro de los aspectos que evidenció recientemente la encuesta CEP, fue la falta de politización de nuestra sociedad. A la pregunta, “¿Conversa en familia sobre política?”, un 9% respondió, ‘frecuentemente’; un 31%, ‘a veces’ y un 60%, ‘nunca’. De igual modo, respecto a la pregunta “¿Sigue temas políticos en redes sociales como Facebook, Twitter?”, un 9%, respondió, ‘frecuentemente’; un 17%, ‘a veces’ y un 73%, ‘nunca’. Dato curioso este último tratándose de redes sociales, dónde el flujo de información y nivel de participación es considerablemente elevado en nuestro país.

Enumerar y escudriñar cuales son las razones de esta falta de politización en nuestra sociedad, sin lugar a dudas da para numerosos estudios, no obstante, podemos elucubrar cuál es la importancia práctica de la política.

La sociedad como tal, está compuesta de un sinnúmero de relaciones interindividuales. Aristóteles señalaba que el ser humano es por definición un ser social  (zoon koinonikón) y político (zoon politikón), como consecuencia, tiende a asociarse junto a otros seres humanos formando comunidades y participando activamente en la organización de las mismas. Mas la vida en sociedad no está exenta de conflictos; el conflicto está latente permanentemente en cada una de las situaciones diarias que enfrentamos en sociedad. Para resolver estos conflictos de forma pacífica, debemos necesariamente argumentar; debatir y encontrar puntos de encuentro, de otro modo, la asociación entre personas cuyos pensamientos y opiniones son dispares se tornaría insostenible. He ahí, precisamente, una de las funciones prácticas de la política.

Y es que a lo largo del tiempo, hemos asociado la política a candidatos y partidos políticos propiamente tales, no obstante, estas son esferas o dimensiones de Lo Político. Para ilustrar con un ejemplo. Si en nuestro vecindario durante una junta de vecinos un miembro de la comunidad argumenta que la cuota para la celebración navideña de este año es muy alta en comparación a la del año anterior, otro miembro de dicha comunidad podría rebatir dicho argumento indicando que, si bien es cierto que la cuota es más elevada este año, ello se debe a que se requiere mayor grado de ornamentación. Y un tercer miembro de la comunidad, en tanto, podría señalar que la cuota no le parece elevada, pero en vez de centrarse en la ornamentación, es más relevante centrarse en la comida. Y se genera entonces un conflicto. Para resolver este conflicto, si actúan racionalmente, someterán a votación el aumento o no de cuota y la finalidad última que se le otorgará a esta. Si no resuelven sus discrepancias, este año no tendrán celebración de navidad. He ahí una dimensión de lo político.

En ese sentido, la política nos sirve como mecanismo, en tanto seres racionales y autónomos, para responsabilizarnos e inmiscuirnos en el acontecer social. Tal vez, sea necesario concientizar sobre la existencia de otras dimensiones de lo político; posiblemente, ante futuras preguntas que pretendan determinar el nivel de politización de una sociedad en encuestas venideras, el porcentaje de participación en la actividad política vaya in crescendo.

Cabe recordar las palabras del escritor español Vicenç Villatoro “(…) nos encontramos de golpe con que la persona que ha hecho pública su visión de lo colectivo, el militante, el cargo electo, el diputado, incluso el opinador que se moja con su palabra pública, se convierte en sospechoso y parece que para ciertas funciones sociales importantes añoramos al apolítico incoloro, inodoro e insípido que hace unos años convenimos que no existía. Algo hemos hecho mal, todos juntos, a lo largo de estos años, para llegar aquí. Algo hemos hecho mal si llegamos a una situación en la que castigamos a quien se compromete y a quien opina, en favor del que no se compromete y calla. Algo hemos hecho mal si la participación en la política activa, la militancia, el cargo electo o representativo se convierte en un estigma personal que lo borra todo y no se borra con nada. Porque un modelo de este tipo, si llegáramos a él, representaría graves problemas de concepto (…)”.

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