DE CÓMO PERDIMOS NUESTROS TESOROS

Por Leonor Quinteros

Socióloga. Ex directora regional del Sernam.
* Reflexión sobre la película “La lección de pintura” de Pablo Perelman

 

 

 

 

La palabra “símbolo” proviene del griego, Symballein. Significa lanzar juntos, reunir, congregar. Su antónimo griego significa lo contrario: lo diabólico, lanzar lejos, separar.

Muchos pensadores y pensadoras han relacionado al ser humano con su creatividad simbólica. Esto es, la capacidad de aprehender la realidad a través de la transmisión de formas simbólicas; cuestión que llevó a G. Mead a pensar que los seres humanos somos, naturalmente, animales simbólicos. Somos animales simbólicos porque actuamos por sentido y significado en comunidad. Lo que hacemos en sociedad, todo lo que hacemos, incluyendo nuestros gestos, son símbolos, cargados de sentido y significado. Y es este sentido el que nos acerca y nos brinda conocimiento sobre la experiencia cotidiana inmediata.

Los símbolos nos unen en un mundo que está en constante vaivén entre los sagrado y lo profano, entre lo divino y lo tocable y besable. Los símbolos cubren huecos y quiebres que deja el desorden y la falta de comprensión en un mundo violento, cambiante, resbaladizo y tozudo.

Los amantes se acuerdan de su experiencia amorosa cuando escuchan una canción. Una paloma blanca es símbolo de paz, una bandera es símbolo de frontera. No importa cuan lejos estemos, no importa si pensamos cosas diferentes, no importa si soñamos un futuro diferente. Los grupos humanos se unen bajo los símbolos, cuando le dan su propio sentido a partir de su propia experiencia de vida.

Y ahora pienso que, quizás, todavía estamos inmersos en huecos y quiebres que cargamos desde el golpe de Estado de 1973. Quizás necesitamos construir símbolos que nos unan para entender lo que nos pasó como comunidad en aquel momento histórico. Quizás necesitamos crear símbolos para poder invitar a otras personas, sin importar su origen o forma de pensar, de entender la cruda realidad vivida tras el golpe, porque lo simbólico une.

Pero, ¿cómo construir símbolos?. El arte ofrece esa posibilidad a través de procesos creativos e intuitivos. La expresión artística tiene el poder de develar verdades para el que recibe la obra de arte, en este caso, el receptor, a través del singular fenómeno intuitivo que se da en la conciencia de quien la contempla. Si bien toda recepción estética está marcada por lo que el receptor espera de ella, lo expresado artísticamente, paradojalmente, no necesariamente es explícito y puede permanecer, incluso oculto.

Por ejemplo, la poesía no sólo es creación artística. También nombra y da vida a las cosas existentes. Por lo tanto, la poesía es parte de la visión de mundo no sólo existente, sino también, interpreta casi proféticamente nuevas visiones de mundo. La poesía es también un medio de transmisión de verdad, pero no una de carácter doctrinario, sino aquella que es vivencia y experiencia.

Es por esta razón que el arte nos ofrece la posibilidad de conocer la verdad sobre nosotros mismos y del mundo que nos rodea. El arte puede configurarse como contestatario y rebelde. No quiere aceptar la inmodificabilidad de la historia oficial, es decir, como un destino natural. No existe manera más intuitiva y revolucionaria que hacer política a través del arte. Las pruebas abundan, en la música, el canto, la poesía, la pintura, y también, el cine.

A diferencia de otras propuestas cinematográficas sobre el golpe de Estado en Chile, “La Lección de Pintura” nos ofrece por primera vez la posibilidad de entender simbólicamente el golpe de Estado y sus consecuencias. La postura política rebelde está presente en la cinematografía chilena, desde hace mucho tiempo. Se recurre, generalmente, a presentar la así llamada “realidad misma,” o, con más exactitud, a la “cruda realidad”: tortura, lugares de detención, cárceles, ostracismo e imágenes y relatos diversos contados por los propios protagonistas. ¿Pero es esa la realidad? La realidad humana colectiva es una construcción social, y por lo tanto, necesita, exige y demanda símbolos. ¿Qué símbolos hemos construido? ¿Estos símbolos, han ayudado a unirnos, tal como lo propone el symballein? ¿Hemos dado un paso hacia la universalización de nuestra experiencia?

A pesar que el Leitmotiv de la película no es el ostracismo, pude conectar mi propia experiencia de vida con el relato y los símbolos creados, en verdad, magistralmente por su director. Ni siquiera se menciona en la obra la palabra “exilio”; sin embargo, yo vi claramente mi propia historia personal, mi infancia y desarraigo tras el exilio. “La Lección de Pintura” de Pablo toca las fibras ocultas de la violencia de Estado que personalmente sufrí junto a mi familia desde muy pequeña. Me di cuenta que yo también desaparecí ese día en que me subieron al avión, engañada, y me separaron por siempre de mis abuelos, abuelas, tías, primos, mi barrio, mi cultura.

¿Cómo y porqué volví a sentir las emociones que sentí de niña cuando me alejaron de mi familia? Porque el niño Augusto, es un símbolo que nos ha logrado convocar, sin importar la generación, o la historia personal de cada uno de nosotros. Este niño me dice la verdad, y a ustedes también.

Tal como los niños de los cuentos de Oscar Wilde, Augusto trae la dulzura, la belleza y la inocencia que alguna vez acompañó a toda una generación en Chile. Augusto es la encarnación del cuerpo de Cristo que fue robado desde su cruz. El pintó los cuadros más hermosos, poéticos y sobre todo, esperanzadores de nuestras vidas. Este niño era nuestro gran tesoro. No digo “promesa” porque él llegó perfecto a este mundo.

Pero lo perdimos. Este niño es llevado en un tren, el mismo tren que cargaba ganado y judíos a los campos de concentración en la Alemania Nazi. El mismo tren que hacía temblar las botellas, y que interrumpía de vez en cuando las conversaciones y las actividades cotidianas. Como una amenaza latente, a punto de estallar, permanente y casi silenciosa. Nuestro pequeño e inocente Cristo fue nuevamente crucificado tras el golpe militar del año 1973.

Una madre humilde pero con ideas claras, como nuestra Violeta, espíritu y alma de nuestro país. Una madre que intuía, y decidió apoyar el tesoro de nuestro niño inocente abandonado por su padre. Nuestra alma, nuestra madre, que es capaz de transformar la noche en día, y el día en noche para cuidar el tesoro de nuestra inocencia. Nuestra alma chilena, que se reprime, controla, adapta y que se expresa constantemente entre vaivenes revolucionarios y conservadores, tal como Gramsci describía la cultura popular.

Un hombre que hace lo posible para ser como el niño inocente y perfecto, pero cuya racionalidad lo nubla y confunde a ratos. Un hombre que piensa, y piensa bien, pero que recibe la patada de la bota militar cuando adviene el golpe, tal como se desmoronó la racionalidad de la UP tras el golpe. De una sola patada. Confiamos demasiado en la racionalidad política, pragmática. Quizás sea esta la razón por la cual, este hombre no se casa con el alma chilena, la madre. Pero es justamente este hombre quien reconoce el tesoro, y que está decidido a llevarlo a su máxima expresión pública: La exhibición del tesoro para todo el país. Nemesio Antúnez es otro Salvador, otro Salvador Allende, quien quiere recibir nuestro tesoro con los brazos bien abiertos.

De nada sirvió. Nos quedamos llorando y lamentándonos en el andén, maldiciendo las casualidades de la vida. Quizás, seguimos esperando en ese lugar. Nos quedamos con la mirada fija en los cadáveres, en las fotografías de los que desaparecieron, nos quedamos mirando fosas profundas nos quedamos cantando las mismas canciones, una y otra vez. Nos quedamos lamentando una infancia que nunca fue. La pena es parte de nuestra vida ahora.

Pero esta película tiene un final esperanzador. De una u otra forma, recordé los relatos de Ingmar Bergman. El cineasta sueco nos trae relatos cargados de dramas humanos, pero siempre, y en cada una de sus películas, he podido descubrir un mensaje de esperanza, entregando así un valor casi terapéutico para los expectadores. El cuerpo de nuestro pequeño Cristo ya no está, pero ha dejado su inocencia enredada entre algunos colores de nuestra propia naturaleza exuberante. En algún lugar, entre trastos, está nuestro pequeño tesoro, nuestro tesoro, nuestro propio Principito chileno. Nuestro símbolo.

Pablo Perelman y Adolfo Cavour nos invitan a reinventar nuestra experiencia histórica, y nos dice que hay esperanza. Esta es una película política, que llama a la praxis. Falta entonces que salgamos a buscar tesoros, entre tanto objeto vano, perdido, inútil  Por favor, búsquenlo, y tráiganlo. Volvamos a ver al niño que todo inició. Que sus colores nos recuerden cómo éramos. Por favor, déjenme abrazarlo. Necesitamos sanarnos.

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Un pensamiento en “DE CÓMO PERDIMOS NUESTROS TESOROS

  1. ghislaine reyes dice:

    Llegamos anoche a casa despues del estreno de la pelicula y compartiendo en la mesa conversamos sobre lo vivido…
    es imposible que alguien se haya ido de ese salón sin reconocer parte de su historia.En lo personal ví la niña que fui,la inocencia asesinada,mis sueños rotos,y vi también la inocencia de tantos y tantos que esperaron en el anden llamados por un bando militar ,prometiendoles que se presentaran al llamado y nunca jamas los volvimos a ver.
    Han pasado 12 horas y la sensacion aun sigue en mi…ha de ser talvez que esta abrió ese baul que guardamos bien adentro de nosotros pero que aun engendra dolor,el paso de los años no ha logrado sanar,solo ha permitido guardar y agigantar el dolor.Vi ademas en la madre a.mis padres,convirtiendo la noche en dia para que no vieramos ni vivieramos la crudeza en la que estabamos coexistiendo con nuestros hermanos… vi mi vida…vi mi niñez arrancada,y vi como tu el exilio en ese tren ,mi auto exilio,ese que se vive aqui eentro de este mismo Chile,el que aun pisando este territorio te sientes exiliada porque no tienes derecho a nada,te.convierten en NADA.
    Claramente el dolor que aun siento en mi interior precisa buscar nuevos tesoros como bien expones Leonor,el tema es que debemos aprender a crearlos para que el dolor que senyimos pueda ser.trabajado desde la sanación.
    Agradezco este tesoro y me hubies encantado haber visto ese salon lleno y con mas aporte en los comentarios….
    un abrazo querida Leonor

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